La labor no es ajena a lo digital. En distintas regiones, comunidades indígenas y otros defensores ambientales emplean herramientas como imágenes satelitales, sistemas de monitoreo comunitario y generan datos para vigilar sus territorios, registrar actividades ilegales y documentar evidencia para la defensa legal y ambiental.
De hecho, la producción académica sobre el uso de tecnología aplicada a la sostenibilidad ambiental creció de forma exponencial y alcanzó su pico en 2025 con más de 170 publicaciones en un solo año, acorde con el análisis ‘Innovación tecnológica para la vigilancia medioambiental de ecosistemas estratégicos: implicaciones para la sostenibilidad’, publicado por Frontiers in Environmental Science.
China, Alemania y Estados Unidos concentran la producción científica en la materia. América Latina y África, donde se ubican algunos de los ecosistemas más amenazados y donde operan los defensores más expuestos, la participación es limitada debido a la escasez de recursos. Los siguientes tres casos, en México, Guatemala y Perú ilustran esta lucha: una científica y diversas asociaciones indígenas recurren a la tecnología para contribuir al saneamiento y a la defensa de la naturaleza.
Desde el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) se formuló una respuesta y fue puesta a prueba en el Festival de Humedales 2026, celebrado en febrero pasado. La doctora Refugio Rodríguez Vázquez, desarrolladora de la tecnología, llegó con dos vehículos flotantes impulsados por paneles solares, capaces de navegar solos (mediante una ruta programada) o vía control remoto. Los puso en el humedal artificial con forma de caracol, en una sección de 80 metros por 30 metros, y encendió el sistema. Una hora después, contrastó el agua, antes y después del proceso, y el verde denso fue reemplazado por tonos dorado, luego café claro. Las microalgas comenzaban su retiro.
bosque tropical más extenso de Centroamérica, y son las comunidades quienes la protegen. La Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop) gestiona un modelo que lleva más de 25 años demostrando que la cobertura forestal puede mantenerse cuando son las comunidades quienes administran el territorio.Los datos históricos y los sensores remotos confirman la recuperación de áreas históricamente degradadas. Incluso este año, después de más de 18 años de gestión, el modelo recibió su primer pago por bonos de carbono. No obstante, lo que distingue el trabajo actual de Acofop es la arquitectura tecnológica que lo sostiene.