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Bótox en la pausa del almuerzo: los profesionales recurren a los retoques estéticos para triunfar

Bótox en la pausa del almuerzo: los profesionales recurren a los retoques estéticos para triunfar
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La presión por parecer joven y la normalización de los procedimientos estéticos impulsan una industria en auge. Leer
Financial TimesBótox en la pausa del almuerzo: los profesionales recurren a los retoques estéticos para triunfar
  • EMMA JACOBS
Actualizado 4 JUN. 2026 - 12:10Simulación con una modelo de la aplicación de inyecciones de toxina botulínica.EFEEFE

La presión por parecer joven y la normalización de los procedimientos estéticos impulsan una industria en auge.

Desde que Joëlle Rotsaert abrió su segunda clínica de estética en Shoreditch, Londres, hace 18 meses, la demanda se ha disparado. Entre sus clientes se encuentran muchos profesionales de empresas de servicios financieros vecinas, que acuden a ponerse bótox a la hora de comer. "Es como un pequeño capricho", explica.

En la zona que rodea la City de Londres, Rotsaert afirma que cada vez abren más clínicas para satisfacer la creciente demanda de tratamientos no invasivos como el Botox o los rellenos.

El cambio en las expectativas sobre la apariencia en el entorno laboral y la normalización de los procedimientos cosméticos están impulsando un boom en este sector de los retoques estéticos. Todo esto coincide mientras los profesionales con altos ingresos se enfrentan a un mercado laboral competitivo, al escrutinio constante en las videollamadas y a la flacidez facial en el caso de los profesionales que se someten a los fármacos para adelgazar rápidamente.

Matt Gillson, ejecutivo del grupo de servicios inmobiliarios CBRE, afirma que el sector del bienestar —que incluye gimnasios, servicios de diagnóstico y clínicas de estética— es ahora "el principal motor de la demanda de alquileres" en las calles principales. En su opinión, Londres es una ciudad clave debido a la alta concentración de consumidores adinerados y preocupados por su salud".

Añade que "las clínicas de estética son una de las categorías de mayor crecimiento dentro del sector y buscan activamente ubicaciones en las calles comerciales", ya que la visibilidad, la proximidad y la comodidad marcan la diferencia a la hora de atraer clientes, al igual que ocurre con los gimnasios y las cafeterías.

En la sala de tratamientos de Vienna Aesthetics en Clerkenwell, Jessica, que prefiere mantenerse en el anonimato, comenta que habla abiertamente con sus compañeros sobre sus tratamientos. "Es algo que cada vez más gente se anima a hacer... Si es algo que te hace sentir mejor contigo misma y refuerza tu confianza, no hay nada de malo en ello, aunque sin pasarse", explica.

Esta ejecutiva, responsable de Recursos Humanos, afirma que busca un acabado más natural en sus tratamientos de bótox. "No hace falta parecer artificial. En mi entorno laboral, aunque ser atractiva y joven puede ser una ventaja, también puede dejar de serlo si la gente te toma menos en serio", asegura. Lucy McCarthy, la fundadora del centro que supervisa su tratamiento, advierte que un exceso de relleno puede provocar una estética genérica propia de las influencers, algo que, según ella, es popular entre algunas mujeres jóvenes que quieren "parecerse a las demás".

El deseo de encajar también es habitual entre los ejecutivos de mediana edad en el sector jurídico y financiero, según un reclutador, que atribuye la presión por mejorar la apariencia a "la situación actual del mercado laboral". "Las empresas buscan talento y marcas personales. Dado que ahora tenemos entornos laborales multigeneracionales, invertir y cuidar la estética personal es, lamentablemente, demasiado importante", añade.

David Jack, propietario de una clínica en el distrito financiero de Londres, afirma que sus clientes desean que su apariencia refleje su capacidad y energía, especialmente durante transiciones profesionales o al acceder a puestos de responsabilidad.

La presidenta del Colegio Británico de Medicina Estética (BCAM), Sophie Shotter, añade que estas preocupaciones son comunes entre los profesionales que trabajan de cara al público, en puestos de liderazgo o en sectores altamente competitivos, quienes temen sentirse infravalorados en entornos donde la juventud suele asociarse con la innovación, la productividad y la facilidad para adaptarse.

La demanda de tratamientos no invasivos ha cambiado. La popularidad de los rellenos ha disminuido ligeramente, mientras que la de los relajantes musculares como el bótox —incluido el llamado "bótox preventivo" para clientes jóvenes— se ha mantenido estable. También se observa un creciente interés en los tratamientos inyectables para mejorar la hidratación y el volumen, que ahora ofrece un 20% de las clínicas, según el BCAM.

En su división de estética, la empresa de biotecnología AbbVie registró un aumento de ingresos del 8% el trimestre pasado, con un incremento del 20% en las ventas de bótox. Los procedimientos quirúrgicos también se han vuelto más comunes: en Reino Unido, el número de personas que se sometieron a un lifting facial aumentó un 11% durante el último año.

Flemming Ørnskov, CEO del grupo suizo de cosmética Galderma, declaró a Financial Times que el gasto de los clientes habituales de tratamientos no invasivos era más resistente que el de otros consumidores. "No dejan de inyectarse porque suba el precio de la gasolina", explicó.

La imagen profesional es un factor crucial para estos consumidores que se plantean someterse a tratamientos estéticos. En Nueva York, el cirujano plástico Gerald Imber escucha con frecuencia a sus pacientes quejarse de sentirse mayores en comparación con sus compañeros más jóvenes. "Se hace muy evidente cuando estás en una reunión y pareces el padre o la madre de alguien".

Según el Centro para un Envejecimiento Mejor, una de cada diez personas mayores de 45 años se plantearía la cirugía plástica para conseguir un trabajo o un ascenso, y una de cada cinco, el bótox o los rellenos. Harriet Bailiss, codirectora de la campaña "Edad Sin Límites" del centro, cree que esto "no es de extrañar. A los 45 años todavía se está 22 años por debajo de la edad de jubilación. Y, sin embargo, a partir de ese momento, la gente siente la presión de parecer más joven en el trabajo, ya que parecer mayor se percibe como una desventaja".

Una ejecutiva, que lleva más de un año buscando un nuevo puesto, afirma que "La discriminación contra las mujeres mayores de 50 años es una realidad. El edadismo se manifiesta tanto en la contratación como contra los que suelen tener menos oportunidades de desarrollo y formación. "Existe la percepción generalizada de que, al envejecer, nos estancamos. Muchos lo perciben en sus interacciones cotidianas", añade Bailiss.

Según un socio de un bufete de abogados, "la presión es enorme y es muy habitual ver personas que parecen envejecer muy bien y luego descubrir que en realidad se han sometido a muchos retoques estéticos muy sutiles", comenta. Pero, por otra parte, los clientes valoran el consejo de alguien con "experiencia, demostrada a través del envejecimiento visible".

La creciente popularidad de los tratamientos, tanto no invasivos como quirúrgicos, está llevando a su normalización. Aunque los hombres, alrededor del 35% de su clientela, "aún no hablan del tema", Imber afirma que sus clientas ahora son más abiertas respecto a sus cirugías. "Se las recomiendan a sus amigas. Ha cambiado drásticamente. Ya no es nada excepcional. En un mundo de Ozempic y entrenadores personales, esto es solo la guinda del pastel".

Esto conlleva el peligro del contagio social, afirma Lucy Standing, psicóloga empresarial y coautora de Age Against the Machine. "La gente mira a su alrededor, ve a sus compañeros con un aspecto más joven y siente la diferencia. En un contexto profesional, donde aparentar vitalidad se confunde con ser competente, resistir esa presión será cada vez más difícil", añade.

Se ha observado un "aumento muy claro" de personas relativamente jóvenes, algunas de casi cuarenta años, que se plantean someterse a un lifting facial. Las redes sociales están contribuyendo a una mayor concienciación sobre la cirugía, explica, y algunos clientes buscan un enfoque preventivo o resultados más duraderos.

Sin embargo, una preocupación para las personas que se plantean la cirugía es el tiempo de baja laboral. Se recomienda a los pacientes de lifting facial calcular entre dos y cuatro semanas de baja, dependiendo de la magnitud de la cirugía y la posibilidad de teletrabajar. "No todo el mundo tiene la confianza para contárselo a todo el mundo", afirma el cirujano plástico Marc Pacifico, que recomienda a sus pacientes que se tomen un año sabático o al menos un tiempo en casa "sin cámaras".

Sin embargo, el compromiso que requieren los procedimientos más invasivos supone un impulso para el sector de la industria especializado en retoques que pueden realizarse durante a la hora de comer, según Jonathan Betteridge, médico estético.

"Una de las principales razones por las que los tratamientos no quirúrgicos se han vuelto tan populares es que se adaptan mucho mejor a la ajetreada vida laboral", concluye.

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Fuente original: Leer en Expansión
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