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Bruselas, sin piscinas

Bruselas, sin piscinas
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En el Quartier Européen, si hace calor, los funcionarios daneses abren las ventanas y los españoles las cierran
Bruselas, sin piscinas

En el Quartier Européen, si hace calor, los funcionarios daneses abren las ventanas y los españoles las cierran

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Regala esta noticia Añádenos en Google Una vista de miles de dalias dispuestas para formar la 24.ª edición de la Alfombra de Flores de Bruselas. (EFE)

J. R. Alonso de la Torre

20/08/2026 Actualizado a las 00:05h.

El titular que encabeza este artículo es falso. En Bruselas sí hay piscinas, pero ninguna pública al aire libre. Es un problema cuando el termómetro ... marca 38 grados con una humedad del 80% y convierte la ciudad en el paradigma de una Europa que sabe enfrentarse al invierno, pero desconoce la cultura del calor.

Hablamos de persianas, pero no de cortinas porque en el Benelux no se estilan. La tradición calvinista defiende la honestidad, la virtud y la transparencia. Si no hay cortinas es que no tienes nada que ocultar. Pero esto era antes de las olas de calor. En los últimos cinco años, los belgas han empezado a colgar cortinas y a instalar aire acondicionado. Si tienen ustedes vista comercial, no lo duden: abran en Bruselas una tienda que combine la colocación de visillos y aparatos de frío.

Esa visión comercial es la que tuvo hace 30 años Chema Chacón, un joven de Badajoz que llegó a Bruselas en 1993 con una beca para trabajar en la Comisión Europea. Le ofrecieron quedarse en la administración comunitaria, pero prefirió arriesgar en el mundo del catering y acertó.

El Barrio Europeo de Bruselas está lleno de edificios administrativos donde se celebran cada día decenas de conferencias que tienen algo en común con España: si no hay cóctel, no va nadie. Antes de que Chema Chacón fundara su empresa Mediterránea Food, los aperitivos de los cócteles eran tipo cumpleaños infantil, o sea, triangulitos de 'panbimbo' con paté. Entonces apareció Chema con sus albóndigas, su ensaladilla, sus croquetas, sus tortillas, su jamón ibérico y su torta del Casar y se convirtió en el rey del catering de Bruselas con ideas tan curiosas como 'Quién sabe dónde': «Una esquina con productos vintage que gustan mucho: Anís del Mono, Tortas Inés Rosales, Nocilla, Colacao».

«El Día de la Hispanidad tuvimos a 1.200 personas y el año pasado, con los reyes de España y Bélgica, dimos un catering para 1.500. En esos eventos cortamos 28 jamones. Estamos con una media de diez o doce servicios por día y ya no podemos coger más», detalla. En Bruselas no hay tanto problema como en España con los camareros: «Tenemos maîtres profesionales que hablan tres o cuatro idiomas, son autónomos que por la mañana dan un café en el Sheraton y un almuerzo en el Consejo Europeo, por la noche vienen conmigo y pueden facturar 500-600 euros al día, aunque la tarifa oficial de los autónomos está en 33.50 la hora».

El comedor del Parlamento Europeo lo lleva una empresa inglesa que da 2.000 comidas diarias. Es self service, es barato y es monótono: secciones vegetariana, ensaladas, sopas, fritos, pizzas, buey, pescado… Nada que ver con los 2.500 kilos de carnes ibéricas que cada año sirve Chema en sus cócteles.

El día que acababa nuestra visita, volviendo en tren al aeropuerto, el convoy quedó varado y sin aire acondicionado. Mi experiencia en los trenes extremeños es que, cuando sucede eso, se escuchan gritos contra Pedro Sánchez y, los más enterados, contra Óscar Puente. En Bruselas, no culpan al gobierno de las averías ferroviarias, del calor ni de la falta de piscinas, sino a un agente externo. En el vagón se escucharon gritos y la revisora, políglota e hispanófila, tradujo: «Gritan: ¡Puto Putin!».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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