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Basura que cura: cómo los residuos alimentarios se convierten en medicamentos

Basura que cura: cómo los residuos alimentarios se convierten en medicamentos
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Lo que queda al producir queso, aceite o cerveza se está procesando para ayudar a curar y prevenir enfermedades. Leer
alimentación y distribuciónBasura que cura: cómo los residuos alimentarios se convierten en medicamentosActualizado 1 JUL. 2026 - 08:40Fábrica de Heparina del Grupo Fuertes.EXPANSION

Lo que queda al producir queso, aceite o cerveza se está procesando para ayudar a curar y prevenir enfermedades.

La transformación de residuos en otros productos útiles es una de las claves de la economía circular, y en alimentación se están desarrollando importantes aplicaciones que acaban destinando aquello que no llegamos a comernos en componentes para mejorar la salud, bien llegando a la industria farmacéutica o bien a ingredientes funcionales que previenen o alivian enfermedades.

La clave para que se produzca esta simbiosis está en la colaboración entre las empresas y los centros de investigación. En este sentido, destaca el acuerdo de la multinacional farmacéutica GSK para obtener ingredientes a partir de residuos alimentarios mediante un acuerdo con Biorenewables Development Centre (BRC), creado a partir de dos equipos de investigación de la Universidad de York. GSK buscaba alternativas a la glucosa que necesita en su fábrica de antibióticos de Irvine (Escocia), por la volatilidad de precios de este ingrediente, y hace una década acudió al BRC. El objetivo era extraer glucosa a partir de subproductos ricos en almidón (como descartes de pan y residuos de patata de la industria alimentaria) para utilizarla en la fabricación de compuestos farmacéuticos y antibióticos. Tras superar las fases de ensayo iniciales en los laboratorios del BDC, el proyecto sumó a otros socios, como Veolia, empresa que gestiona residuos.

Este mismo equipo de investigación ha llevado a cabo otros desarrollos. Por ejemplo, a partir del uso de residuos de berros para elaborar una crema contra la dermatitis del pañal en los bebés para la firma Prof&Doc, acabaron creando ese y otros productos dermatológicos que se comercializan con la marca Watercress Active.

Colza, queso, porcino...

La empresa Valogen, que trabaja con subproductos agroalimentarios, también desarrolla aplicaciones médicas, algunas con el BDG. Por ejemplo, están ampliando el valor de la harina de colza, el material residual que queda tras la extracción del aceite de colza. A pesar de su alto contenido proteico, tradicionalmente se ha utilizado como alimento para animales, sin aprovechar todo su potencial. Han desarrollado péptidos de alto valor que favorecen la cicatrización de heridas gracias a sus propiedades antiinflamatorias y resultan prometedores para combatir la pérdida muscular relacionada con la edad, explican en su web.

Arla Foods, la mayor cooperativa láctea de Europa, tiene una filial denominada Arla Foods Ingredients, que aprovecha residuos con diferentes finalidades. Entre ellas, el uso del suero de leche, un residuo de la elaboración de quesos, que es muy rico en lactosa. Esa lactosa, debidamente transformada, se aplica en usos farmacéuticos, concretamente en comprimidos y cápsulas de los medicamentos ya que actúa como diluyente o agente de relleno. También se incluye en los inhaladores de polvo seco, productos liofilizados, soluciones de recubrimiento de azúcar y ciertas preparaciones líquidas.

Entre las empresas españolas destaca la iniciativa de Grupo Fuertes, fabricante de productos cárnicos con la marca ElPozo, que en 2019 creó la empresa Hepabiotic para desarrollar productos a partir de la mucosa intestinal porcina. Con ello se elabora heparina, un fármaco anticoagulante. En esa misma línea, el grupo Vall Companys, dedicado también a la producción de cárnicos, se unió a Bioibérica para crear Biovall Heparine, una empresa dedicada a producir heparina a partir de residuos porcinos, que incluyó la inversión de 25 millones de euros para construir su fábrica.

Por otra parte, la familia Alberola, propietaria de Aceitunas La Española, ha invertido a través de su family office en la startup alicantina Bioithas. Juntas trabajan en el desarrollo de una patente basada en dos bacterias procedentes del bagazo de la cerveza y de la fermentación de las aceitunas. Con esta unión, que aglutina 15 años de Investigación, y habiendo identificado los beneficios de estas bacterias en estudios previos, están creando un producto probiótico que se aplicará principalmente a combatir la obesidad.

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Fuente original: Leer en Expansión
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