Sorprende el tajante rechazo de algunos a recabar el máximo de conocimiento antes de dar pasos irreversibles
Regala esta noticia Añádenos en Google El bailarín Alí Urata, durante un momento del pase gráfico del espectáculo del Ballet Nacional de Estonia. (Efe)Manuel Cruz
17/06/2026 a las 00:05h.Hay asuntos que, si alguien anuncia que tiene previsto abordar públicamente, de inmediato provocan la reacción preocupada de los amigos, que le alertan de que « ... te vas a meter en un jardín», por las complicaciones que el asunto escogido presenta y por las hipersensibilidades que al respecto parecen estar a flor de piel. Casi todo lo relacionado con la política en estos tiempos de crispada polarización podríamos afirmar que pertenecerían a este grupo. De otros asuntos, en cambio, se puede afirmar directamente que si a algo resultan comparables es a auténticos campos de minas, por las enormes posibilidades que ofrecen de dejar muy malparado a quien se atreva a adentrarse en ellos. En este segundo grupo se incluirían, sin la menor duda, las cuestiones relacionadas con el género y el sexo, asunto que, de un tiempo a esta parte, parece encontrarse en el centro polémico de la conversación pública.
Pero, al igual que los mayores pueden cometer errores cuando deciden por los niños, también pueden cometerlos cuando deciden acerca de sí mismos, por ejemplo, en los casos de la denominada autodeterminación de género, y más cuando esa decisión se adopta en etapas de la vida de gestión particularmente difícil, como es la adolescencia. Llama la atención el tajante rechazo de algunas asociaciones a recabar el máximo de conocimiento disponible antes de dar pasos en algún caso irreversibles. No parece demasiado racional hacerlo depender todo de la autopercepción íntima que cada cual pueda llegar a tener de su propia identidad sexual. Es más, de hecho, semejante actitud se compadece francamente mal con el lema central de la Ilustración, con la célebre divisa kantiana sapere aude (atrévete a saber).
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