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Internacional

Carlos Queiroz anestesia la euforia de Inglaterra

Carlos Queiroz anestesia la euforia de Inglaterra
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El orden defensivo de Ghana frena a la subcampeona de Europa en un empate sin goles que deja a ambas selecciones virtualmente clasificadas a los dieciseisavos de final

Inglaterra 0-0 Ghana | Grupo L

Carlos Queiroz anestesia la euforia de Inglaterra

El orden defensivo de Ghana frena a la subcampeona de Europa en un empate sin goles que deja a ambas selecciones virtualmente clasificadas a los dieciseisavos de final

Regala esta noticia Añádenos en Google 0'Reilly grita por pura frustración tras el fallo de Kane, que se lamenta de rodillas en el suelo. (REUTERS)

Aitor Echevarría

24/06/2026 Actualizado a las 00:42h.

Hace unos días, bajo el sol de Dallas, Inglaterra despachaba a Croacia con un rítmico 4-2 que empujó a su hinchada a entonar el ... Wonderwall de Oasis en las gradas, envuelta en una prematura mística de campeona del mundo. Este martes, bajo la lluvia plomiza de Boston, los muchachos de Thomas Tuchel descubrieron que el invierno futbolístico puede instalarse en pleno junio. El Gillette Stadium, un templo diseñado para la épica de yardas y colisiones de la NFL, contempló un ejercicio de resistencia ghanesa que frenó en seco las revoluciones de los Three Lions y devolvió a la realidad a uno de los grandes aspirantes de este Mundial.

Inglaterra

0 - 0

Ghana

Pickford; James, Konsa, Guehi, Spence (O' Reilly, m. 65); Declan Rice, Anderson (Eze, m. 74), Bellingham (Rogers, m. 74); Madueke (Rashford, m. 83), Gordon (Saka, m. 65) y Harry Kane.

Asare; Adjetey, Mensah, Opoku, Senaya (Peprah, m. 87); Yirenkyi, Semenyo, Sibo, Partey, Williams (Fatawu, m. 65); Ayew (Adu, m. 65).

  •    

  • Árbitro: Said Martínez (HON). Amonestó al inglés Rice y al ghanés Iñaki Williams.

  • Incidencias: Gillette Stadium (Foxborough, Boston, USA).

Carlos Queiroz, un viejo zorro que ya acumula tres partidos invicto con Ghana y cinco fases finales en los banquillos, diseñó una emboscada perfecta. No le importó ceder la pelota hasta extremos exagerados en la estadística (un 80% de posesión británica en el primer acto) ni le tembló el pulso al reactivar la vieja memoria de la Costa de Oro, aquella colonia que se independizó de la corona británica en 1957 y que hoy, sobre el césped, se tomó una pequeña revancha poética a base de orden táctico. Con un 4-5-1 granítico, las Estrellas Negras anestesiaron los pasillos interiores, persiguieron la sombra de un Jude Bellingham demasiado gris y obligaron a Inglaterra a un monótono rondo periférico que moría siempre en los costados.

La pizarra ghanesa incluyó dos sorpresas de inicio: el regreso de Thomas Partey para dirigir el juego en la medular y la titularidad de Iñaki Williams, inédito en el debut ante Panamá. El delantero del Athletic apenas pisó el área contraria; su partido se centró en las ayudas defensivas, desgastándose en coberturas frente a las subidas de un desacertado Spence. Al otro lado, Benjamin Asare, el veterano guardameta de la liga local que tuvo que asumir los palos tras los percances físicos de Ati Zigi, vivió una primera mitad insólitamente tranquila. Inglaterra sobaba el cuero, trataba de estirar el campo con Anthony Gordon y Noni Madueke, pero carecía de la finura necesaria para desordenar el enjambre africano. Ni un solo tiro a puerta en los primeros 45 minutos. Una estadística descorazonadora para un equipo que presume de tener la pólvora más cara de Europa.

Tras el descanso, el guion amagó con romperse por puro desgaste. Aparecieron los primeros guantes de Asare para detener un tímido disparo de Gordon y, más tarde, un chut cruzado con el sello de Harry Kane. El partido entró entonces en ese territorio comanche donde la paciencia cotiza al alza. Tuchel, desesperado por el ritmo cansino de los suyos y los retrocesos horizontales de Elliott Anderson, quemó las naves a falta de quince minutos: retiró a Bellingham y dejó a Declan Rice como único ancla para desatar un asedio total.

Fuego cruzado

Fue precisamente en ese ecosistema de descontrol donde el partido pudo quebrar su lógica. En el minuto 80, Ghana dibujó una contra de tiralíneas que heló la sangre de Pickford. El recién ingresado Prince Adu se plantó en el área tras un robo de Matau y, cuando su remate agónico superaba al portero inglés, el balón impactó de manera fortuita en su propio compañero, Antoine Semenyo, impidiendo el gol sobre la misma línea de tiza. El destino devolvía la moneda poco después en el área contraria con un desenlace igual de rocambolesco. En el 87, O'Reilly estrelló un balón en el travesaño y el rechace, franco y botando, cayó en las botas de un Harry Kane que habitualmente no perdona. Esta vez, el capitán envió el balón a los cielos de Foxborough.

El punto deja a ambas selecciones con cuatro unidades, clasificadas matemáticamente a los dieciseisavos de final, pero abre un indiscutible periodo de reflexión en la concentración de los Three Lions. Thomas Tuchel firmó su primer tropiezo oficial en el banquillo británico de la manera más cruda: chocando de frente contra un muro de hormigón, diseñado por el arquitecto portugués, Carlos Queiroz.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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