El humo de los incendios satura el aire de gran parte de España y convierte el coche en una especie de búnker. Pero conviene saber cuándo conectar la recirculación del aire y cuándo conviene apagarla.
- CARLOS ESPINOSA
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El verano ha traído a España algo más que calor extremo. El gran incendio que arrasa la sierra oeste de Madrid, con más de 77.000 hectáreas calcinadas entre las provincias de Madrid, Toledo y Ávila, se suma a una oleada de fuegos que ha obligado a evacuar a más de 75.000 personas en distintos puntos del país y que ha llevado al Gobierno a pedir ayuda urgente a la Unión Europea. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha alertado de que más de 3,5 millones de personas respiran en Madrid concentraciones de partículas PM2,5 muy por encima del umbral que marca la Organización Mundial de la Salud. En algunos lugares los cielos amanecen teñidos de amarillo, cae literalmente ceniza sobre las calles y muchas estaciones de medición marcan valores entre malos y muy malos.
A la sangre y al cerebro
Más allá de las pérdidas medioambientales, lo malo es que ese humo transporta las mencionadas partículas PM2,5, que son unas 30 veces más finas que un cabello humano, y estas atraviesan las vías respiratorias hasta alcanzar el torrente sanguíneo. Algunas de las más pequeñas llegan incluso al tejido cerebral. El Ministerio de Sanidad, en su primera guía específica sobre incendios forestales, vincula pequeños incrementos de esta contaminación con un aumento del 0,7 % en la mortalidad general y de hasta el 1,3 % en enfermedades respiratorias. Tos, escozor de ojos, dolor de cabeza, opresión en el pecho y fatiga son los síntomas que describen estos días los servicios de urgencias, y quienes padecen asma o problemas cardíacos, además de niños, mayores y embarazadas, figuran entre los grupos que corren mayor riesgo. Pero esto es algo que podemos minimizar cuando vamos en el coche.
Las partículas nocivas pueden llegar incluso al cerebro.Pexels.Casi todos los coches que podemos considerar 'modernos' incorporan un filtro para el habitáculo, que está escondido detrás del salpicadero y limpia el aire antes de repartirlo por las rejillas. No es una opción, por lo que lo llevan incluso los modelos más modestos, y cumple su función con eficacia razonable frente al polen, el polvo y buena parte del hollín.
Ahora bien, cumplir la función y hacerlo de maravilla son cosas distintas. La eficacia real frente a partículas tan finas como las PM2,5 varía según la marca, el material empleado y, sobre todo, el estado de conservación del propio filtro. Los modelos con una capa añadida de carbón activo retienen, además, gases y compuestos responsables de olores, una ventaja apreciable en ciudad, en túneles o precisamente en jornadas como estas.
Soluciones sofisticadas
En el extremo superior de la escala aparecen sistemas de filtración de grado hospitalario, los HEPA que Tesla popularizó con su célebre modo de defensa biológica, capaces de retener el 99,97 % de las partículas de hasta 0,3 micras, el de Volvo con su sistema CleanZone o el de BMW con su purificación avanzada. Mercedes, por su parte, ofrece un sistema de tres capas como opción en modelos como el EQS. Dicho de otro modo, la protección básica está al alcance de casi cualquier coche, aunque lo mejor de lo mejor en este sentido sigue siendo terreno reservado a la gama alta.
El botón de la recirculación evita que entre aire del habitáculo.Pexels.Aquí es donde entra en juego uno de los botones que quizá utilicemos menos de todo el salpicadero: el de la recirculación del aire. Su funcionamiento resulta sencillo de entender. En circulación normal, el sistema de climatización aspira aire fresco desde una toma situada bajo el parabrisas, lo hace pasar por el filtro de habitáculo y lo reparte por la cabina. Al activar la recirculación, esa toma exterior se cierra y el climatizador se limita a reciclar el aire que ya está dentro, evitando que entre humo, ceniza o gases procedentes del exterior. Es, en esencia, un sello temporal que aísla el coche del entorno, justo lo que conviene cuando se circula detrás de un camión, te quedas atrapado en un atasco o, como en este caso, a tu entorno ha llegado el humo de los incendios.
Ayuda temporal
Sin embargo, ese sello tiene fecha de caducidad. Cada ocupante libera dióxido de carbono con la respiración y en un habitáculo cerrado esa concentración sube con rapidez, con el consiguiente riesgo de pesadez de cabeza, pérdida de concentración y somnolencia al volante, justo lo contrario de lo que interesa en carretera. En general se recomienda que no tengamos la recirculación conectada más de 10 minutos, tras los cuales conviene abrir un poquito la toma exterior para renovar el aire (siempre que la zona lo permita). Muchos climatizadores automáticos ya incorporan esta lógica de serie y desconectan la recirculación por sí solos pasado este tiempo.
En cualquier caso, conviene recordar que un filtro de habitáculo sucio, de esos que llevan dos o tres años sin cambiarse, pierde buena parte de su capacidad justo cuando más se necesita, y que conviene no esperar a otro desgraciado episodio de incendios para cambiarlo.
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