- FEDERICO OLDENBURG
El francés Bertrand Sourdais celebra 26 años de su llegada a España estrenando nueva sede para Dominio de Es en San Esteban de Gormaz (Soria), la zona más oriental de la Ribera del Duero. Sus vinos, algunos por encima de mil euros, están en la élite de los grandes tintos del mundo.
Basta perderse una noche por las calles de San Esteban de Gormaz con Bertrand Sourdais para intuir que este francés ya no es un extranjero en Soria. Quien haya recorrido junto al inquieto vigneron nacido en Chinon (Valle del Loira) las viejas parcelas de viñedo que se extienden en el entorno del valle de Atauta, que Sourdais conoce como la palma de su mano, puede dar fe del arraigo del viticultor a este territorio, que atesora un patrimonio único de viñas prefiloxéricas y emociona por la conmovedora austeridad de su paisaje.
A pesar del acento que le delata (a estas alturas, parece difícil que algún día lo pierda), Bertrand Sourdais no solo ha echado raíces en tierra soriana. También se ha comprometido con los vinos de este territorio, localizado en la frontera oriental, más extrema y marginada de la Ribera del Duero, para situarlos en la élite de los grandes tintos del mundo.
Bertrand Soudrais en las nuevas instalaciones de Dominio de Es en la localidad soriana de San Esteban de Gormaz.Álvaro Fernández PrietoUn francés en el Oriente de la Ribera del Duero
El francés llegó a la comarca en 1999, recomendado por Álvaro Palacios, con quien había trabajado un año antes en el Priorat. "Conocí a Ricardo Pérez, hoy viticultor en el Bierzo y sobrino de Álvaro, estudiando Enología en Burdeos. Nos hicimos buenos amigos y en 1998 me llevó a conocer y echar una mano en la bodega de su tío, en el Priorat. Aquello me dejó marcado. Un año después llamé a Álvaro para que me consiguiera trabajo en España. Si me quedaba en Francia tenía que hacer la mili o trabajar en la bodega de mis padres, Domaine de Pallus, en Chinon; lo que venía a ser más o menos lo mismo", relata el francés.
A los 15 días, el riojano Palacios -excelente agente laboral para jóvenes enólogos deseosos de adquirir experiencia en este país- le facilitó ese trabajo. "Me contó que Miguel Sánchez, su distribuidor en Madrid, de origen soriano, quería montar una bodega en su tierra y necesitaba un enólogo. Así que vine y me encontré con un lugar de ensueño, absolutamente arcaico. Me dije: 'Qué bonito es todo esto, pero no veo una sola viña'. Tampoco gente, a decir verdad. Cuando por fin me topé con las viñas viejas, comprendí que era una oportunidad única. Porque esto en Francia no existe desde los tiempos de la filoxera".
Sourdais cayó rendido bajo el hechizo de Soria y decidió quedarse, a pesar de que apenas hablaba español: "Había pasado una temporada en Chile y unos meses en Cataluña. Así que el español que hablaba era muy distinto al que se habla en Soria", aclara. Su trayectoria en España comenzó con el proyecto de Dominio de Atauta. En el rincón más inexplorado de la Ribera del Duero, el francés supo revelar matices desconocidos de la ubicua tempranillo. "Me enamoré de Atauta enseguida. Aquel paisaje desolado y aquellas viñas antiguas me fascinaron, pero tardé en entender cómo sacar el mejor provecho de todo aquello. Porque yo llegaba con la cultura francesa en la cabeza: mis sistemas de poda, mis palitos rectos, mi vegetación entre viñas... Y los paisanos más viejos me decían: '¡Eh, francés, que así no se hace, que te la vas a cargar...!'. Al final tuve que darles la razón, porque ellos llevan generaciones observando el comportamiento de estas vides en esta tierra".
Aun con esos tropiezos iniciales, los 10 años en los que Bertrand Sourdais estuvo al frente de Dominio de Atauta bastaron para gestar una revolución. "Pudimos demostrar que la Ribera del Duero no se acababa en Valladolid y Burgos. Que aquí también tenemos grandes vinos. Y que, además, son muy diferentes a los del otro extremo de la Denominación de Origen", apunta el viticultor.
Vista de San Esteban de Gormaz.Álvaro Fernández PrietoLas tres bodegas Sorianas de Bertrand Sourdais
Sourdais impulsó en Dominio de Atauta grandes cambios. "Hasta entonces, casi todas las bodegas criaban sus vinos en barricas nuevas; yo no. Hacían vinos negros; yo aposté por tintos con menos color. Añadían todo tipo de productos de síntesis en sus viñas; yo cultivaba en ecológico. Todas las bodegas soñaban con elaborar un gran vino de 100.000 botellas; yo me limitaba a dos barricas para las grandes cuvées", explica.
Aquel período dorado de Sourdais en Atauta, marcado por el éxito en los mercados internacionales y un fuerte impacto mediático, duró una década, hasta que Miguel Sánchez decidió vender la bodega. El francés, que hasta entonces había trabajado con total libertad, no terminó de entenderse con los nuevos propietarios y abandonó la compañía en 2010 para iniciar su propia aventura como bodeguero al año siguiente. Y lo hizo por partida doble: Bodegas Antídoto y Dominio de Es.
¿Dos bodegas de una misma propiedad en la misma zona? "Sí, lo tuve claro desde el principio. Y no solo porque vinificamos únicamente tempranillo y albillo. Cuando salí de Dominio de Atauta vinificaba 42 suelos distintos y actualmente trabajo 66 parcelas de viñedo, con una enorme diversidad de calidades. Y para mí no es coherente que en una misma bodega convivan un vino de 15 euros y otro de 1.500. Por muy buenos que sean ambos. No se puede vender prêt-à-porter y alta costura en la misma tienda".
A estas dos bodegas se ha sumado una más: Galia Soriana. Así, tras 26 años afincado en la provincia considerada como la "zona cero" de la España vaciada -con una densidad de población inferior a nueve habitantes por kilómetro cuadrado, Soria es la provincia menos poblada del país-, el francés mantiene intacto el foco y lidera tres proyectos en la comarca: "Es verdad que he ido a contracorriente de lo que hacen muchas bodegas en España, que cuando les va bien en una región vinícola apuestan por montar un nuevo proyecto en otra que esté de moda, saltando de Rioja a Rueda, Galicia, Gredos o donde sea. Yo, en cambio, he montado tres bodegas en Soria, porque creo en el potencial de esta zona y prefiero profundizar en sus matices, seguir explorando toda la riqueza que tiene, que es extraordinaria".
Con un perfil muy etéreo, que rompe con el arquetipo del tinto castellano más bien rotundo, La Diva es la reina de Dominio de y procede de una parcela de apenas 0,15 hectáreas. Sus delicados matices florales, herbáceos y minerales no se contradicen con un tanino finísimo y una larga persistencia.Álvaro Fernández PrietoEl compromiso de Sourdais con los vinos del terruño soriano está patente en cada una de sus elaboraciones. Las hay tan excelsas y minoritarias como La Diva, la cuvée más anhelada del repertorio de Dominio de Es, con una producción limitada a unas 300 botellas en las mejores añadas (La Diva 2022, 1.125 euros), y La Mata 2016 (490 euros) otra de las "cuvées" más excelsas que elabora Bertrand Sourdais en Dominio de Es. Otras sutiles como Le Rosé, pionero entre los rosados vernáculos concebidos para una larga guarda, que convive en la gama de Antídoto con vinos de precio asequible y trago amable; y radicales en la expresión del terroir inexplorado de la región, como los que firma Galia Soriana, el último proyecto que el francés ha sumado a su particular "cruzada" por este rincón de la vieja Castilla.
Una bodega de capricho para Dominio de Es
Para sellar su idilio con esta región tan desolada como, paradójicamente, fértil para la elaboración de grandes vinos, Bertrand Sourdais estrena estos días las instalaciones de la nueva bodega de Dominio de Es. Un delicioso capricho arquitectónico, sobrio y minimalista, concebido en función del vino, con el que el viticultor se concede un homenaje tras más de dos décadas de trabajo.
La Mata es "el más francés de los vinos de Dominio de Es; puede recordar quizás a un tinto del Ródano", según su propio autor. Con una personalidad más agreste, profunda y densa, aunque no por ello menos vibrante.Álvaro Fernández PrietoNo es casualidad que la flamante bodega se levante en pleno centro urbano de San Esteban de Gormaz, localidad cuya tradición vinícola se revela en más de 300 bodegas subterráneas. Por las noches, el pueblo se transforma en un escenario casi mágico en el que Sourdais se mueve como pez en el agua, subiendo y bajando escalinatas, colándose por estrechos pasadizos y asomándose a rincones que podrían servir de decorado para una película de Tim Burton: "Lo más fácil habría sido montar una bodega en las afueras, como cualquier otra. Pero quería crear una dentro del pueblo, construida por gente de Soria, que perdure en el tiempo como un legado".
Las nuevas instalaciones de Dominio de Es fueron proyectadas por el arquitecto Eduardo Castillo, "que falleció sin llegar a ver la obra terminada", lamenta el bodeguero. La fachada exterior, de una austeridad espartana, no da pistas de lo que el visitante encontrará en el interior. Tras un amplio patio previsto para la recepción de la uva en la vendimia, se accede al edificio, que respira un moderno minimalismo.
Sala de barricas del Dominio de Es, con la roca madre a la vista en el muro del fondo. Abajo, una vista de San Esteban de Gormaz.Álvaro Fernández PrietoLas instalaciones se distribuyen en cinco plantas. A la altura de la calle se sitúa la zona de fermentación, equipada con foudres de distintos tamaños -el acero inoxidable no existe en esta bodega-. En el primer subsuelo, a seis metros de profundidad, se encuentra la sala de crianza, rematada por una pared de roca viva: "La idea es aprovechar el efecto de la humedad y mantener una temperatura media de 13 grados durante todo el año. También los aromas que aporta la tierra, porque creo firmemente que las bodegas forman parte del terroir que define el carácter del vino".
En el segundo subsuelo, a 10 metros de profundidad, se localizan la sala de embotellado y la reserva de antiguas añadas de la bodega. Sobre la planta principal se sitúa la sala de catas, con grandes ventanales abiertos al casco urbano del pueblo, decorada por los interioristas Karmele Montejano de Terán y Jorge Rodríguez Benaiges con muebles de diseño danés. Remata el edificio un ático abuhardillado: "Esta bodega es un sueño hecho realidad. Aquí trabajo en paz, haciendo los vinos que siempre he querido, con tiempo y sin prisas", concluye Sourdais.
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