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Caetano Veloso ilumina Madrid: tropicalismo, samba y canción protesta sin perder la sonrisa

Caetano Veloso ilumina Madrid: tropicalismo, samba y canción protesta sin perder la sonrisa
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La leyenda de la música brasileña, de 83 años, repasó sus seis décadas de trayectoria en el Movistar Arena, en el que podría ser su último concierto en España. Más información: Madrid late al ritmo que marca Bad Bunny, un fenómeno que transciende el plano musical

Caetano Veloso durante su concierto de este jueves en el Movistar Arena de Madrid. Foto: EFE/Fernando Villar

Música Caetano Veloso ilumina Madrid: tropicalismo, samba y canción protesta sin perder la sonrisa

La leyenda de la música brasileña, de 83 años, repasó sus seis décadas de trayectoria en el Movistar Arena, en el que podría ser su último concierto en España.

Más información:Madrid late al ritmo que marca Bad Bunny, un fenómeno que transciende el plano musical

Publicada 5 junio 2026 01:57h Actualizada 5 junio 2026 02:15h

Mientras Bad Bunny llena diez veces el Estadio Metropolitano y justo antes de que Madrid se ponga patas arriba por la visita del papa León XIV, este jueves daba gusto caminar por los alrededores del Movistar Arena.

Allí tocaba otro astro de la música latina, uno más discreto pero con mucha más veteranía y solera. Caetano Veloso, a sus 83 años, venía a dar el que, según él mismo ha dicho, podría ser su último concierto en Madrid.

Se respiraba un ambiente relajado, amable, sin aglomeraciones. Se veían camisas estampadas, sandalias, vestidos vaporosos, y se oía mucho portugués en los alrededores del pabellón. Hasta el tiempo se puso de nuestra parte, con unos agradables 24 grados y un poco de brisa.

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Era, pues, el día perfecto para oír cantar a uno de los padres del tropicalismo, aquella corriente que nació allá a finales de los años 60 y que supuso un paso histórico en la música brasileña posterior a la bossa nova y amplió los límites de la música popular del país sumando influencias de otras latitudes y estilos, como el rock y la psicodelia, sin renunciar a la tradición local.

Dentro, las gradas y una pista llena de sillas —el concierto prometía ser sosegado, aunque en la segunda mitad nadie pudo aguantarse las ganas de bailar— aguardaban al músico brasileño, que tenía preparado un repertorio que recorrió sus seis décadas de trayectoria.

Caetano Veloso actúa en el Movistar Arena de Madrid, el 5 de junio de 2026 EFE / EP

El músico baiano (nacido en Santo Amaro da Purificaçao, Bahía, en 1942) salió al escenario a las 20:40 h, con el cuerpo enjuto y la sonrisa amplia. Su delgadez quedaba disimulada por una amplia camisa amarilla y un gran pantalón azul acampanado. Se le veía contento, dedicando pequeños brincos al público y abriendo los brazos.

Sin más dilación, empezó con la primera: Branquinha, la canción de amor que dedicó en 1989 a su entonces esposa Paula Lavigne, y siguió con Gente (1977), dedicada a la gente común: la que lava la ropa, la que amasa el pan, la que arranca la vida con las manos.

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Sus cuerdas vocales, huelga decirlo, no son las mismas de hace seis, ni cuatro, ni dos décadas, pero a quién le importa eso. Sabe sacarle el máximo partido a su voz actual, que fue soltándose, ganando cuerpo y proyección.

La tercera fue Vaca profana, una canción que compuso en 1986 para su gran amiga Gal Costa, fallecida en 2022. En la pantalla le rindió homenaje con una foto suya muy joven tocando la guitarra.

Caetano Veloso durante su concierto de este jueves en el Movistar Arena de Madrid. En la pantalla, una foto de Gal Costa. Foto: EFE/Fernando Villar

La letra de esa canción está llena de referencias culturales y geográficas: Picasso, Gaudí, un Stevie Wonder andaluz, Tel Aviv, las Ramblas de Barcelona, Thelonious Monk, Londres —donde Caetano vivió exiliado entre 1969 y 1972 tras ser expulsado de su país por la dictadura militar, después de haberle encarcelado dos meses y confinado bajo arresto domiciliario otros cuatro— y la Movida madrileña —mención que el público premió con una ovación—.

En Divino Maravilhoso, canción compuesta en 1969 por Caetano Veloso y Gilberto Gil para Gal Costa, en pleno auge del tropicalismo, tuvo ocasión de mostrar su poderío la banda que lo acompaña, formada por un teclista, un guitarrista, un bajista, un trompetista, un saxofonista/flautista, un baterista y un percusionista.

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Después, con un escueto acompañamiento de percusión y guitarra eléctrica, vino Cajuína (1979), canción existencial que compuso tras un emotivo encuentro con el padre de Torquato Neto, poeta y letrista fundamental del movimiento tropicalista que se suicidó en 1972 a los 28 años.

Caetano se dirigió entonces por primera vez al público, en perfecto castellano. Tras saludar con cariño a Madrid, dijo: “Mis canciones hablan en su mayoría en este show de cosas que se presentan en el mundo que no son fáciles, que no son bellas. Y así seguimos”.

Caetano Veloso durante su concierto en el Movistar Arena de Madrid, este jueves. Foto: Ricardo Rubio/Europa Press

Era la introducción para un bloque de canción protesta que inició con Podres poderes (Poderes podridos), que no ha perdido vigencia desde 1984 cuando dice cosas como “¿Alguna vez haremos algo más que confirmar la incompetencia de la América católica, que siempre necesitará de ridículos tiranos?” y “Mientras los hombres ejercen sus podridos poderes, morir y matar de hambre, de rabia y de sed son tantas veces gestos naturales”.

Siguió Anjos Tronchos (Ángeles torcidos), una canción de 2021 de atmósfera siniestra donde critica a Silicon Valley y al algoritmo, menciona a “payasos líderes” y a trillonarios, mientras por la pantalla trasera vemos los rostros fragmentados de Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y otros magnates tecnológicos.

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Luego la cosa volvió a animarse con Eclipse Oculto, por más que su letra hable alegremente de una relación fallida. Luego se apagaron las luces por un momento y Caetano emergió de la oscuridad empuñando la guitarra, algo que el estadio celebró con una gran ovación, que creció cuando identificaron la canción: Sozinho, una de las más queridas de su repertorio, aunque no es de su autoría, sino de Peninha, y que se hizo muy popular al formar parte de la banda sonora de la telenovela brasileña Suave Veneno a finales de los noventa.

Y entonces llegó el momento más emocionante de la noche con Cucurrucucú paloma, la canción mexicana que Caetano Veloso interpretó en la banda sonora de Hable con ella (2002), de Pedro Almodóvar, con quien cenó la noche antes del concierto. La cantó extremadamente lenta y con delicados falsetes con los que algunos ojos se humedecieron.

Tras ese momento de recogimiento, llegó el samba, la fiesta y la reivindicación con Um baiana, una nueva canción compuesta por Caetano en 2025 y que presentó por primera vez en el show conjunto con su hermana Maria Bethânia en Río. La canción hace referencia a Baiana System, colectivo musical de Salvador de Bahía, y quiere ser “una fuerza de paz y de elegancia frente a las fealdades que el mundo ha estado mostrando”. En ese momento las sillas de la pista e incluso las de las gradas empezaron a sobrar, y la gente empezó a levantarse para bailar.

El público también celebró que tocara uno de los grandes hitos de su carrera: la canción Alegria, alegria, que marcó el inicio del tropicalismo en 1967 cuando la cantó por primera vez en el Festival da MPB (Música Popular Brasileña) acompañado por guitarras eléctricas, algo revolucionario para la época. Algo así como lo que hizo Bob Dylan en el Newport Folk Festival de 1965, pero en clave brasileña.

Otras canciones como Queixa, Fora da ordem, Desde que o samba é samba (canción que compuso junto a Gilberto Gil) y Reconvexo (samba de roda compuesto para su hermana Maria Bethânia) pusieron el broche a una noche que culminó con el bis Odara, título que viene del yoruba y significa “algo hermoso, bueno, positivo”. Su letra invita a danzar y cantar para transformar el cuerpo, la mente y el mundo. Y así salimos del recinto, pensando que quizá no es tan ingenuo pensar que la música puede hacer de este planeta herido un lugar mejor.

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