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El S&P 500 y el Nasdaq baten récords históricos pese a la crisis de los bonos.
Mientras muchos analistas y observadores discuten sobre los riesgos geopolíticos, el alza del petróleo, las subidas de tipos de interés y el mayor coste de la deuda, los inversores bursátiles siguen a lo suyo. Ayer, el S&P 500 y el Nasdaq tocaron nuevos máximos históricos, sin prestar atención a un bono estadounidense al 5,25%, muy por encima del 4,1% con que empezó 2026.
Se suponía que, por encima de un 5% en la deuda americana a 10 años, la Bolsa debería sufrir al encarecer la financiación de las cotizadas y hacer más atractiva la compra de bonos frente a las acciones.
Lejos de padecer, los índices de Wall Street acumulan ascensos en 2026 del 14% en el caso del S&P 500 y del 19% en el Nasdaq, que se suman a la positiva trayectoria de años previos.
La explicación que dan los analistas es sencilla. La expectativa de grandes incrementos en los beneficios futuros de las compañías, sobre todo las vinculadas a la inteligencia artificial (IA), compensa la subida de los tipos de interés.
Según el consenso de analistas, la previsión de crecimiento anual de ganancias de las cotizadas estadounidenses en los próximos 5 años es del 27% (el doble que su media histórica) y en las europeas es del 15% (frente a un promedio histórico del 10%).
Ante estos datos, hay quien habla de una "burbuja de beneficios". Parece menos peligrosa que una burbuja de valoración (cuando las ganancias no crecen pero se dispara el precio, caso de la era puntocom), pero hay analistas que la empiezan a cuestionar.
Desde Société Générale cuestionan esas previsiones a 5 años porque dependen de algunas grandes empresas que pesan mucho en los índices (como Nvidia) y de los pocos analistas que hacen cálculos a ese plazo (la mayoría se limita a 3 años). De hecho, las expectativas de crecimiento de resultados a dos o tres años son más moderadas que a 5 años.
Y lo que es peor, el banco francés afirma que, históricamente, las previsiones de beneficios son un indicador "contrario": cuánto más altas, peor va luego la Bolsa. "Las bajas expectativas, vistas a menudo durante las crisis, suelen preceder fuertes retornos, mientras que las elevadas expectativas suelen preceder retornos negativos. Esto sugiere que estos datos se comportan más como un indicador contrario, más que una señal confiable de beneficios. Una posible explicación es que tras fuertes subidas del mercado, los analistas elevan sus previsiones para justificar las valoraciones".
Es decir, el mundo al revés. Pero en el momento actual, todo dependerá de que las empresas sean capaces de saltar el listón de beneficios que le ha puesto el mercado en los próximos meses. La primera prueba va a llegar con los resultados del tercer trimestre. Goldman Sachs indica que en el caso de las empresas europeas del Euro Stoxx 600, se espera un aumento de beneficios del 22% respecto al año anterior.
Si no se cumplen las ganancias, la burbuja tendrá que pinchar por el lado de las valoraciones.
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