Carolina Sobrino de Montenegro, en uno de los pisos que tiene en venta en el barrio de Justicia, en Madrid. Esteban Palazuelos Magas
Lujos ENTREVISTA Carolina S. de Montenegro, la bróker que vende pisos de tres millones en Instagram: "Madrid está en su mejor momento"Tras separarse de su socio, con quien dirigía una empresa de marketing, creó Montenegro Brokers junto a uno de sus hermanos.
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Raúl Rodríguez Publicada 27 junio 2026 01:50hAfirma ser malagueña, pero su acento cuenta otra historia. “Bueno, es que crecí en un sitio muy guiri”, bromea.
“¿Hay algo más internacional que Málaga últimamente?”, le preguntamos desde Magas. “Sí, Sotogrande”, sentencia entre risas.
Carolina Sobrino de Montenegro (Málaga, 1996) nació en el seno de una familia estrechamente vinculada al sector inmobiliario.
María Hervás: “Cuando una mujer quiere algo y va a por ello parece que se convierte en una zorra insensible. Y no”Empezó con su empresa de Marketing y de ahí dio el salto al lujo inmobiliario. Esteban Palazuelos
Sin embargo, nunca imaginó que acabaría siguiendo los pasos de su saga. Adora a sus padres y a sus cuatro hermanos —tres hombres y una mujer—, aunque ahora vuela sola.
Para ser más exactos, sólo va de la mano —laboralmente hablando— con uno de ellos.
Hoteles de lujo para el arte del buen vivir: del relax en el corazón de los Alpes franceses a una joya del diseño en ManhattanSobrino de Montenegro, en una de las estancias de uno de los pisos que tiene a la venta en Instagram.
Licenciada en Marketing, tras vivir en seis países y siete ciudades diferentes del mundo, hace tres años eligió Madrid.
Y lo hizo no solo para quedarse y formar su propio hogar con su novia —con quien acaba de comprarse una casa en Malasaña—, sino también para ejercer como bróker inmobiliaria, vendiendo a través de su perfil oficial de Instagram viviendas que superan los tres millones de euros.
Apasionada del deporte, de la gente y de la naturaleza, fundó primero su propia agencia de marketing, otra de sus grandes vocaciones.
Sin embargo, pronto comprendió que la vida, casi sin proponérselo, la estaba conduciendo hacia el negocio inmobiliario —¿algo congénito? Su familia también se dedica a ello—.
Tras separarse profesionalmente de su socio, creó Montenegro Brokers junto a uno de sus hermanos.
“Somos una empresa familiar de inmobiliaria boutique en Madrid. La mayoría de nuestros clientes son europeos con grandes patrimonios; gente con la que termino haciendo amistad y que me cuenta su vida. Soy su terapeuta, su bróker inmobiliaria… soy un poco de todo. Y miro de verdad por ellos, porque no tengo prisa”, explica a esta revista.
Leyendo sobre usted, he visto que viene de una familia que tiene que ver con el mundo inmobiliario. ¿Cuándo se dio cuenta realmente de que esto no era una herencia, sino también una vocación?
Nunca pensé que fuera a seguir los pasos de mi familia. De hecho siempre nos han mantenido muy al margen. No nos han hecho partícipes, ni en casa se oía nada. Sí que es verdad que había muchos arquitectos, interioristas y que el tema de las casas y el diseño estaba muy presente, pero lo que es la promoción y la inmobiliaria en sí no era algo que tenía en casa y fue algo, como tú dices, totalmente del corazón, mi pasión.
Usted dirigía su propia empresa de marketing, ¿es así?
Yo tenía una agencia de marketing y nos estaba yendo fenomenal. Llevábamos dos años y teníamos un montón de marcas, estábamos en el mejor momento. Pero es como cuando te gusta alguien y no puedes evitarlo... Cuando nos separamos mi socio y yo, se lo conté así.
¿Cómo fue la separación?
Tuvimos un cliente, que era promotor inmobiliario y me volqué profundamente con él. Hablábamos hasta las cinco de la madrugada.
¿Y eso por qué?
Él tenía un edificio y quería que nos dedicáramos a hacer todo el marketing, el vídeo y el contenido en sí... y yo acabé alquilando todos los pisos, yendo a las visitas, un trabajo que no era el mío, pero lo hacía porque me encantaba.
Ahí ya le diría algo su socio, ¿no?
Mi socio me decía: "Oye, yo te veo en esto, me duele en el alma, pero creo que es lo tuyo...". Fue como dejarlo, como cuando rompes una relación. Literalmente. Y él me decía: es que quiero seguir contigo en esto, pero te quiero decir la verdad, sé que en algún momento me vas a decir que te vas a dedicar a eso porque te veo que se te ilumina la cara tres veces más.
Usted lleva tres años en Madrid, ¿dónde sucedió todo esto?
Yo vivía en México en ese momento y cuando me vine a vivir a Madrid se juntó todo. Esta ciudad está en su mejor momento inmobiliario. Tenía un amigo que tenía una inmobiliaria y le dije: "Oye, ¿me dejas trabajar contigo gratis? No me tienes que pagar, déjame ver cómo lo hago". Y estuve trabajando con él un par de meses y, de repente, empezó a ver que vendía, que me encantaba, que me levantaba y era lo único que pensaba. Y ahora ya me dedico a esto 100%.
Es muy curioso porque dice que en su casa nunca habías escuchado nada del universo inmobiliario, pero, ¿qué aprendió en casa sobre vender casas?
Nada, absolutamente nada. En mi padre con mis hermanos sí que hay una línea que se ha ido heredando, pero no era la pasión de ninguno de ellos. Yo escuchaba cosas sobre euro por metro cuadrado, pero era un family office y punto. Para mi abuelo sí que era más pasional.
Empecé a escuchar sobre esto cuando mi hermano Manuel —él tiene la franquicia de Engel & Völkers para Andalucía— me dijo que le estaban encantando. Yo me lancé y, la verdad, es que es realmente lo que me gusta hacer.
Magas es una revista que potencia el liderazgo femenino y el universo inmobiliario premium parece muy masculinizado. ¿Se ha encontrado con prejuicios o situaciones incómodas por ser mujer joven? ¿Cómo lidia con ello?
Para mí esos prejuicios pueden venir a la hora de negociar. Sí que ahí es cuando veo que puede haber, cuando el cliente te quiere saltar para hablar directamente con el propietario, cuando dice: "Déjamelo a mí, que yo le doy la mano al dueño y lo cerramos rápido".
Pero sinceramente yo he vivido muchísimos más prejuicios en mi infancia que ahora siendo bróker inmobiliario. Yo me vestía de chico, me gustaba hacer deporte, tenía el pelo corto, soy lesbiana. He tenido muchísimos más prejuicios antes que ahora. Esto me parece nada, absolutamente nada.
Es bonito y muy necesario que se digan las cosas como son. Cuanta más visibilidad, más naturalidad para todos.
Y en Madrid hay una comunidad superbonita de mujeres. Y sólo eso: las mujeres entienden mucho mejor del mercado inmobiliario que el hombre en general porque es más emocional, más sensible a lo que se necesita en una casa. El hombre negocia, pero la mujer es la que decide siempre y yo lo veo en los cierres.
El hombre te puede decir “bueno sí, pero este bájamelo un poquito, súbemelo”, pero la mujer es la que dice “esta es mi casa” porque es la que va a pasar más tiempo en la casa, la que sabe las necesidades de los hijos, del marido, de todo. Entonces creo que la mujer tiene un lado muy sensible y muy intuitivo que funciona muchísimo a la hora de leer al cliente.
¿Ha sido obstáculo o ventaja ser joven al trabajar con clientes de alto patrimonio?
Hay gente que se puede enfocar más en la presentación, en el pelo, en el bolso, en figurar. Yo jamás hablo de quién soy, de mi familia, ni de nada. Simplemente creo que la gente de patrimonios muy grandes lo único que quiere realmente es que tú le seas honesto y le des confianza.
Cuando le transmites confianza, no tienes esa prisa de cerrar el negocio y saben que te tienen más como un aliado. Esa gente está acostumbrada a que se le peguen por dinero y si tú vas realmente con el corazón en la mano —yo lo hago así— a mí no me importa vender rápido. Prefiero una relación a largo plazo que una venta rápida. No me dedico a eso; si no tendría 40 empleados y no los tengo.
¿De dónde son sus clientes? ¿Españoles? ¿Latinoamericanos?
La mayoría de mis clientes son europeos y con grandes patrimonios, gente de la que al final me hago amiga y que me cuenta su vida. Soy su terapeuta, soy su bróker inmobiliaria, soy todo al final y miro por ellos realmente.
Carolina Sobrino de Montenegro en su posado para Magas.
¿Qué tiene que tener una vivienda para que usted diga: esto sí que es lujo de verdad?
Luz. Que entre luz natural por la ventana. Y también luego es algo emocional. Yo veo la casa a través del cliente. Cuando entro con él, intuitivamente sé si esa casa le está generando la emoción de querer sentir que es su casa. Hay una casa para todo el mundo. Cuando la persona entra, enseguida te das cuenta de si se ha visto en esa vivienda, y yo lo siento. Entonces no malgasto mi tiempo en intentar convencerle cuando sé que no le ha entrado por los ojos.
¿Cuál ha sido la casa más espectacular que usted ha vendido?
La más espectacular la estamos negociando, pero no puedo hablar de ello. Va a ser algo muy importante. Es aquí en Madrid, en Recoletos, son casi mil metros cuadrados.
Usted ha convertido Instagram en una herramienta estratégica. ¿Se pueden vender, de verdad, pisos de tres millones desde el móvil?
100%. En Madrid todavía estamos empezando, pero en Estados Unidos lo llevan haciendo 10 o 15 años con resultados exitosísimos. Hay brókers que venden casas de 150 o 200 millones. Si puedes comprarte una camiseta por el móvil, ¿por qué no una vivienda? Para alguien que compra su octava o novena vivienda, ¿por qué no la va a comprar por Instagram?
Dice usted que hay una casa para cada persona. Perdone que discrepe. ¿Qué está pasando con la vivienda en Madrid?
Madrid está de moda. Tiene absolutamente todo: sol, comida, universidades, museos, seguridad… y se habla español, que para los latinoamericanos es esencial. Todo el mundo está eligiendo Madrid porque un amigo le ha contado que se vive genial.
Es muy controvertido que yo lo diga, pero ¿qué tenemos que hacer los españoles? Subir el sueldo de la gente. La gente española se quiere quedar en su país, pero se va a Dubái o Nueva York porque quiere ganar más dinero. El problema no es del latino que compra aquí; el problema es que el español no puede equiparar con un sueldo base de 1.180 euros.
¿Qué no se negocia a la hora de vender una vivienda?
Intento no vender edificios con problemas, con derramas, sin ascensores. No vendo cosas con reformas malas. Prefiero que compres una casa para reformar y ganarte ese 30% de plus que comerte una reforma mala. El cliente tiene que tener una buena inversión. Yo me rijo al 100% por la honestidad.
¿El barrio ideal para vivir ahora mismo?
Yo te diría que es Cortes-Huertas porque es el siguiente Justicia y todavía no está en sus precios. Si tienes 500.000 euros y eres más alternativo, me compraría en Malasaña, en calles tranquilas.
Para terminar, imagine su casa perfecta. Tiene usted un cheque en blanco: ciudad, barrio, metros cuadrados...
Yo no necesito mucho, ¿eh? Un piso de unos 100 metros cuadrados, con techos de 5 metros, muchísima luz y a partir de la tercera planta. Ubicación: Cortes, Moratín, Fúcar, Jovellanos… o Tamayo y Baus en Justicia. Mirando un teatro o un parque.