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Política

Auge y declive del partido de Yolanda Díaz para dominar a toda la izquierda

Auge y declive del partido de Yolanda Díaz para dominar a toda la izquierda
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Movimiento Sumar encara su tercer congreso desgarrado por luchas de poder Leer

Es insólito. Un partido de izquierdas creado desde el propio corazón del poder. Fundado en los despachos de un ministerio. De ahí surge Movimiento Sumar, ese pretendido Podemos amable impulsado por Yolanda Díaz que protagonizó la machada de cambiar el ánimo del espacio progresista en 2023 y de ser decisivo en las elecciones para que el PSOE pudiera revalidar el Gobierno de Pedro Sánchez. Desde ese partido y su liderazgo, Díaz levantó una coalición llamada Sumar que unió a casi toda la izquierda fragmentada, incluido Podemos. Fue un éxito en las urnas, pero la construcción y gestión de esa alianza fue tal «desastre», en palabras de un dirigente, que hoy se pagan las consecuencias de los errores que se cometieron entonces y durante un año.

Hay algunas muy visibles. Podemos se fue y el espacio se rompió en dos partes que ahora rivalizan y dividen. Otra consecuencia: la intención de voto de Sumar se ha ido a pique y el hiperliderazgo de Yolanda Díaz se ha disuelto en tres años hasta provocar su anticipado adiós a la política.

Mucho de ambas situaciones se explican a través de Movimiento Sumar. Un partido que en realidad es desconocido para la ciudadanía porque lo cofunde con Sumar y piensa que es lo mismo. Pero no. Lo primero es una parte y lo segundo, el todo, donde éste convive con otras fuerzas como IU, Más Madrid o Comunes.

Cuando Díaz concibió Movimiento Sumar lo hizo como la herramienta con la que gobernaría y gestionaría la coalición. Ella y su equipo asumían el control, se repartían los cargos relevantes y tomaban las decisiones. La vicepresidenta tenía un aura y una legitimidad política del tal calibre, que nadie podía decirle que no -se vio en Magariños-. Daba igual que tuviera un partido sin militancia, ni cuadros ni implantación territorial, porque tenía la autoridad moral para pilotar a su antojo el rumbo del socio minoritario del Gobierno.

Díaz abraza a Lara Hernández y Carlos Martín, tras ser elegidos coordinadores de Movimiento Sumar, en su segundo congreso en 2025.Á. NAVARRETE

Esa manera de conducir la alianza, por resumirlo, fue la excusa de Podemos para romper. Pero los demás socios no estaban contentos. Tan empoderada se veía Díaz que decidió convertir Movimiento Sumar en un nuevo Podemos, en el sentido de hacer un super partido para toda España que fuera el paraguas donde todos los participantes de Sumar se cobijaran y se sometieran a su mando.

Este proyecto se quiso implantar en el primer congreso que celebró Movimiento Sumar el 23 de marzo de 2024 en Madrid. Pero fracasó. Los socios territoriales de Díaz dieron un portazo a sus planes (Compromís o Chunta se negaron a entrar) o levantaron unas resistencias tan feroces a que Díaz les creara un partido nuevo en sus comunidades de influencia (Más Madrid e IU) que la todopoderosa líder se vio obligada a claudicar en su objetivo. Ese congreso sirvió para fundarse y dotarse de órganos que le dieran vida propia pero se aplazó el conflicto del encaje territorial de Movimiento Sumar en una segunda «asamblea constituyente» en otoño.

Eso nunca llegó a suceder. Los resultados electorales comenzaron a golpear a Díaz: cero escaños en Galicia, uno en Euskadi y un resultado muy malo en las europeas. Ahogada por las críticas internas y con un fuerte desgaste de su inmaculada imagen, se ve forzada a dimitir como coordinadora de Movimiento Sumar menos de tres meses después de ser elegida en aquel primer congreso.

La alianza Sumar echaba humo por dentro. Los socios se habían cansado de obedecer y acatar a un partido que estaba fracasando en las urnas y que había demostrados que había perdido su fuerza. IU elegía por su parte a Antonio Maíllo como líder y éste adoptaba una actitud mucho más crítica y exigente. Se convertiría en el azote de Díaz y en una pieza clave en lo que vendría a continuación.

Los socios decretan el final de alianza Sumar tal y como se había manejado hasta ahora e imponen a Díaz una relación entre iguales en la que Movimiento Sumar fuera un partido más de la coalición, y no el jefe que dicta y ordena a los demás. Se tarda meses pero poco a poco se va desmontando una manera de gobernar que propiciaría una toma de decisiones mucho más compartida y un mayor reparto del protagonismo.

Este nuevo tiempo desemboca en el segundo congreso de Movimiento Sumar celebrado el 29 de marzo de 2025 en Rivas (Madrid). El partido de Díaz debe reinventarse por segunda vez. Ahora desde un rol más humilde para ser uno más. Lara Hernández y Carlos Martín son elegidos coordinadores y Díaz sigue en la dirección como «invitada permanente».

Sin esa reconversión en «uno más del puzle» de Sumar es posible que la nueva alianza que ahora se construye para las generales, y que cambiará de nombre, no hubiera sido posible. Ha sido tanta la tensión que las fuentes consultadas recalcan que anunciar que Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y Comunes irán juntos es un hito porque hace un año y pico esa coalición no estaba nada clara.

Ahora toca la tercera reinvención de Movimiento Sumar. Este 11 de julio tiene su tercer congreso en tres años para preparar su futuro sin Díaz y desde una posición menguante respecto a los demás aliados. Y se ha desatado una batalla interna entre facciones por el control que emite síntomas de descomposición. Hernández, la coordinadora, ha sido descabalgada por sus críticos bajo la sombra de una guerra sucia por unas denuncias por acoso que luego se retiraron. Además, hay una desbandada de dirigentes que alcanza más del 50% de la dirección que salió elegida hace 15 meses. La nueva etapa la liderarán Verónica Barbero y Rosa Martínez, con Ernest Urtasun como superviviente de las tres mutaciones.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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