En su escenario central, la institución prevé un crecimiento del 2,3% en 2026, una décima más de lo que estimaba en diciembre, pero advierte de que la "elevada imprevisibilidad" del escenario geopolítico "introduce riesgos sustanciales" en torno a este planteamiento base "y podría dar lugar a escenarios más adversos". Un horizonte en el que sobresale el fuerte repunte de la inflación, que en el escenario más severo podría auparse al 5,9%.
La economía vive de sobresalto en sobresalto. Cuando no se han superado los efectos de una crisis, sobreviene la siguiente, cubriendo de incertidumbre el horizonte y convirtiendo la labor de anticipar el futuro rumbo de la economía si no en misión imposible, sí en una tarea harto compleja.
El Banco de España ha presentado este viernes sus nuevas proyecciones macroeconómicas y aunque maneja un escenario central en el que el PIB español crecerá a tasas del 2,3% en 2026, lo que supone una mejora de una décima sobre la estimación de diciembre (hubieran sido dos, al 24%, si no hubiera estallado la guerra en Irán), la institución que gobierna José Luis Escrivá, advierte de que lo que se atisba de cara a los próximos trimestres es "una significativa desaceleración del ritmo de expansión de la actividad".
Un frenazo que será más o menos intenso dependiendo de la evolución del conflicto en Oriente Próximo y su impacto sobre el tablero internacional. De hecho, el supervisor plantea dos escenarios alternativos "plausibles", uno "adverso" y otro "severo", supeditados esencialmente a la futura evolución de los precios de las materias primas energéticas y de "los mercados exteriores en que se sustentan".
En el escenario "adverso", que parte de la premisa de un mayor incremento que el actual de los precios del petróleo y de la electricidad, aunque asumiendo que las disrupciones en los mercados energéticos son transitorias, el PIB español crecería un 2,2%, una décima menos que en el central, pero aun así una por encima de lo que prevén grandes organismos internacionales como el FMI o la OCDE y en línea con el objetivo que defiende el Gobierno.
En el escenario "severo", que contempla "un conflicto bélico más intenso y duradero", lo que agravaría y prolongaría las disrupciones en el sector energético, la economía española vería mermado su crecimiento hasta el 1,9%, cuatro décimas menos que en el planteamiento central y en línea con los pronósticos más pesimistas de algunas entidades, como la agencia de ráting S&P Global.
Para 2027, los pronósticos fluctúan entre el 1,1% de crecimiento en el escenario severo y el 1,7% en el central, pasando por el 1,5% en un escenario intermedio (severo).
Factores positivos y negativos
Incluso en el escenario central que contempla el Banco de España el panorama es menos halagüeño de lo que sugiere la previsión. De hecho, la entidad resalta que el fuerte repunte del PIB en último trimestre de 2025 (un 0,8%, frente al 0,6%-0,7% que preveía el supervisor) "conlleva de forma mecánica" un aumento de 0,2 puntos en la tasa de crecimiento de 2026. A ello se añaden las tres décimas que, según la institución, aportarían al crecimiento las rebajas fiscales adoptadas el 20 de marzo "para mitigar las consecuencias de la crisis en Oriente Próximo".
Por el lado negativo, el impacto de la guerra en los precios energéticos restaría 0,4 puntos al PIB en el conjunto del año. En otras palabras, sin el efecto arrastre estadístico positivo de la recta final de 2025, el crecimiento sería menor, en tanto que el dato de PIB del cuarto trimestre del año pasado supone, de forma automática, "un nivel de partida del producto más elevado para el actual ejercicio de proyecciones y una tasa de crecimiento del PIB más alta para 2026".
Por ello, el supervisor recalca que la "elevada imprevisibilidad" del escenario geopolítico "introduce riesgos sustanciales en torno al escenario central de estas proyecciones y podría dar lugar a escenarios más adversos que el considerado actualmente como más probable", señala el documento, en el que las palabras "incertidumbre" y "desaceleración" son dos de las más mencionadas. En este contexto, el Banco de España señala que, de acuerdo con los indicadores económicos más recientes, la tasa de crecimiento del PIB se moderará hasta el 0,5% y el 0,6% en el primer trimestre de este año; esto es, entre dos y tres décimas menos que en el último cuarto de 2025.
Fuerte repunte de la inflación
En este convulso contexto de gradual enfriamiento económico, las previsiones del Banco de España vienen acompañadas de una sustancial revisión al alza de las previsiones de inflación, que ahora sitúa en una tasa media del 3% en 2026 en su escenario central, 9 décimas más que en el informe de diciembre. Un encarecimiento de los precios que sería mucho mayor en el escenario adverso, en el que repuntarían hasta el 3,9%, y que se dispararían hasta el 5,9% en el contexto más severo, casi el doble que en la proyección base.
De momento, y según el dato avanzado este mismo viernes por el INE, el IPC ha acelerado en marzo hasta el 3,3%, nada menos que un punto porcentual más que en febrero, fruto de la sacudida alcista que la guerra en Oriente Próximo ha provocado en el precio de los carburantes, uno de los elementos más volátiles de la cesta de la compra. De hecho, la inflación subyacente, que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos frescos, se ha mantenido en el 2,7%... aunque puede ser solo cuestión de tiempo que la nueva crisis energética repercuta en ella. En este sentido, el Banco de España alerta de que en el escenario adverso el IPC subyacente subiría al 3% y en el severo hasta el 3,7%.
Consumo privado e inversión
En su planteamiento base y siempre que la guerra en Irán no se enquiste y sus consecuencias no se alarguen en el tiempo, el consumo privado y la inversión serán los motores de crecimiento del PIB este año, con alzas del 2,7% y el 5,5% respectivamente, acompañados de un consumo público que se mantendrá en tasas de crecimiento del 1,8%. Las exportaciones frenarán su avance, pero aun así aumentarán un 2,4%, un punto menos que en 2025, mientras que las importaciones también se ralentizarán, con un alza del 4,9%, frente al 6,3% del año pasado.
El mercado laboral seguirá mostrando resiliencia pero también se desacelerará, con un crecimiento previsto del 2,2%, cinco décimas menos que en 2025, mientras que la tasa de paro se situará ligeramente por debajo del doble dígito tanto este año como el que viene: en el 9,9% y el 9,6%, respectivamente.
La institución empeora ligeramente sus pronósticos de reducción del déficit por efecto del paquete de medidas anticrisis aprobado por el Gobierno el pasado 20 de marzo o la mayor revalorización de las pensiones que implicará la subida de la inflación, pero aun así el desfase se reducirá al 2,3% este año frente al 2,5% del año pasado, aunque la previsión de diciembre es que lo hubiera hecho hasta el 2,1%.
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