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Bienvenido a Slowjamastán, el último 'país' del mundo

Bienvenido a Slowjamastán, el último 'país' del mundo
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Lo que empezó como una broma de un locutor de radio se ha convertido en un territorio con 30.000 ciudadanos censados; entre ellos, 300 españoles. Están prohibidas las Crocs y los 'e-mails' masivos.

Spoiler: no es un 'fake'

Bienvenido a Slowjamastán, el último 'país' del mundo

Lo que empezó como una broma de un locutor de radio se ha convertido en un territorio con 30.000 ciudadanos censados; entre ellos, 300 españoles. Están prohibidas las Crocs y los 'e-mails' masivos.

Regala esta noticia Randy Williams, un conocido locutor de radio de San Diego, se ha autoproclamado sultán de Slowjamastán, el 'país' que ha creado en el desierto californiano. (Darrell Cornett)

José Antonio Guerrero

Madrid

28/04/2026 a las 13:50h.

En algún punto perdido del desierto californiano, donde el GPS duda tanto como el sentido común, emerge un país que no debería existir… ¡pero existe! Es Slowjamastán, una micronación tan improbable como real. Con apenas 4,5 hectáreas de arena y matorrales, este 'país' incierto puede presumir de las hechuras de cualquier Estado respetable: cuenta con su propia moneda oficial, su Policía Federal, sus puestos de control fronterizo, sus pasaportes y hasta su himno.

Eso sí, aquí se gobierna con normas menos severas de las que marcan el paso de la geopolítica mundial: quedan terminantemente prohibidos los e-mails con respuesta a todos, cualquier rap con letras incomprensibles, poner los pies sobre la mesa o exceder el límite de velocidad, «a menos que traigas tacos a casa porque los tacos fríos son lo peor».

Durante la pandemia, con demasiado tiempo libre y ningún lugar adonde ir, se le ocurrió una idea: «Si no puedo visitar otro país, ¿por qué no crear uno?»

Pero por encima de cualquier otra prohibición destaca la de calzar Crocs. «La nación debe ser protegida de la infiltración de ese calzado de goma a toda costa», nos advierte el 'padre' de este territorio minúsculo tan serio e hilarante que desafía a toda lógica. Se trata de Randy Williams, autoproclamado sultán de Slowjamastán, que cuando no anda gobernando la micronación más joven del mundo (la fundó en 2021), se gana la vida como presentador de programas de radio en la ciudad de San Diego, a unos 110 kilómetros de distancia.

De arriba a abajo, expedición de pasaportes en la República de Slowjamastan; oficina del sultán, y el sultán, rodeado de algunos de sus ciudadanos.. (Cortesía @Slowjamastan)

Arquitecto de una fantasía que alumbró por puro aburrimiento durante los meses de confinamiento por la covid, Slowjamastán reúne hoy un censo de 31.000 ciudadanos repartidos por 120 naciones de todo el mundo, entre ellos 300 españoles, dispuestos a creer, aunque sea por un rato, que otro país con otras reglas es posible.

Y eso que 'R Dub', como Williams es conocido en su versión radiofónica, no se anda con chiquitas y ha instaurado la dictadura como modelo de estado. «La democracia es un experimento peligroso. Los ciudadanos podrían votar por horrores como las Crocs», advierte guasón el autoproclamado sultán.

Viajero apasionado, Williams dedicó largos años de su vida a visitar cada uno de los 193 países reconocidos por Naciones Unidas. A principios de 2020, solo le faltaba uno, Turkmenistan (había estado incluso en el hermético Corea del Norte), pero entonces una pandemia mundial lo encerró en su casa como a todos los demás. Con demasiado tiempo libre y ningún lugar adonde ir se le ocurrió una idea: «Si no puedo visitar otro país, ¿por qué no crear uno?». Buscando en portales inmobiliarios, nuestro hombre de la radio encontró al sur de California, muy cerca de la frontera con México, un terreno de 45.000 metros cuadrados sin urbanizar y poblado de arena arbustos y mapaches. Por su yermo dominio pagó el equivalente a unos 17.000 euros.

Terminado el confinamiento, Williams comenzó a marcar su territorio con letreros al borde de la carretera que proclamaban su nueva nación: «República de Slowjamastán». La mitad del nombre del país tiene su explicación en uno de sus programas de radio (Sunday Night Slow Jams, en el que pincha slow jams, baladas de rhythm and blues) y la otra mitad, nos cuenta, «es un homenaje a los estados que terminan en 'stán' como Kazajistán y Uzbekistán, que son los países que más me han gustado de todo el mundo».

Tras la elección del nombre, llegaron los puestos de control fronterizo, las banderas, los pasaportes, la moneda oficial, la flota de vehículos de Emergencias y Protección Civil, e incluso su himno nacional, con una melodía que se parece mucho, mucho, mucho a Rocket Man de Elton John. En poco tiempo, Slowjamastán comenzó a parecerse a un país de verdad. 'R Dub' se autoproclamó sultán y comenzó a vestirse con gafas de sol oscuras, uniformes impecables y ornamentos militares, muy en la línea de la 'estética Gadafi', que es la que nuestro anfitrión adopta en sus apariciones públicas. «Que quede claro que el sultán», apunta Williams refiriéndose en tercera persona a su 'alter ego', «no pretende celebrar la brutalidad del régimen de Gadafi, pero hay que reconocer que el coronel comprendía el poder de la imagen y demostraba una disciplina de vestuario excepcional».

Refugio del mundo

En estos más de cinco años de existencia, Slowjamastán sigue ganando nuevos ciudadanos (la inscripción es abierta y gratuita), pero gozar de un alto cargo dentro de la dictadura tiene un precio: alcanzar un ministerio, ser miembro del parlamento u ocupar una embajada, por ejemplo, sale por entre 10 y 25 dólares al mes. ¡Una ganga! Aunque no hay que demostrar arraigo, para ser slowjamastaní hay que rellenar un formulario de lealtad a la República y al sultán bajo la promesa de no pinchar raps de letras incomprensibles dentro de las fronteras del país o de tirar siempre la caja después de haberte comido el último trozo de pizza. Son normas inflexibles. La ventaja es que el país está libre de impuestos.

De arriba a abajo: Vigilancia de la frontera de un militar slowjamastaní armado con un rifle... de paintball; la flota de servicio publico de Slowjamastán y seguidores en la 'botadura' de su primer buque de guerra, un submarino troceado.. (Darrell Cornett y @Slowjamastan)

Los slowjamastaníes interactúan con el sultán en redes sociales y a través de la web de la micronación, donde no faltan la coña y el humor. En ocasiones se juntan en persona en ceremonias frikis en pleno desierto, como la 'botadura' del primer buque de guerra, un submarino averiado atracado a lo largo de la frontera entre Palmerstán y Alto Palmerstán, dos de los 13 estados dentro de Slowjamastán.

Según el sultán, la gente busca convertirse en ciudadano de su país por curiosidad, puro divertimento «o porque simplemente buscan un respiro del resto del mundo». Y añade: «No hace falta que les diga lo polarizada que está la situación. La gente pierde amigos y familiares por culpa de la política. La cosa se ha puesto muy mal. Slowjamastán es el refugio de todo eso. Aparte de nuestra política, prohibimos cualquier otro tema político», zanja el sultán en un tono serio pero no demasiado.

Y así, entre ironía, arena y burocracia ligera, prospera este país que nadie pidió, pero miles de forasteros de todo el mundo han decidido 'habitar' en la distancia, aunque sea por pasar un buen rato. Por cierto, Williams completó su particular vuelta a la ONU tras visitar Turkmenistán en 2023. «Termina en stán... me encantó».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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