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Carta desde Ceuta

Carta desde Ceuta
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Llevo aquí el tiempo suficiente para haber conocido la ciudad de antes

LA TRIBUNA

Carta desde Ceuta

Llevo aquí el tiempo suficiente para haber conocido la ciudad de antes

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IGNACIO RECIO ARAGÓN

MALAGUEÑO RESIDENTE EN LA CIUDAD AUTÓNOMA

10/09/2026 a las 02:00h.

No vengo a alimentar bulos. Vengo a contar lo que estoy viviendo. Hay mucha gente escribiendo sobre Ceuta sin haber pisado Ceuta. Yo llevo aquí ... el tiempo suficiente para haber conocido la ciudad de antes. No voy a inventar nada: todo lo que cuento lo he visto, o está publicado y se puede comprobar.

Entre las personas que se quedaron en Ceuta hay familias enteras que solo quieren mejorar su vida, pero también entró gente muy mala

El baile de cifras

Aquí empieza mi primer motivo de preocupación. En la península he leído a gente convencida de que entraron unos pocos miles de personas. La cifra oficial del Ministerio del Interior es de unas 72.000 entradas irregulares entre el 30 y el 31 de julio. La inmensa mayoría regresó a Marruecos en dos días, y eso también hay que decirlo. La pregunta es cuántos quedaron. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha hablado de unas 5.000 personas. El Gobierno de la Ciudad Autónoma calcula entre 8.000 y 11.000, contando a los menores. No son matices: es el doble. Y esa diferencia no es un debate estadístico para tertulianos, es la diferencia entre una ciudad que puede absorber una situación excepcional y una que no. Cuando dos administraciones que comparten territorio dan cifras separadas por varios miles de personas, el ciudadano tiene derecho a preguntar quién está contando mal. Y a sospechar que alguien no quiere contar.

Lo que se ve al salir a la calle

Seamos precisos, porque la precisión es lo único que nos separa del bulo. El centro de Ceuta es seguro de día. Hay barrios donde de día ya no lo es tanto. Y de noche, la ciudad entera se ha vuelto insegura: robos con violencia, robos con arma blanca, asaltos a trasteros y a locales.

No es solo mi impresión. El titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Ceuta explicó que antes de la crisis se registraban entre veinte y treinta denuncias diarias y que ahora hay jornadas que alcanzan las doscientas, con aumento de robos con violencia, robos con fuerza, delitos contra el orden público y delitos sexuales. El Sindicato Unificado de Policía lo resumió mejor que yo: no hablamos de percepción de inseguridad, hablamos de hechos. Los comercios cierran antes. Las familias no salen. Hay mujeres que ya no caminan solas de noche.

Inmigración no es igual a delincuencia

Y ahora la parte que muchos no querrán leer, vengan del lado que vengan.

Inmigración no es igual a delincuencia. Es falso, es injusto y es peligroso decirlo. Entre las personas que se quedaron en Ceuta hay familias enteras que solo quieren mejorar su vida, gente que huye de la miseria, jóvenes que buscan un futuro que en su país no existe. Los he visto. Muchos vecinos de aquí les han dado comida y ropa.

Pero también entró gente muy mala. Y aquí está el problema aritmético que nadie quiere plantear: aunque solo fuera un porcentaje mínimo, un porcentaje mínimo de varios miles de personas son muchas personas delinquiendo en una ciudad de ochenta y cinco mil habitantes con una plantilla policial dimensionada para otra realidad. Negar esto no protege a los inmigrantes honrados: los deja pagando el precio del ruido que hacen los otros.

Lo que más me preocupa

No es la inseguridad. Es el silencio. En agosto se supo que el Ministerio de Sanidad llamó por teléfono a una trabajadora del Hospital Universitario de Ceuta para pedirle que borrara una fotografía que mostraba la saturación del centro, calificándola de bulo. La trabajadora la retiró. El Ministerio asegura que no habrá represalias contra quienes hablen con los medios. Poco después, el Colegio Oficial de Médicos denunciaba haber sido excluido de la reunión oficial convocada en ese mismo hospital para abordar la crisis asistencial.

Un solo hospital. Una sola ciudad. Y ya hay profesionales que se piensan dos veces si publican una foto de su puesto de trabajo. Yo no sé si eso responde a una instrucción o a un exceso de celo de alguien. Pero sé lo que provoca: gente que calla. Y cuando en un territorio los sanitarios se lo piensan antes de hablar, la ciudadanía deja de saber lo que pasa en su propia casa.

Así que hago la pregunta en voz alta, y que cada cual la responda: ¿qué régimen queremos ser? Porque en democracia, quien tiene los datos los enseña.

Gracias a todos por vuestro tiempo de lectura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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