León XIV se siente cómodo en su idioma, el español, que está mostrando su lado más personal. El Papa, de hecho, está improvisando en sus discursos mucho más que en Roma, una señal de alguien que está viviendo sus primeros días en España como un lugar para él familiar -algo que se percibió en el avión papal admitiendo estar «muy contento» de viajar al país- y donde en España, en las últimas horas, se está respirando una proximidad histórica con el Papa. El dato de 1,2 millones de personas este domingo en Cibeles se ha consolidado ya -por delante del Jubileo de los Jóvenes, el año pasado, en Roma- como el evento más multitudinario de León XIV desde el inicio de su Pontificado. Una señal de comodidad, de ida y vuelta, entre el Papa y España.
Ese bienestar se está comprobando no sólo en la proxémica de Prevost -desde el papamóvil y a pie-, sino también en los actos multitudinarios con micrófono abierto. En la Vigilia de Oración en la Plaza de Lima, este sábado, se salió del guion en varias ocasiones: «¡Felicidades por tu matrimonio Fernando! Aquí también he visto a otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones!», dijo Robert Prevost en relación al matrimonio, «que también es una vocación». «¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!», pronunció con entusiasmo el Pontífice. Preguntado acerca del reconocimiento de «la voz de Dios», León XIV sobre la marcha afirmó que «muchas veces vamos con audífonos, con la música, con la distracción y no sabemos estar en silencio»; en una reflexión muy contemporánea, para todos, en la era de la sobrecarga tecnológica.
Si por un lado, Prevost no dudó en improvisar en la Plaza de Lima, el resultado del trabajo de un equipo litúrgico especial, que ha viajado desde Roma, ha permitido que la misa y la procesión de este domingo por el Corpus Christi de este domingo en la Plaza de Cibeles en Madrid estuvieran organizadas de forma milimétrica, como si se tratara de la Plaza San Pedro en el Vaticano. Entre las palabras más significativas del Pontífice, destacaron la necesidad de salir «del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada» y responder a una invitación «a la conversión, a cambiar la mirada» para «ser constructores de un mundo nuevo».
Para León XIV -el Papa- el italiano representa el idioma institucional de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Para Robert Prevost -el hombre- el inglés es la lengua nativa, que hace dos semanas empleó para presentar en Roma su primera encíclica, Magnifica Humanitas, en cuanto idioma de la tecnología, de Silicon Valley, para ofrecer una lectura antropológica de la inteligencia artificial. Pero para Padre Roberto -el misionero- el español es el idioma de la gente, de sus años en Perú, que le valieron la nacionalidad del país. Un joven compañero vaticanista estadounidense, bilingüe en inglés y español como Prevost, explica muy bien por qué el Pontífice, en español, muestra un lado más personal: «En cada idioma creo que hay personalidades distintas y en español yo me siento más abierto». Para el primer papa estadounidense de la Historia -y sus primeros días en España lo están demostrando- está pesando mucho más Chiclayo que Chicago.
El primer viaje apostólico de León XIV a España es una apertura geográfica en el mapa de navegación de la barca de Pedro: España como primer gran destino a un país católico, europeo y occidental. Con un Pontífice cómodo en su idioma, que subraya la historia de España para el futuro de Europa. Los millones de personas que están acogiendo al Papa, además, no se podrían interpretar sin los lazos religiosos, culturales y familiares entre España y Latinoamérica. Mientras en Roma hay aires de un posible viaje apostólico de León XIV a Argentina y Perú en los próximos meses; Robert Prevost, en un paralelismo colombino, desde la Península Itálica visitará Madrid y Barcelona y parará en Canarias antes de cruzar por primera vez, con sotana blanca, el Océano Atlántico. El Papa, desde España, se está asomando a América.