El lugar del crimen en la calle Balmes, donde este miércoles fue asesinado a tiros un hombre en pleno centro de Barcelona. Cedida
Reportajes Barcelona, 'ciudad sin ley' en pleno viaje del Papa con dos muertos a tiros en 48 horas: "Ya no es percepción, sino realidad"Fuentes policiales vinculan la escalada armada con ajustes narco; Guardia Urbana alerta sobre delincuentes más violentos, visibles e impunes.
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Guillermina LeudesdorfJulio César Ruiz Aguilar Publicada 11 junio 2026 01:22hEl disparo sonó a media mañana en una de las arterias más reconocibles de Barcelona. Eran cerca de las diez, la ciudad seguía blindada por la visita de León XIV y, a pocos metros de una oficina de la Policía Nacional donde se tramitan DNI y gestiones de Extranjería, un hombre cayó muerto en la calle Balmes.
El autor escapó. Las primeras informaciones de la investigación apuntan a que las cámaras habrían grabado al homicida, que vestía pantalones cortos y llevaba un casco de bicicleta en la mano.
Poco después, los agentes localizaron un arma en una parada de autobús de la plaza de Gal·la Placídia, en Gràcia. La pistola estaba cubierta por el casco.
La víctima iba indocumentada. Los Mossos d’Esquadra investigan el crimen y, según las primeras informaciones policiales, el tiroteo no estaría vinculado con la visita de León XIV ni habría alterado el dispositivo de seguridad desplegado por el Pontífice.
Encargar una muerte en España cuesta hoy 1.700 €: "Seremos el México europeo si no paramos el sicariato latino de bajo coste"Pero el crimen de Balmes no cayó sobre una ciudad en calma.
Dos días antes, el domingo por la noche, otro hombre fue asesinado a tiros en la calle Minería, en la Zona Franca. El hombre, identificado por fuentes consultadas como de origen serbio, recibió varios disparos en un patio interior. Actualmente se investiga si pertenecía a alguna banda criminal.
En esa misma vía, el 16 de mayo, otro hombre había sido ejecutado con arma de fuego.
En menos de 72 horas, Barcelona registró dos homicidios a tiros. En menos de un mes, la calle Minería apareció dos veces en la crónica negra de la ciudad.
La alarma no se limitó a las armas de fuego.
La tarde del martes 9 de junio la Guardia Urbana detuvo en la avenida del Paral·lel a un hombre que caminaba muy alterado con dos cuchillos de grandes dimensiones y que habría herido levemente a otra persona.
Los agentes lo localizaron frente a un bar, en actitud agresiva, amenazando a viandantes y policías, antes de reducirlo con apoyo de la Unidad de Refuerzo para Emergencias y Proximidad (UREP). El detenido fue imputado por atentado contra agentes de la autoridad y lesiones leves.
El cuerpo de la víctima, tendido en la calle Balmes tras el tiroteo ocurrido este miércoles en Barcelona. Cedida
La pregunta que sobrevuela ahora a mandos policiales, sindicatos y vecinos es si Barcelona atraviesa una sucesión de episodios puntuales o si está entrando en una fase distinta de violencia: más armada, más visible, más vinculada al narcotráfico y al ajuste de cuentas.
El título que se impone en las conversaciones es deliberadamente duro: "Barcelona, ciudad sin ley". La realidad, sin embargo, exige más matices. Los datos generales de criminalidad no permiten hablar de una ciudad completamente desbordada. Pero algunos indicadores sí muestran una tensión nueva en los delitos más graves.
La estadística oficial obliga a matizar la alarma. Según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior, la criminalidad total bajó un 3,6% en el municipio de Barcelona en 2025.
Sin embargo, algunos indicadores graves se movieron en sentido contrario: los homicidios dolosos y asesinatos en grado de tentativa aumentaron un 40%, de 45 a 63, y el tráfico de drogas creció un 23,6%, de 1.886 a 2.331 hechos conocidos.
Es ahí, en esa contradicción, donde se instala el debate: menos criminalidad total, pero más alarma por una violencia más grave.
No es percepción
Daniel Bernalte, secretario general de SIP-FEPOL en la Guardia Urbana de Barcelona y portavoz del sindicato, rechaza que el problema pueda reducirse hoy a una percepción ciudadana.
"Quizás hace cinco o seis años era percepción, pero ahora estamos hablando ya de hechos prácticamente semanales", sostiene.
Su diagnóstico es duro. "Ya deja de ser una cuestión de percepción, sino que es una realidad que está sufriendo la ciudad de Barcelona", afirma.
Bernalte habla desde la calle, desde el patrullaje y desde el malestar sindical. Dice que los agentes ven una delincuencia distinta, menos contenida y más expuesta.
"Los delitos son cada vez más violentos", asegura. "Los delincuentes no tienen miedo a ser vistos. Es una delincuencia diferente a la que teníamos hace 20 años".
La frase golpea porque dialoga directamente con la escena de Balmes: un hombre ejecutado de día, en una calle céntrica, frente a una oficina policial, en una zona con cámaras y transeúntes.
Para Bernalte, parte del problema está en la falta de adaptación institucional. "Estamos trabajando con leyes del siglo pasado", dice, en referencia a la normativa que regula a las policías locales.
Y añade una crítica directa: "Debemos adaptarnos a las circunstancias de hoy en día y no se está haciendo por parte del Ayuntamiento de Barcelona".
El portavoz sindical evita, aun así, una afirmación totalizante. No dice que la ciudad esté perdida. Al contrario, marca un límite. "No podemos decir que la ciudad esté fuera de control; eso no es cierto", advierte.
Pero enseguida completa el diagnóstico: "Es verdad que está aumentando muchísimo la violencia".
Esa tensión —no hay una ciudad fuera de control, pero sí una violencia más intensa— recorre las fuentes consultadas para este reportaje.
Sicariato barato
Una fuente vinculada a la investigación criminal de los Mossos d’Esquadra sitúa en diálogo con EL ESPAÑOL a algunos de los últimos episodios bajo una lógica de ajustes de cuentas.
Su lectura apunta a organizaciones criminales del Este, en concreto de Montenegro, y a un fenómeno que inquieta a los investigadores: el sicariato de bajo coste.
"Matar sale muy barato por los grupos que se dedican al sicariato de bajo coste", afirma esa fuente policial.
La expresión no busca medir la "profesionalidad" del crimen, sino describir una preocupación más amplia: que haya más personas dispuestas a ejecutar una muerte por poco dinero, con acceso a armas y sin reparar demasiado en cámaras, horarios o testigos.
Esa mezcla, advierten fuentes policiales, vuelve la violencia más imprevisible.
"Siempre hay alguien que mata por tres duros", añade la misma fuente.
El fenómeno no es ajeno a España. Este periódico ya documentó en diciembre de 2025, a partir de fuentes policiales de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO), el auge del sicariato de bajo coste: asesinatos por encargo ligados al narco, ejecutores jóvenes o de paso y cantidades muy inferiores a las tarifas clásicas.
En algunos casos, según esas fuentes, un encargo podía no superar los 2.000 euros.
Según esta lectura policial, el fenómeno no sería exclusivo de Cataluña. "No es algo propio de Cataluña. Es un fenómeno que pasa ahora en todo el territorio nacional", sostiene. La diferencia, dice, es que antes los espacios criminales estaban más delimitados. Ahora, no.
"Antes tenías las zonas mucho más delimitadas y ahora tienes a todos los grupos enfrentados", explica.
El trasfondo es el narcotráfico. "Cada vez tenemos más grupos dedicados al narcotráfico en Barcelona y cercanías disputándose un territorio que es finito y que hace 20 años estaba más o menos dividido, pero hoy están todos mezclados", señala la fuente.
La misma fuente habla de una violencia "mucho más" intensa que antes y también "más chapucera". La palabra no minimiza el riesgo. Al contrario: lo vuelve más difícil de anticipar.
"Son mucho más violentos ahora que antes, también más chapuceros, pero esa violencia no se veía antes porque antes tampoco tenían acceso a armas tan fácilmente", afirma.
La preocupación por las armas de fuego no se sostiene sólo en la sucesión de casos recientes.
Fuentes policiales consultadas por este periódico describen una mayor disponibilidad de armas en entornos criminales y una violencia más visible, ligada sobre todo a disputas del narcotráfico y a ajustes de cuentas.
Bernalte también vincula el deterioro con el tráfico de drogas y su producción. "Cuando se instaura el tráfico de drogas y la producción de drogas, siempre trae este tipo de delitos", sostiene.
En su diagnóstico, la marihuana no es un fenómeno menor: atrae organizaciones, disputas y violencia.
Clanes balcánicos
La pista balcánica no aparece de la nada.
Europol informó en octubre de 2024 de la detención en Barcelona de dos figuras clave del clan serbio de Vračar, al que definió como un subgrupo del Kavač. Según Europol, ese entorno está implicado en una disputa violenta con el clan rival Škaljari desde 2014.
La Policía Nacional también informó ese mes de la detención en Barcelona del lugarteniente del líder del clan de Vračar de Belgrado. El detenido estaba reclamado por Serbia por homicidio doloso y por Austria por secuestro y detención ilegal.
La nota policial situó esa captura en el marco de una guerra criminal originada en 2014 por un cargamento de cocaína en el puerto de Valencia, con "hasta 60 muertos".
La precisión importa: Kavač y Škaljari no son estrictamente clanes serbios, sino clanes balcánicos de origen montenegrino, nacidos en el entorno de Kotor. Vračar, en cambio, sí es un clan serbio, vinculado al entorno Kavač.
Por eso la formulación más segura no es "clanes serbios", sino "clanes balcánicos", "organizaciones criminales del Este" o "clanes montenegrinos con ramificaciones serbias".
Un ñeta mata a un trinitario en Vallecas en plena guerra civil de los 12 'coros' que luchan por el control y la "pureza dominicana"Ese contexto dialoga con lo que trasladan fuentes de Mossos consultadas para este reportaje. Una fuente vinculada a investigación criminal sitúa algunos episodios recientes bajo la lógica de "ajustes de cuentas de organizaciones criminales del Este" y concreta: "De Montenegro".
En el caso de Balmes, esa fuente apunta a una ejecución dirigida: "Lo tenían marcado".
La investigación, sin embargo, sigue abierta y Mossos no ha confirmado oficialmente esa hipótesis por la vía de comunicación. La misma fuente sostiene que la víctima podría haber salido de un consulado, extremo que no ha sido confirmado oficialmente.
La Guardia Urbana, en cambio, introduce un matiz importante sobre la presencia visible de estos grupos.
Preguntado por organizaciones balcánicas o del Este vinculadas al narcotráfico y a ajustes de cuentas, Bernalte distingue entre calle e investigación. "Si aparecen de forma puntual, no están en las calles", responde.
Bernalte, sin embargo, sí describe una ciudad con más mezcla de fenómenos criminales. "Del Este y bandas latinas, lo tenemos todo últimamente", afirma, aunque insiste en que los grupos balcánicos no aparecen como una presencia cotidiana de patrullaje.
La frase ayuda a delimitar el fenómeno. No se trataría de clanes balcánicos controlando barrios de forma visible, ni de una presencia cotidiana para el patrullaje urbano.
El cuadro que dibujan las fuentes apunta más bien a episodios puntuales de ajuste de cuentas, logística criminal o violencia importada vinculada al narcotráfico.
En ese mapa, las bandas latinas aparecen como una pieza distinta.
Un exmiembro de Latin Kings consultado para este reportaje separa los últimos crímenes a tiros de las bandas latinas clásicas. Su testimonio es una lectura de calle, no una fuente policial, pero sirve para diferenciar escalas criminales. "Cuando llegan a la luz del día, eso ya es narcotráfico. Eso no es una banda latina", sostiene.
El problema, para Bernalte, también es territorial. Habla de "zonas de confort de delincuencia" para referirse a barrios o puntos donde, según SIP-FEPOL, los delincuentes encuentran condiciones favorables para actuar.
Barcelona, explica, es una ciudad turística. Hay visitantes que llegan en crucero, pasan pocas horas en la ciudad y, si sufren un hurto o un robo violento, muchas veces no denuncian porque el trámite puede consumirles el tiempo que tienen antes de regresar al barco.
En esos espacios, dice Bernalte, los delincuentes saben moverse. "Los políticos tienen que reconocer, en este caso la alcaldía, que hay un problema de seguridad instalado en la ciudad", afirma.
La coordinación entre cuerpos es otro punto sensible. Bernalte asegura que existe trabajo sobre el territorio, pero cree que no alcanza.
"Hay mucho margen de mejora en la coordinación con Mossos d’Esquadra y policías locales", sostiene. También menciona la necesidad de mejorar el intercambio de información con Policía Nacional y Guardia Civil.
El riesgo, dice, es que la violencia deje de sorprender. Que un tiroteo en plena calle se convierta en una noticia más. Que la ciudad incorpore el sonido de las armas como parte del paisaje.
"Lo que tenemos miedo es que se normalice", advierte. "En el momento en que la sociedad normaliza un tipo de delincuencia tan agresiva, estaríamos a punto de perder la ciudad".
El primer 'cocinero' del Cártel de Jalisco en España: "Escogimos Barcelona porque sólo vas dos años a la cárcel si te detienen"No es toda la ciudad. No son todos los barrios. No todos los delitos suben. Pero hay una violencia que se muestra más, que dispara de día, que aparece en zonas céntricas y que, según fuentes policiales consultadas, responde en algunos casos a disputas entre grupos criminales con acceso a armas y capacidad para encargar muertes por poco dinero.
"Matar sale muy barato", dice una fuente de Mossos.
Y esa frase, en una Barcelona donde dos hombres fueron asesinados a tiros en apenas dos días, no alcanza para definir toda la ciudad. Pero sí ayuda a entender la alarma que se está instalando en sus calles.
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