Después de la prórroga de Almaraz llegan las decisiones más peliagudas, ¿qué hacemos con las demás y con una demanda eléctrica creciente?
Regala esta noticia Añádenos en Google La central nuclear de Almaraz, en Cáceres. (EFE) 23/08/2026 a las 00:06h.El debate nuclear ha estado, desde siempre, preñado de ideología. En algunos momentos, y en ciertos lugares también, de dogmático y letal fanatismo. No podemos ... olvidar que ETA mató a tiros y a bombas a más personas que las que han perecido a causa de las radiaciones emitidas por la energía nuclear en centrales diseñadas con tecnología occidental a lo largo de toda su existencia.
Sea como sea, es triste que, para una vez que la coherencia va de la mano con el sentido común, el debate resulte tan agrio. Las cosas han cambiado mucho. Antes, las manifestaciones seguían a pancartas en donde se leía 'Lemoiz Apurtu' y, en gran parte de España, los ayuntamientos se publicitaban como 'Municipio No Nuclear'. Hoy, las pancartas aseguran que '¡Almaraz no se cierra!' y las sostienen los propios concejales, asustados por las consecuencias del cierre en su entorno próximo.
Está claro que una cosa es mirar al futuro del planeta y otra bien distinta es olvidarse del presente
De lo que no cabe duda es de que Adolfo Lorente tenía razón en su pasado vídeo blog al asegurar que seguiremos hablando de esto durante un buen rato. Primero porque habrá que ver en lo que queda la aparente ruptura gubernamental, aunque es previsible que, una vez más, la cosa se quede en nada. Se rompe el acuerdo, ya. ¿Y? Atenta contra el medio ambiente, ya. ¿Y? Está claro que una cosa es mirar al futuro del planeta –¿quién sabe cómo evolucionará en manos de sus actuales dirigentes?– y otra bien distinta es olvidarse del presente y menospreciar el asiento en donde reposa el pudoroso final de la espalda de los señores ministros de Sumar, un partido político que es ya un resto arqueológico mantenido en peor estado de conservación que el de las cariátides atenienses.
Segundo, porque la cosa no acaba aquí. Como mucho, empieza. Ahora llegan más decisiones peliagudas. ¿Qué hacemos con los dos grupos de Ascó y con el de Cofrentes y luego con Vandellós y Trillo, que se enfrentan a cierres programados entre 2030 y 2035? ¿Qué se va a hacer con ellas? ¿Tiene sentido mantener abierta Almaraz y cerrar las otras? No. ¿Es lógico perder ahora la mitad de la potencia instalada de Cataluña, cuando la prórroga cuenta con el apoyo de Junts y todas son necesarias para asegurar la cobertura de la demanda creciente de energía eléctrica? Y todo esto mientras se mantienen las incertidumbres del suministro, siguen los enfrentamientos en Ormuz, los bombardeos del Golfo, los efectos de los ataques ucranianos a las refinerías rusas y los de los rusos a las centrales eléctricas ucranianas.
Con precios crecientes, suministros inestables, demanda eléctrica disparada, seguridad asegurada y capacidad de desmantelamiento saturada –esa es otra–, quizás haya llegado el momento de mirar de frente a la cruda realidad y a la cruel necesidad. Como, por cierto, ha hecho ya la Unión Europea, para quien la energía nuclear ha adquirido definitivamente el honroso color verde después de ser aborrecida por la propia señora Merkel.
Un verde, por cierto, pintado por la, en su día, ultraortodoxa vicepresidenta Ribera cuando cobraba de ministra, que ahora ha disparado sus ingresos como comisaria. No, hombre, no: comisaria de policía no, de Energía en la Unión Europea, que lo pagan mucho mejor. Y, así, el trágala de Teresa Ribera se hará más grande, tan grande como las 20 aperturas de nuevas centrales nucleares que se preparan en Europa. La puerta gira y gira...
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