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Autorizan la eutanasia a una malagueña de 25 años que padece una enfermedad neurodegenerativa

Autorizan la eutanasia a una malagueña de 25 años que padece una enfermedad neurodegenerativa
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Alida Azabal, vecina de Rincón de la Victoria, quiere cumplir sueños como bañarse con leones marinos y visitar el Oceanogràfic de Valencia junto a su madre antes de morir

Sur Rincón

Autorizan la eutanasia a una malagueña de 25 años que padece una enfermedad neurodegenerativa

Alida Azabal, vecina de Rincón de la Victoria, quiere cumplir sueños como bañarse con leones marinos y visitar el Oceanogràfic de Valencia junto a su madre antes de morir

Regala esta noticia Añádenos en Google Virginia Martín y su hija, Alida Azabal, tras salir de la consulta en el Hospital Civil de Málaga, este lunes. (E. CABEZAS)

Eugenio Cabezas

07/07/2026 Actualizado a las 08:27h.

Hay sueños que caben en una libreta o en el bloc de notas del móvil, pero también hay vidas en las que cada deseo pesa ... como una victoria. Alida Azabal Martín, una joven malagueña de 25 años y vecina de Rincón de la Victoria, que padece dos enfermedades neuroderegenerativas que no tienen cura, quiere aferrarse a esos sueños antes de despedirse de la vida, y su madre, Virginia Martín, de 49 años, la acompaña en ese camino con una mezcla de amor, dolor y esperanza.

«Alida tiene 25 años, tiene la eutanasia concedida, la tiene aprobada, pero actualmente la tiene aplazada porque quiere cumplir algunos sueños», explica Virginia, que se ha convertido en la voz de su hija porque a Alida le cuesta muchísimo vocalizar y se pone muy nerviosa. La madre cuenta la historia con una serenidad que impresiona, pero con una emoción que se escapa en cada frase.

Virginia Martín explica que Alida tiene la eutanasia concedida pero aplazada, porque quiere cumplir antes al menos dos sueños de su lista

Este martes, madre e hija han puesto rumbo a Alicante para intentar hacer realidad el primero de esos sueños. En los últimos días han lanzado una colecta por redes sociales para sufragar alojamiento, manutención y gasolina, y aunque ya han reunido unos 400 euros, todavía necesitan otros 700 para cerrar el viaje y poder seguir adelante con el plan.

La ayuda está llegando poco a poco, a través de Bizum, PayPal y transferencias, pero la familia sigue buscando apoyos para completar la recaudación. El alojamiento más económico que han encontrado es un camping con 'bungalow', una opción modesta que les permite mantener el viaje en pie y seguir soñando unos días más.

«Ya no puedo más»

Todo empezó a tomar forma el verano pasado, cuando Alida, agotada por el dolor, llegó a decir «ya no puedo más». A partir de una de las visitas rutinarias de médicos y enfermeros a su casa para aliviarle el sufrimiento, surgió la posibilidad de solicitar la eutanasia conforme a la legislación vigente en España. Desde entonces, la familia vive en una especie de espera suspendida entre el alivio y la incertidumbre.

Pero la historia de Alida no se reduce a una decisión administrativa ni a un diagnóstico clínico. Su madre la define con una frase que se repite como un lema familiar: «Es una luchadora, pero se ha cansado de luchar». Y es que detrás de la joven hay años de enfermedad, de cuidados constantes y de un esfuerzo casi sobrehumano por mantenerse con vida. Ambas, madre e hija, se desplazan cada una en una silla de ruedas motorizada y adaptada, que mueven con una mano.

este periódico ya contó en 2015 la lucha de su madre para conseguir un coche adaptado, y entonces los médicos les decían que la joven apenas alcanzaría los 20 años. Ha superado aquel pronóstico y hoy, con 25, sigue aferrándose a la posibilidad de cumplir al menos un puñado de deseos antes de decidir el final acogiéndose a la eutanasia.

La lista que ha ido escribiendo su madre desde que era pequeña es, en realidad, un mapa de vida. Entre los anhelos de Alida están conocer a artistas como Mario Casas, ver a los gemelos de 'La casa de los gemelos' o visitar lugares y personas que para ella forman parte de un universo de ilusión. Pero ahora mismo su prioridad es otra: Río Safari en Alicante, donde quiere bañarse con los leones marinos y, más adelante, Valencia.

La familia se aferra al viaje, a la colecta y a la esperanza de que Alida pueda seguir sumando sueños, aunque sea poco a poco, antes de despedirse

Virginia lo resume con una mezcla de resignación y ternura: quiere que su hija pueda cumplir lo que más ilusión le hace antes de tomar cualquier decisión definitiva. Y mientras llega ese momento, la familia se aferra al viaje, a la colecta y a la esperanza de que Alida pueda seguir sumando sueños, aunque sea poco a poco, antes de despedirse. «Estuvo encamada un año y después de curarle todas las úlceras que le salieron, que eran muy graves y dolorosas, pudo incluso dar unos pasitos», confiesa la progenitora.

Alida ha convertido su lista de deseos en una forma de resistir. Cada plan anotado por su madre desde que era pequeña es también una manera de seguir sintiéndose viva, de agarrarse a pequeñas ilusiones que para otros serían cotidianas y que en su caso tienen un valor enorme. Viajar, conocer lugares nuevos o compartir un día distinto junto a su familia se han convertido en objetivos sencillos en apariencia, pero muy poderosos para alguien que vive en una lucha continua contra el dolor, postrada en una silla de ruedas desde que tiene uso de razón.

Pronóstico

La familia, además, lleva años acostumbrada a pelear contra los pronósticos. Cuando Alida era adolescente, este periódico ya recogió la lucha de su madre para conseguir un coche adaptado, y entonces los médicos les advirtieron de que la joven difícilmente alcanzaría los 20 años. Hoy tiene 25 y, pese a la dureza de la enfermedad, sigue buscando motivos para seguir, aunque solo sea para cruzar una nueva experiencia de la lista que Virginia ha ido construyendo a su lado.

Virginia reconoce que esta situación con la eutanasia concedida a su hija «le ha cambiado la vida por completo». «Es lo peor que te puede pasar, el perder a un hijo, aunque digas que estás preparada, nunca lo vas a estar», afirma. «Es el mayor dolor que voy a sufrir, pero a la vez el mayor acto de amor por ella», añade. Dice que lo único que quiere es acompañar a su hija «en todo lo que pueda y ayudarla a vivir estos últimos días con la mayor dignidad y la mayor calma posible».

Virginia Martín y su hija Alida Azabal, en una visita reciente a Selwo Marina en Benalmádena. (SUR)

«Pero me vengo abajo muchas veces, cierro los ojos y veo su entierro y eso es muy duro. No veo el día que pase, pero va a pasar, ellq no puede vivir con el dolor que tiene, pero aceptarlo no se va a aceptar», confiesa. Entre la enfermedad, la dependencia y el dolor, madre e hija se aferran ahora a la esperanza de que ese viaje a Alicante sea solo el primero de varios sueños cumplidos. «Tengo la esperanza de que cuando cumpla esos sueños, quiera seguir cumpliendo más y siga aplazando la eutanasia, y estar un poco más de tiempo con nosotros, no pierdo esa esperanza», añade la madre de Alida.

Virginia quiere es acompañar a su hija «en todo lo que pueda y ayudarla a vivir estos días con la mayor dignidad y la mayor calma posible»

La historia de Alida tampoco se entiende sin el entorno cotidiano en el que intenta resistir. Entre tratamientos, cuidados paliativos, largas estancias hospitalarias y visitas médicas, también hay gestos pequeños que le devuelven algo de normalidad, como poder comprarse un jamón y un pan que le encantan después de pasar por el Hospital Civil. Son escenas mínimas, pero en su caso valen casi tanto como una celebración.

Hoy, el viaje a Elche tiene algo de ritual y de despedida a la vez. La joven malagueña quiere vivir esa experiencia con leones marinos, mirar el mar y sentir que todavía puede elegir algo por sí misma, aunque sea dentro de una cuenta atrás marcada por la enfermedad. La familia, mientras tanto, sigue buscando apoyo para que el sueño no se quede a medias y para que el camino de Alida, al menos durante un poco más, siga estando lleno de pequeños deseos por cumplir.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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