Hay tiendas que venden objetos y tiendas que venden recuerdos. En el número 16 de la Plaza Mayor, durante más de un siglo, Bazar Arribas ha hecho lo segundo. De sus vitrinas han salido triciclos, muñecas, trenes, coches y soldados de plomo durante cuatro generaciones, haciendo felices a miles de niños de los cinco continentes. Esa tradición llegará a su fin el 31 de marzo.
La historia del establecimiento se remonta a 1919, cuando el bisabuelo, Juan, abrió una relojería en el número 19. Lo recuerda Conchita Rollán, tercera generación al frente del negocio junto a su hijo, Miguel Mauduit. Aquel primer local acabaría creciendo con la ampliación al número 16 y con la venta de la escasa oferta de juguetes que existía en la época, en el espacio que durante décadas sería conocido como Bazar Arribas.
El giro que marcaría su identidad llegaría después de la Guerra Civil. Un saqueo dejó el negocio arrasado y obligó a la familia propietaria a replantearlo todo. «En vez de seguir apostando por el reloj, decidió apostar por el juguete porque siempre ha sido un enamorado del juguete», explica Conchita. Aquel gesto, casi intuitivo, cambió el destino de la tienda y la convirtió en una de las jugueterías más antiguas del centro de Madrid.
Los primeros años de la posguerra fueron austeros también en las estanterías. «Se vendían balones, muñecas de trapo, aros, triciclos... cosas muy rudimentarias», cuenta Miguel. Eran juguetes grandes y simples, que se movían más por imaginación que por mecanismos. Poco a poco, el catálogo fue creciendo al ritmo del país. Llegaron los juegos de chapa y las primeras pistas de carreras, «las pistas TAC, que eran como el precursor del Scalextric».
Para la familia, la tienda no ha sido nunca solo un negocio. «Nos hemos criado aquí», dice. Cinco hermanas crecieron entre vitrinas, cajas y clientes habituales. «Siempre hemos tenido la tienda como una parte más de nuestra casa», cuenta Conchita, a la que precedieron su madre y su hermana, Marta, al frente del negocio. Esa continuidad familiar se mantuvo durante cuatro generaciones.
El cierre, sin embargo, no responde a una crisis de ventas ni a una subida del alquiler, sino a algo más íntimo. «Se cierra un ciclo», resume Conchita. La muerte de su madre, el pasado 14 de febrero, ha precipitado una decisión que llevaba implícita desde hacía tiempo. «El negocio pasó de mi abuelo a mi madre... y ahora la continuidad tiene otra serie de dificultades. Lo mejor es cerrar el ciclo», sentencia.
Hasta el 31 de marzo, las estanterías viven una última vida en forma de liquidación, con descuentos de hasta el 30 %. «Estamos vendiendo un poco de todo», dice. Hojalata, muñecas regionales, juegos de mesa, puzles, coches... Un inventario que no es antiguo en sentido estricto, aunque lo parezca. «No tenemos cosas antiguas a la venta. Todo son proveedores de toda la vida que siguen haciendo las cosas como antes», aclara, señalando la oferta de muñecas artesanales, cuyos precios oscilan entre los 17 y los 72 euros.
Conchita Rollán en el mostrador de la juguetería.ÁNGEL NAVARRETELa tienda ha sido también un pequeño escenario dentro del gran teatro de la Plaza Mayor. Por allí han pasado turistas anónimos y algunos nombres conocidos. «Hemos tenido clientes como Charlton Heston... Demi Moore vino a comprar muñecas para sus hijas», recuerda Conchita. También cantantes como Patxi Andión o Alaska, que, en plena pandemia, cuando la plaza estaba desierta, entró a comprar una muñeca valenciana. «Es un gesto que siempre agradeceré», dice.
Pero, más allá de los rostros famosos, el verdadero tejido de la tienda lo han sostenido los clientes habituales. «Tenemos amigos en Miami, en Alemania, en Francia... gente que cada vez que viene a Madrid nos visita», cuenta. Personas que regresan buscando algo más que un regalo: «Buscan cosas que les recuerdan a cuando eran pequeños, o algo especial de España para sus hijos o nietos».
En un lugar donde el turismo ha ido devorando poco a poco el comercio tradicional, Bazar Arribas resistía con nostalgia y orgullo por el oficio. «Nuestro público es el mejor del mundo: los niños».