El bloc del cartero
Caridad Regala esta noticia 01/05/2026 a las 08:32h.El uso, o quizá el abuso, ha deslizado el significado de la palabra, desde el original latino, hacia la conmiseración o incluso la condescendencia con ... quien tiene menos suerte que uno. 'Caridad', sin embargo, alude al amor desinteresado por los otros, sustentado en el parentesco entre los seres humanos, y para el creyente, debido a la condición por todos compartida de hijos de Dios. La caridad es eso que a veces nos piden otros, pero que antes o después necesitaremos todos, si es que no nos hemos caído ya del guindo de la suficiencia por haberla recibido. Sin embargo, brilla por su ausencia en los debates. Con lo útil que sería para deshacer tantos equívocos. La caridad se la debemos a cuantos comparten nuestro espacio, y a la vez tenemos que saber merecerla, procurando no defraudarla. En el fondo, es bien sencillo.
¿Por qué duelen tanto?
La entrada en vigor de la regularización administrativa por el Gobierno de los inmigrantes que carezcan de antecedentes penales y que no supongan una amenaza para la seguridad pública y lleven al menos cinco meses en España antes del 1 de enero de 2026 (se estima que unos 500.000) le ha dolido al PP y a la derecha extrema. Feijóo ha declarado que ello va en contra de «los pilares del europeísmo». ¿Pero los pilares del europeísmo no han sido siempre la protección social de los más vulnerables y pobres, y la lucha contra cualquier tipo de discriminación? Hay quienes no quieren recordar tampoco que España ha sido un país de emigrantes, más de dos millones durante el franquismo. Por otro lado, Garamendi, al frente de la patronal, y la Iglesia católica consideran que la inmigración es fundamental por razones económicas y humanitarias. ¿Por qué le duelen tanto, pues, a algunos los inmigrantes? | Francisco José Eguibar Padrón. Madrid.
¿Qué pensará J. D. Vance?
Trump ha dicho que «el Papa León es débil con el crimen y terrible en política exterior». Le duele saber que uno de los pocos Estados a los que no puede someter es el Vaticano. Sabe que su líder no entra al trapo y que es, quizá, el único jefe de Estado que tiene más influencia que él. Meloni, aunque buena aliada de Trump en muchos aspectos, no es complaciente cuando se trata del Pontífice: «Constructor de puentes», no de muros. No obstante, creo, está equivocada al calificar de «inaceptables» las palabras de Trump. Para él, León XIV es un jefe de Estado más. Así como Lutero no reconoció la autoridad del Papa, tampoco él lo hace: si no eres católico, no hay razón de peso para no hablar del Papa como hablamos en España de Sánchez, por ejemplo. Pero ¿qué pensará J. D. Vance? | José María Maldonado Casado. Pamplona.
Hay que esperar
Antes de aterrizar en el hospital mi marido, por neumonía, pasamos por el ambulatorio, rogando una urgencia, en estado griposo y dolor en un costado. Ya en consulta, una médica nos atendió. Con urgencia pidió una placa. En la espera una trabajadora, me dice que tengo que esperar, los de rayos están descansando; Horario de entrada laboral, a las 8. «Agotados». No se turnan. He visto a dos trabajadores. Hora 10,35 con volante en la mano toco la puerta, y me abren. Le doy el volante, escrito urgente, ni lo lee. Muy molesto, contesta: «Hay que esperar». Ya a las 11 horas llaman a mi marido: no se puede levantar, esta desorientado, y desvaría. La médica preocupada, no llega la placa. Al ver el panorama, ni placa, ni h…: corriendo a ponerle oxígeno, urgente una ambulancia y al hospital. Veinticinco minutos cruciales de espera. Y cinco minutos para salvarle. Bien, por la doctora. En esta huelga de médicos y demás trabajadores, no todos son explotados, como he leído en las paredes del hospital. He visto como dentro de un organismo público sanitario, unos están muy descansados, mientras a otros, no les da la vida, ni tiempo, para tanto enfermo. Pero quien sufre la ansiada espera, es el enfermo. | Magdalena Calvo de los Santos. Santurtzi. Bizkaia.
Una salida fácil
Ante el caso del exministro Ábalos, de quien se conocen tres matrimonios y amantes varias como Jésica Rodríguez y Claudia Montes, además de cinco hijos, hay quien sostiene que las intimidades de los políticos deben quedar en el ámbito privado frente al interés de la corrupción pública. Es cierto que el periodismo de alcoba suele ser de ínfima categoría, y puedo entender que por buen gusto no se incentiven sus últimos devaneos, tan dados a la morbosidad y la guasa, pero al menos deben dar pie a repensar en una brecha social humillante. Mientras algunos pueden permitirse una vida regalada y desanudar lazos afectivos con la plácida fórmula del olvido, la realidad para la mayoría es otra: se crean ataduras tan trabadas con hijos, hipotecas y bienes compartidos que es difícil desanudar, y, llegado el desamor, derivan en conflictos muy graves. Quien carece de recursos, de herramientas culturales o de la generosidad propia de las personas de buen corazón, no encuentra una salida fácil. En esos casos, la falta de dinero para interrumpir relaciones dignamente suele dar paso a una ira y una agresividad que nos avergüenza como sociedad. No se trata de airear sábanas, sino recalcar que, a veces, la verdadera corrupción es la indiferencia ante quienes no tienen el capital, ni la cultura, ni la bondad necesaria para separarse en paz y regular sus copropiedades. | Javier Fatás Cebollada. Zaragoza.
La carta de la semana
¿Por qué la he elegido…? Porque siempre hay un remedio contra la inhumanidad ambiental, y está dentro de nosotros mismos.
Historias de la mar
Me contaba hace años un amigo, excelente marino y más tarde gran capitán, que, embarcado en una práctica de estudiantes de Náutica, se acercó a llamar por teléfono a la cabina de la que disponían. El teléfono estaba ocupado y le tocó esperar. Al rato salió un marinero filipino, desencajado y llorando. Al ver a mi amigo, lo abrazó y siguió llorando. «¿Qué te ocurre?», preguntó mi amigo. «Ha muerto mi hermana pequeña», contestó. Mi amigo lo consoló y lo llevó con otros compañeros. Él pidió desembarcar en el próximo puerto y llegar al funeral de su hermana. La naviera se negó. Si lo hacía, sería por su cuenta. El hombre se vino abajo: el próximo puerto era Jordania y debía ir a Filipinas; demasiado gasto. Pero ante la dureza de la naviera surgió la empatía de sus compañeros: hicieron una colecta para que fuera a despedir a su hermana. Veinte días después reembarcó en el mismo navío, un gasero de una compañía que para qué nombrarla.
Juan Carlos Ruiz de Villa. Las Arenas (Getxo).
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