No creo que sea lo mismo estar en un trullo danés que en uno de Kosovo
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJUAN BAS
10/09/2026 a las 02:00h.Durante el prodigioso Siglo de Oro fueron posibles Velázquez y Quevedo, pero también usos y prácticas de lóbrega sordidez. Por ejemplo, en las precarias fondas ... y posadas de la época, la manera más barata de dormir bajo techado era en las camas que se conocían como «media con limpio». La definición es sencilla: se compartía lecho con otro cristiano, de quien el mesonero aseguraba que estaba aseado; un acto de fe. Lo que me lleva a la Santa Inquisición, cuyo extremo condenatorio, la hoguera, se celebraba en los autos de fe. Mas no olvidemos que el poder eclesiástico juzgaba y condenaba, pero la ejecución de las penas la llevaba a cabo el poder secular y asociados, con lo que llego a los familiares de la Inquisición. Se denominaban familiares de la Inquisición a aquellas personas que colaboraban voluntariamente con el Santo Oficio. Desempeñaban tareas de espionaje, ayudaban a los alguaciles en las detenciones e incluso, cuando los calabozos estaban repletos, ofrecían habitaciones de sus casas a modo de celdas. Sobre todo, se trataba de delatores que permanecían en el anonimato. Era una forma eficaz de quitarse de encima a los acreedores, enemigos o rivales. También servía para conseguir una bula de limpieza de sangre que evitaba ser tomado por morisco o judío. Lope de Vega, que alcanzó gran fama con sus obras de teatro y era cura, fue familiar de la Inquisición.
Si esta tendencia prospera, las sanas leyes de la oferta y la demanda harán más dura la vida de los presidiarios. Por ejemplo, oferta de trena bonita y barata en los Cárpatos, o chirona muy apañada en el corazón de Albania. Sin olvidar las cárceles privadas, que no toda la iniciativa va a ser para pisos turísticos. Funcionan ya bastantes en Estados Unidos y Gran Bretaña. En el extremo, por ahora, está el campo de concentración de Bukele en El Salvador, donde Trump manda a deportados mediante un acuerdo vergonzoso. Ahí sí que «media con limpio», aunque el susodicho apeste a letrina, es un lujo.
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