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Beto Pérez: «Los hombres que van a Zumba se vuelven ídolos»

Beto Pérez: «Los hombres que van a Zumba se vuelven ídolos»
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«La gente quiere su pequeña dosis de felicidad», afirma el hombre que hizo del ejercicio una fiesta

Vermú de domingo

Beto Pérez: «Los hombres que van a Zumba se vuelven ídolos»

«La gente quiere su pequeña dosis de felicidad», afirma el hombre que hizo del ejercicio una fiesta

Regala esta noticia Añádenos en Google Beto Pérez. (Virginia Carrasc0)

Rosa Palo

27/09/2026 a las 00:22h.

El día que Alberto 'Beto' Pérez olvidó el casete con la música que utilizaba habitualmente para impartir sus clases de aeróbic, no podía imaginar que ... aquel despiste acabaría convirtiéndolo en el creador de un imperio del 'fitness'. Así, por una feliz casualidad, nació Zumba. Pero todo lo que vino después fue fruto de su determinación: nacido en Cali (Colombia) en una familia humilde y apasionado por el baile, se hizo un nombre como coreógrafo y bailarín antes de dar el salto a Estados Unidos en 1999, donde llevó consigo la idea de fusionar ejercicio y ritmos latinos. En 2001, esa combinación comenzó a convertirse en un fenómeno global, y hoy, 25 años después, practican Zumba semanalmente 15 millones de personas en medio mundo.

–Nada. Primero de todo, me cuido. Además, en Colombia no tenemos esa costumbre tan europea.

–Pero quemará rápido lo que come.

–No creas, no creas. Cada añito que pasa es un poquito más difícil estar en forma. Mi cuerpo es mi oficina y hay que estar siempre cuidándose y tratando de estar presentable para lo que represento.

–¿Es cierto que el nacimiento de Zumba fue fruto de una casualidad?

–Sí. Tenía unos 16 años, y olvidé el casete con música de ejercicios aeróbicos y puse uno en el que tenía música variada que había grabado de la radio. Lo que hice fue improvisar durante una hora y, en ese momento, me di cuenta de que eso era lo que quería hacer, porque la gente sonreía. Sentí que la clase no había durado una hora, sino como veinte minutos. Me encantó, y a la gente también, así que seguí haciéndolo y se llenaron más las clases, y nuevos horarios, y más clases, y nuevos horarios…

–Ha conseguido que la gente salga de sus clases sudada, pero feliz.

–Porque al hacer una actividad con música y movimiento, la gente segrega endorfinas, dopamina, esas sustancias de la felicidad. Por eso se vuelve casi adicta a Zumba, porque quiere volver para tener esa pequeña dosis de felicidad. Mucha gente no lo hace por bajar de peso ni nada, simplemente porque siente esa sensación, ¿no?

–Con tanta efervescencia en el aire se tiene que ligar mucho.

–Sí, aunque suele haber un 85 o un 90% de mujeres. Ahora, cuando los hombres entran a clase se vuelven ídolos, como si fueran los Backstreet Boys, porque hay tres o cuatro por cada cuarenta mujeres. En Miami tomaba clases conmigo un agente del FBI, bien americano. Me dijo que iba porque una vez, por casualidad, entró y le gustó. Pero, además, se dio cuenta de que ligaba muchísimo.

–¿De dónde viene la palabra Zumba?

–La clase se llamaba rumba, porque rumba es un ritmo, pero en Colombia «vamos a rumbear» también significa irse de fiesta. Tras conocer a mi socio, nos sentamos en un café a hablar acerca del nombre, y él empezó a decir «tonga, tinga, tanga, tunga, congo, bongo, mango, sumba». Y yo, al oír «sumba», le dije: «Esa, pero con Z», porque de pequeño me gustaba la serie 'El Zorro'. Así fue que nació.

–Después dio el salto a Estados Unidos. No fue fácil, porque viajó varias veces a Miami sin documentos y sin hablar inglés.

–En Colombia yo ya era grande; era coreógrafo de Shakira y de muchos grupos juveniles. Tenía reconocimiento en mi país, pero quería más, así que al irme me tocó dejarlo todo y empezar de cero. Fue difícil, porque dormí en un parque un par de noches, tuve que aprender el idioma, estar en una ciudad desconocida… Pero fue una aventura bonita, porque yo tenía fe y sabía que me iba a ir muy bien. Si me tocara vivirla otra vez, lo haría de nuevo.

–¿Y cómo ve la actual política de inmigración del gobierno norteamericano?

–Ha habido un mandamiento del presidente de apretar porque había muchas personas ilegales aprovechándose un poquito de los beneficios del gobierno, entonces están haciendo muchas redadas por ahí. Hay gente que no tiene nada que ver porque son personas trabajadoras, pero si no tienen en regla sus documentos entran en un proceso que es muy complicado: yo fui inmigrante y sé lo que es estar con esa zozobra de los documentos. Pero ¿qué hacemos? Son las leyes del país. A los que estamos allá nos toca respetarlas y asumirlas.

–Tengo 56 años, soy completamente arrítmica y el ejercicio no me gusta. ¿Puedo apuntarme?

–Claro que sí, todo el mundo lo puede hacer. Esa es una de las ventajas y de los fenómenos que han pasado con Zumba, que desde los niños hasta las abuelas pueden hacerlo. Nosotros empezamos en 2001, y en 2026 todavía sigue este fenómeno.

–Entiendo que ha ido evolucionando.

–Sí, todo el tiempo. Nosotros llevamos casi un año adelantado de trabajo. En cuanto a música, en cuanto al 'marketing', en cuanto a la estrategia, todo. Tenemos varios programas diferentes dentro de Zumba, hacemos eventos, tenemos ropa, tenemos zapatos, hemos hecho videojuegos… Cuando tienes un negocio hay que tratar de diversificarlo y hacerlo crecer por todos lados.

–Se pasa la vida en movimiento. Dígame que, cuando está en su casa, se sienta en un sofá y descansa un rato.

–Yo he logrado algo que quise siempre, que es vivir cerca de la playa. Por eso, para mí estar en casa es estar de vacaciones, y viajar es trabajar. La gente siempre hace lo opuesto, ¿no? Tengo dos niñas chiquitas, entonces estoy en mi plan de papá.

–¿Y cómo lleva la paternidad con tanto trasiego?

–Yo estuve 19 años viajando, y no paré hasta la pandemia. Casualmente, acababa de nacer mi hija. Soy padre soltero, y esos dos años de quietud los pasé disfrutando al máximo de mi hija. Después tuve otra niña, y tengo una ayuda muy grande en Miami, tengo a mi madre, tengo a unas nanas maravillosas que son de mi país, Colombia. Pero cuando tengo que viajar me duele separarme de las niñas, sí.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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