Desde la anexión de Crimea en 2014 y, sobre todo, tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia ha ido perfeccionando una forma de confrontación que evita el choque directo y se mueve en la penumbra del derecho internacional: la guerra híbrida. Sabotajes, presión energética, desinformación y flotas comerciales opacas se han convertido en herramientas tan estratégicas como los tanques o los misiles, y entre ellas destaca la llamada “flota fantasma”.
Ahora todo indica que han encontrado una nueva ruta: España.
La “flota” llega por el sur. A finales de enero de 2026, un petrolero ruso sancionado por la Unión Europea quedó a la deriva frente a la costa de Almería y fue escoltado por Salvamento Marítimo español hasta un puerto de Marruecos sin ser detenido. Lo hizo pese a transportar más de 425.000 barriles de productos refinados de origen ruso.
El episodio, protagonizado por un buque integrado de la flota fantasma (barcos antiguos, con cambios frecuentes de nombre y bandera y estructuras opacas de propiedad) mostró cómo España se ha convertido en un punto clave de paso y gestión de incidencias de un sistema diseñado para burlar sanciones occidentales.
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Algo pasa. En pleno Mediterráneo occidental, la guerra híbrida rusa empezaba a materializarse no con misiles, sino con averías oportunas, zonas grises del derecho marítimo y rutas que conectan puertos rusos con el norte de África bajo la atenta, pero limitada, actuación de las autoridades europeas.
Marruecos como bisagra, Canarias como entrada. Pocos días después, la llegada a Las Palmas de Gran Canaria de un petrolero procedente de Tánger encendió las alarmas sobre una posible entrada indirecta de combustible ruso en España, utilizando Marruecos como plataforma intermedia.
Expertos en seguridad marítima subrayaron que no se trataba de una operación ilegal en sí misma, pero sí de una ruta inusual que encaja con los patrones de la flota fantasma, dado que Marruecos carece de capacidad de refinado suficiente y se ha convertido en destino habitual de petroleros vinculados a Rusia.
El Destructor Severomorsk en 2023
El quid. La clave, insistieron, está en la documentación de carga, porque el origen del producto sigue siendo ruso aunque haya escalas intermedias. En este contexto, Canarias aparece como un eslabón vulnerable: una Zona Económica Exclusiva poco vigilada, situada en el eje de tránsito de petroleros opacos, que refuerza la idea de que España ofrece la combinación perfecta de geografía, infraestructuras y lagunas de control para esta nueva fase de la guerra económica rusa.
Presión silenciosa. Finalmente, y en paralelo a estos movimientos comerciales y logísticos, la dimensión más clásica del poder naval ruso ha terminado haciéndose visible en aguas españolas, obligando a la Armada Española a intensificar sus operaciones de vigilancia.
En el plazo de una semana, unidades españolas han seguido el tránsito de varios buques rusos (incluido el destructor Severomorsk y un convoy mixto militar-mercante) desde el estrecho de Gibraltar hasta el Atlántico, con relevos de seguimiento frente al litoral gallego y coordinación constante con los centros de mando.
Guerra híbrida. Estas misiones, enmarcadas en la vigilancia permanente de aguas de interés nacional, evidencian que el fenómeno no es ni mucho menos aislado: mientras la flota fantasma opera en el plano económico y logístico, la presencia naval rusa refuerza la presión estratégica sobre corredores clave como el mar de Alborán, Gibraltar y la fachada atlántica.
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España, la ruta perfecta. La suma de estos episodios dibuja un patrón coherente: la guerra híbrida de Rusia ha salido del Báltico y del mar del Norte para instalarse en el Mediterráneo y el Atlántico oriental, y España se ha convertido en una de sus rutas más eficaces.
Parece claro que todas esas averías gestionadas sin detenciones, descargas indirectas vía Marruecos, combustibles de trazabilidad dudosa entrando por Canarias y buques militares rusos cruzando corredores estratégicos forman parte de una misma lógica de desgaste, ambigüedad y saturación que ya habíamos visto en otros puntos de Europa.
Y como en esos casos, no se trata de un ataque frontal, sino de una presión constante que explota las zonas grises del comercio, la energía y la seguridad marítima, situando ahora a España en el centro de un tablero donde la guerra no se declara, se navega.
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La noticia
Canarias y Galicia han hecho saltar las alarmas de la Armada. La flota fantasma de Rusia ha llegado a España con buques de guerra
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Canarias y Galicia han hecho saltar las alarmas de la Armada. La flota fantasma de Rusia ha llegado a España con buques de guerra
La guerra híbrida rusa ha salido del Báltico y del mar del Norte para instalarse en el Mediterráneo, y España se ha convertido en una de sus rutas más eficaces
Desde la anexión de Crimea en 2014 y, sobre todo, tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia ha ido perfeccionando una forma de confrontación que evita el choque directo y se mueve en la penumbra del derecho internacional: la guerra híbrida. Sabotajes, presión energética, desinformación y flotas comerciales opacas se han convertido en herramientas tan estratégicas como los tanques o los misiles, y entre ellas destaca la llamada “flota fantasma”.
Ahora todo indica que han encontrado una nueva ruta: España.
La “flota” llega por el sur. A finales de enero de 2026, un petrolero ruso sancionado por la Unión Europea quedó a la deriva frente a la costa de Almería y fue escoltado por Salvamento Marítimo español hasta un puerto de Marruecos sin ser detenido. Lo hizo pese a transportar más de 425.000 barriles de productos refinados de origen ruso.
El episodio, protagonizado por un buque integrado de la flota fantasma (barcos antiguos, con cambios frecuentes de nombre y bandera y estructuras opacas de propiedad) mostró cómo España se ha convertido en un punto clave de paso y gestión de incidencias de un sistema diseñado para burlar sanciones occidentales.
Algo pasa. En pleno Mediterráneo occidental, la guerra híbrida rusa empezaba a materializarse no con misiles, sino con averías oportunas, zonas grises del derecho marítimo y rutas que conectan puertos rusos con el norte de África bajo la atenta, pero limitada, actuación de las autoridades europeas.
Marruecos como bisagra, Canarias como entrada. Pocos días después, la llegada a Las Palmas de Gran Canaria de un petrolero procedente de Tánger encendió las alarmas sobre una posible entrada indirecta de combustible ruso en España, utilizando Marruecos como plataforma intermedia.
Expertos en seguridad marítima subrayaron que no se trataba de una operación ilegal en sí misma, pero sí de una ruta inusual que encaja con los patrones de la flota fantasma, dado que Marruecos carece de capacidad de refinado suficiente y se ha convertido en destino habitual de petroleros vinculados a Rusia.
El Destructor Severomorsk en 2023
El quid. La clave, insistieron, está en la documentación de carga, porque el origen del producto sigue siendo ruso aunque haya escalas intermedias. En este contexto, Canarias aparece como un eslabón vulnerable: una Zona Económica Exclusiva poco vigilada, situada en el eje de tránsito de petroleros opacos, que refuerza la idea de que España ofrece la combinación perfecta de geografía, infraestructuras y lagunas de control para esta nueva fase de la guerra económica rusa.
Presión silenciosa. Finalmente, y en paralelo a estos movimientos comerciales y logísticos, la dimensión más clásica del poder naval ruso ha terminado haciéndose visible en aguas españolas, obligando a la Armada Española a intensificar sus operaciones de vigilancia.
En el plazo de una semana, unidades españolas han seguido el tránsito de varios buques rusos (incluido el destructor Severomorsk y un convoy mixto militar-mercante) desde el estrecho de Gibraltar hasta el Atlántico, con relevos de seguimiento frente al litoral gallego y coordinación constante con los centros de mando.
Guerra híbrida. Estas misiones, enmarcadas en la vigilancia permanente de aguas de interés nacional, evidencian que el fenómeno no es ni mucho menos aislado: mientras la flota fantasma opera en el plano económico y logístico, la presencia naval rusa refuerza la presión estratégica sobre corredores clave como el mar de Alborán, Gibraltar y la fachada atlántica.
España, la ruta perfecta. La suma de estos episodios dibuja un patrón coherente: la guerra híbrida de Rusia ha salido del Báltico y del mar del Norte para instalarse en el Mediterráneo y el Atlántico oriental, y España se ha convertido en una de sus rutas más eficaces.
Parece claro que todas esas averías gestionadas sin detenciones, descargas indirectas vía Marruecos, combustibles de trazabilidad dudosa entrando por Canarias y buques militares rusos cruzando corredores estratégicos forman parte de una misma lógica de desgaste, ambigüedad y saturación que ya habíamos visto en otros puntos de Europa.
Y como en esos casos, no se trata de un ataque frontal, sino de una presión constante que explota las zonas grises del comercio, la energía y la seguridad marítima, situando ahora a España en el centro de un tablero donde la guerra no se declara, se navega.