Dos funcionarios resultaron heridos y el sindicato TAMPM denuncia la falta de medios médicos y la «vulnerabilidad» de la plantilla
Regala esta noticia Añádenos en Google (Ñito Salas / Archivo) 19/06/2026 a las 09:07h.El centro penitenciario de Málaga II, ubicado en la localidad de Archidona, vivió este jueves momentos de gran tensión. Un interno «altamente conflictivo», que según ... fuentes sindicales llevaba meses «poniendo en jaque al sistema penitenciario», protagonizó un grave altercado en el módulo de aislamiento que requirió la intervención de urgencia de los funcionarios y, finalmente, de la Guardia Civil. El balance se ha saldado con dos trabajadores lesionados de diversa consideración tras haber recibido un mordisco y patadas.
La crisis comenzó a fraguarse la noche del pasado miércoles durante el turno de reparto de las cenas. Aprovechando el momento en que se abren los accesos automatizados, el reo sacó los brazos a través de la reja —el sistema de doble seguridad conocido como 'cangrejo'—, negándose en rotundo a introducirlos. Con esta maniobra, el preso habría impedido deliberadamente el cierre mecánico de las puertas de la celda.
La situación se vio agravada, según denuncian desde el colectivo sindical, por la ausencia de personal médico en ese momento en la infraestructura, lo que imposibilitaba aplicar una sedación o un protocolo de aislamiento médico inmediato. El pulso se prolongó hasta altas horas de la madrugada, cuando el interno finalmente depuso su actitud por cansancio.
Sin embargo, la tregua no duró mucho. A las ocho de la mañana del jueves, coincidiendo con el recuento diario de la población reclusa, el interno reanudó las amenazas explícitas hacia los trabajadores, advirtiendo de que volvería a «liarla». El detonante definitivo se produjo durante el desayuno, tras recibir los utensilios de limpieza reglamentarios. El recluso se negó a devolver los palos, se atrincheró y comenzó a destrozar el mobiliario de la celda, llegando incluso a intentar prender fuego a su colchón, según las fuentes. Acto seguido, repitió la maniobra de sacar las manos por el 'cangrejo' para bloquear la estancia.
Ante el riesgo inminente para la seguridad de la galería y la integridad del propio recluso, los funcionarios se equiparon con los trajes de protección y los escudos reglamentarios para proceder a la entrada de fuerza. No obstante, el interno presuntamente salió al pasillo de la galería embistiendo con violencia al contingente de trabajadores.
Tras una compleja intervención, los efectivos lograron reducirlo, esposarlo y conducirlo a una celda videovigilada para aplicarle un aislamiento provisional. Pese a las medidas de sujeción, la agresividad del preso no remitió. El reo continuó fracturando elementos de la nueva celda y profiriendo amenazas de muerte de gravedad extrema, dirigidas especialmente hacia uno de los funcionarios en particular: «Te tengo que matar», repetía de forma constante.
En un posterior intento por calmar la situación, y cuando los funcionarios se disponían a retirarle los grilletes al observar que se había tranquilizado, el interno volvió a revolverse con extrema violencia. En el forcejeo, propinó un mordisco a uno de los trabajadores y una patada a un segundo.
La alteración del orden de carácter grave se prolongó de forma ininterrumpida hasta pasadas las 13.00 horas de la tarde, momento en el que, ante la insostenibilidad de la situación, se requirió el auxilio de la Guardia Civil.
Tampoco la salida de Archidona fue pacífica, siempre según las fuentes: el interno opuso una fuerte resistencia en el trayecto hacia el patio de carga, intentando agredir a cabezazos a los funcionarios que lo escoltaban y negándose con violencia a subir al furgón policial.
Desde el sindicato TAMPM han vuelto a alzar la voz tras este episodio para denunciar la «vulnerabilidad» a la que, a su juicio, se exponen diariamente en las prisiones. Las mismas fuentes critican con dureza que la administración penitenciaria «no otorgue ni una sola concesión ni herramientas jurídicas o materiales eficaces» para tratar con perfiles de reos tan conflictivos, obligando a los trabajadores a «arriesgar su integridad física e incluso la vida» para mantener el orden público dentro de la cárcel.
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