El exministro José Luis Ábalos relata su dura rutina en prisión, marcada por la falta de libertad y el apoyo sorprendente de otros internos
Ábalos se abre en canal desde Soto del Real: "Echo de menos el roce con mis seres queridos"- JORGE MORAGÓN
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La vida de José Luis Ábalos dio un giro radical tras su ingreso en el centro penitenciario de Soto del Real. Alejado de los focos de la alta política y de los pasillos de las instituciones que una vez lideró, quien fuera hombre fuerte del Gobierno se adapta ahora a una realidad condicionada por muros, horarios estrictos y una convivencia forzada que, según sus propias palabras, le está resultando reveladora en el plano humano.
"Hay unas pautas rutinarias que afectan a horas de permanencia en la cárcel y fuera de ellas a comidas, a suministro de medicación, lavandería, las llamadas telefónicas limitadas, caminar en el patio… pero sobre todo mucha convivencia con el resto de los presos y mucha lectura voraz", explica el exministro a 'Voz Pópuli' sobre su nueva cotidianidad, subrayando que el tiempo libre lo consume refugiándose en los libros.
Sobre la privación de libertad, Ábalos confiesa que lo que más le duele es la distancia con su entorno cercano: "Echo de menos el contacto, el roce con mis seres queridos, los pequeños detalles de la cotidianidad, de lo que aburre incluso. Mis objetivos, saber de mis mascotas, mi casa… Todo lo que es la vida, en definitiva. Pero, sobre todo, no poder intervenir respecto de los conflictos en el exterior que afectan a las personas a las que quiero".
El contraste entre la cárcel y la política
La adaptación al módulo no parece haber sido tan hostil como cabría esperar para una figura de su relevancia pública. Ábalos destaca la paradoja de sentirse más arropado entre rejas que en el entorno profesional donde desarrolló su carrera durante décadas, lanzando un dardo directo a sus antiguos compañeros de escaño.
"La libertad es todo para cualquiera. En mi caso, soy una persona a la que siempre le gustó viajar, y no necesariamente grandes viajes. Cualquier viaje me vale, aunque sea a un pueblo próximo. Pero este es solo un aspecto de la libertad", reflexiona sobre la movilidad que ha perdido y que antes era parte esencial de su carácter inquieto.
En cuanto al trato con los demás reclusos, asegura que la acogida ha sido excepcionalmente positiva: "Es magnífica. Tanto con los presos de mi módulo, como con los del resto cuando coincido al ir a las comunicaciones. Me animan, me trasladan afecto. Hasta me piden que constituya un partido político. (Ríe) También me escriben muchos presos desde otras prisiones dándome consejos y ánimo".
Finalmente, el exministro concluye con una frase lapidaria que resume su actual estado de ánimo frente a la clase política: "También gente que está fuera. Curiosamente he recibido más cariño y empatía dentro de Soto del Real que en el el Congreso de los Diputados".
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