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Cheikh Kane: «Me jugué la vida por hambre y desesperación»

Cheikh Kane: «Me jugué la vida por hambre y desesperación»
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El joven senegalés, que hoy desfila para prestigiosas marcas, llegó a España en patera: «Vine a buscar un futuro mejor»

Vermú de domingo

Cheikh Kane: «Me jugué la vida por hambre y desesperación»

El joven senegalés, que hoy desfila para prestigiosas marcas, llegó a España en patera: «Vine a buscar un futuro mejor»

Regala esta noticia Añádenos en Google Cheikh Kane. (Ángel Ruiz)

Rosa Palo

04/10/2026 Actualizado a las 00:12h.

Antes de las pasarelas internacionales y las sesiones de fotos, Cheikh Kane conoció el hambre, la soledad y el miedo. Nacido en Touba (Senegal), pasó ... su infancia en la miseria, hasta que la desesperación le empujó a embarcarse en un cayuco rumbo a España. Buscaba labrarse un porvenir, ayudar a los suyos y, algún día, comprarle una casa a su madre.

—Preguntarle por el vermú del domingo después del sufrimiento y del hambre que ha pasado me parece y frívolo, Cheikh.

—Sí, pasé mucha hambre. Mis padres se divorciaron y tuve que quedarme con mi padre. Sus otras mujeres guardaban comida para sus hijos, pero no para mí. Me humillaban, se metían conmigo y con mi madre, y yo lloraba mucho. Mi madre, al divorciarse, se quedó sin casa. Por eso siempre soñé con que tuviera una casa solo para ella.

—Decidido a conseguir ese sueño, en 2021 se embarcó en un cayuco. ¿Cómo se ve Europa desde Senegal para jugarse la vida de esa manera?

—En la tele te venden Europa como un paraíso, y tú tienes el sueño de ir para allá. También es culpa de los inmigrantes africanos que viven en España: cuando vuelven a Senegal llegan con ropas muy bonitas, con coche, con relojes, y contando que tienen su propia casa. Tú ves eso y dices: «Pues si a ellos les ha ido así de bien, me la voy a jugar». Luego, resulta que aquí viven en una casa con diez personas, pero eso no lo cuentan. Pero es que allí no hay oportunidades, no hay trabajo, no hay absolutamente nada, porque nuestros recursos naturales van directamente a Europa. Yo solo tenía desesperación y hambre, y eso me empujó a jugarme la vida.

—Pasó diez días de terror.

—Fueron los peores días de mi vida. Tú sabes que puedes morir, porque allí llegan las noticias de que se ha hundido un cayuco y de que hay muertos, pero cuando estás en el cayuco es realmente cuando eres consciente. Una noche tras otra con olas que nunca habías visto, con un frío que nunca habías sentido, completamente mojado, vomitando sin parar, sin comida, teniendo que beber agua del mar… Llegó un momento en que estábamos totalmente convencidos de que íbamos a morir. Ningún ser humano merece vivir eso. Sigo teniendo la pesadilla de que estoy en el cayuco.

—El cayuco en el que navegaba su mejor amigo se hundió, y él perdió la vida.

—Sí. Todavía no puedo evitar las lágrimas al hablar de él. En nuestro cayuco éramos 120 personas, pero en el suyo iban 300 y sobrevivieron solamente ocho.

—Cuando llegó a España, vio que no era el paraíso que le habían vendido.

—No, viví en unas condiciones muy duras. Cuando llegas, crees que vas a tener un buen trabajo, pero no. Yo trabajé de mantero, en la agricultura, en la construcción… Empiezas desde cero, y regularizar tu situación es muy difícil, necesitas muchas cosas, muchos papeles. Hoy ya estoy trabajando legalmente, cotizando y pagando mis impuestos.

—Y trabaja como modelo gracias a Alekxander Santo, el fotógrafo que se cruzó en su camino.

—Yo estaba trabajando en el paseo marítimo de Marbella cuando un hombre me miró, vino hacia mí y me dijo: «Oye, tú eres modelo, ¿verdad?». Yo le dije que no, pero allí ya me hizo unas fotitos, y cuando las publicó en sus redes sociales las agencias empezaron a interesarse por mi perfil.

—¿Qué echa de menos de su país?

—A mi madre, sobre todo. A nadie le gustaría tener que abandonar a su familia para buscar una vida mejor.

—¿Ha vuelto a verla?

—La vi después de cuatro años, al volver a Senegal con María para documentar el libro. Allí, María vio cosas que nunca había imaginado: al entrar en la 'daara', la escuela coránica donde estuve interno, vio con sus propios ojos a los niños encadenados con grilletes, como los que me ponían a mí.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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