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Compila 'Objetos perdidos' varios de los rasgos temáticos y formales que han ido caracterizando la obra narrativa de Carlos Zanón. El escenario urbano de Barcelona, los personajes desnortados o la sordidez de ambientes aparecen reflejados en esta nueva novela, la séptima de su trayectoria, ... con su identificativa prosa elíptica.
Escribe el autor de una forma muy particular, que algunas veces puede resultar cortante y otras hipnótica, con un estilo basado en la frase breve, el halo poético y la alusión a referencias musicales -menores en esta ocasión- que termina generando en el lector la sensación de que hay algo que subyace bajo la arquitectura argumental de sus novelas, de que lo que se intuye es mucho más que lo que se muestra.
Al igual que en sus anteriores obras, en 'Objetos perdidos' ese trasfondo se identifica con una violencia latente que, más allá de explicitarse en puntuales estallidos, está presente en todo momento. En la creación de esa permanente amenaza reside uno de los grandes méritos de la novela, perfecto ejemplo de la personal reinterpretación del género negro que lleva a cabo Zanón, alejada de cualquier tópico pero dotada de una mirada cuestionadora hacia el mundo contemporáneo.
«Todos estamos a dos pasos de desaparecer», reza la frase promocional que acompaña a la obra, cuyo protagonista, Álex, deambula dando tumbos después de su separación enganchado a la cocaína, malviviendo en una habitación de hotel y realizando chanchullos para complementar su sueldo de abogado. El personaje principal simboliza el leitmotiv de la novela, que expone de una forma casi existencialista cómo a veces desaparecer de la vida de los demás es peor que la propia muerte y cómo una simple decisión, un accidente o un golpe de mala suerte pueden hacernos caer.
La pérdida no solo se representa a través del protagonista, que al mismo tiempo que parece dejarse ir intenta encontrar asideros para seguir adelante, sino que aparece de forma constante en una trama que arranca con la desaparición de un jugador de rugby en Barcelona y que se complica con el extravío de algunos de esos objetos a los que alude el título.
Especialmente dotado para la construcción de personajes, a los que jamás juzga y siempre mira con ternura, el autor despliega uncatálogo de perdedores que parecen vivir al límite e ir a la deriva. Brilla entre todos ellos Inés, la camarera colombiana de la que se enamora el protagonista, que, obligada siempre a sobrevivir en contextos hostiles, salió de su país huyendo de la violencia de su exmarido y acabó trabajando en el Donna Summer, un pub de poca monta en el que se trafica y se montan timbas. Poblado por matones de tres al cuarto, mafiosos cutres que controlan los negocios turbios de la ciudad y gente que ya ha dado los dos pasos que llevan a la desaparición como Álex, ese entorno marginal y crudo es recreado de forma real y auténtica por Carlos Zanón, que vuelve a demostrar en 'Objetos perdidos' que es un escritor de verdad.
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