Ampliar
Vivir | Consumo Cómo aprender (de verdad) de un fracaso laboral sin desgastartePasas de los típicos ejemplos de Churchill y Steve Jobs: los consejos típicos no sirven
Iratxe Bernal
Jueves, 2 de abril 2026, 00:24
... el patrimonio o que nos despidan al poco de lograr un ascenso al que hemos aspirado durante años no es plato de gusto. En ese momento, de poco sirve que nos vengan a contar que, según Winston Churchill, «el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo», que la primera empresa de Henry Ford quebró o que a Steve Jobs le echaron de Apple pese a ser su fundador. Duele igual. Sin embargo, en estos tan manidos ejemplos sí hay lecciones con las que podemos quedarnos. Ellos lograron remontar o resurgir porque, además de contar con nuevos recursos y oportunidades, supieron digerir el fracaso.¿Qué hacemos entonces? «Se trata de mirar de frente a lo que pasó, lo que salió como esperabas y lo que no, y decidir no abandonarte ahí. No es fácil. Pero duele más cuando te enredas en la culpa o en el juicio y conviertes el fracaso en quien eres. Aprender a fracasar no empieza con grandes lecciones ni discursos de autoayuda, sino cuando eliges no huir, no tapar, no culpar afuera, no distraerte. Comienza cuando te quedas contigo, lo que significa resistirte a la tentación de buscar culpables, de ponerte excusas y de convertir el error en identidad», prosiguen.
Revisar sin latigazos
De hecho, como Sun Tzu en 'El arte de la guerra', Betancur y Cerrolaza nos recomiendan estudiar muy bien nuestros temores. «Puedes aprender mucho de ellos. Son una fuente importante de información sobre ti mismo». En este punto, aconsejan, por ejemplo, tratar de entender cómo funcionan algunos mecanismos de nuestra mente y hacernos plenamente «conscientes de nuestros pilotos automáticos». «Los humanos tenemos la capacidad excepcional de formar parte de nuestra realidad, de darnos cuenta de los estímulos que recibimos y del proceso interno que experimentamos para responder», indican. Saber desde qué emociones estamos tomando las decisiones nos ayudará a elegir con coherencia.
Definir nuestra motivación
El siguiente punto en ese conocernos mejor es definir nuestra motivación para afrontar nuestro siguiente paso, sea cual sea. «Debemos dar sentido a lo que somos, a lo que hacemos. Conectar con nuestro propósito personal y con el valor que aportamos con aquello que estamos llevando a cabo. Si hay sentido, el miedo resulta menos fuerte y nos resultará más fácil poner a funcionar nuestros recursos», explican los expertos. No siempre es posible superar nuestros temores. En estos casos, debemos «elegir nuestra respuesta incluso con miedo». Eso sí, asumiendo que una cosa es reconocerlo y otra, cederle el mando.
Dos herramientas necesarias
Llegados hasta aquí, los autores ponen a prueba eso de que el fracaso es un gran maestro. De hecho, más bien, lo cuestionan. «No se aprende solamente por fracasar o fallar. Se aprende si decides aprender de ello. Esa decisión no ocurre por arte de magia, sino cuando en vez de pasar la página rápido, te detienes, observas y te haces cargo. Es tomar la decisión de abandonar pensamientos como 'soy un desastre' o 'mejor no lo intento otra vez' para centrarse en 'qué me faltó', 'en qué puedo mejorar' o 'a quién le puedo pedir ayuda'», explican los expertos.
Para dar este último paso ellos nos proponen «pararnos en nuestros valores y caminar desde ahí» y nos recomiendan dos herramientas para empezar a reconstruirnos. Primero, «la humildad bien entendida, que no es rebajarse ni ocultar el talento, sino reconocer que, por muy expertos que seamos, siempre habrá ángulos que no vemos, impactos que no medimos y sesgos que nos acompañan. Desde ahí ocurren varias cosas importantes: escuchamos de otra manera, ya no solo para responder y tener razón, sino para tratar de comprender, aunque no siempre lo logremos. Las opiniones de los otros dejan de vivirse como un ataque y se convierten en materia prima para crecer».
La coherencia, por su parte, ha de verse como compromiso, como «una decisión que muchas veces va en contra de lo fácil, lo rápido, lo que todos hacen en automático o por inercia. Se trata de que lo que dices, lo que haces y lo que sientes vayan de la mano, aunque esta tiemble. Coherencia es el nombre de la brújula de tus decisiones, y algunos días esa guía tiembla. Hay decisiones que duelen, dilemas que nos confunden, emociones que nos empujan a actuar en contra de lo que sabemos correcto. Ser coherentes no es hacer siempre lo mismo o no equivocarte nunca, sino poder mirarte al espejo después de una decisión y decirte con honestidad: 'esto lo hice desde mis valores, desde lo que me importa, desde lo que soy'». A partir de aquí es donde pueden empezar a tener sentido la frase de Churchill o las experiencias de Ford y Jobs.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
- Temas
- Steve Jobs