El equilibrio militar en Asia se sostuvo durante mucho tiempo sobre una premisa tácita: la superioridad tecnológica y operativa de Estados Unidos era incuestionable. Hoy esa premisa ya no se da por sentada y, de hecho, cada nuevo movimiento en la región está obligando a recalcular tiempos, capacidades y márgenes de maniobra.
Porque China le está “comiendo la tostada” al resto.
Un cañón como síntoma. La aparición de un cañón naval chino inédito de 155 mm montado en un buque de pruebas no es un detalle aislado ni mucho menos baladí, sino una señal de una tendencia mucho más amplia: Pekín está ampliando sistemáticamente el alcance y la versatilidad de su poder naval en escenarios litorales.
Hablamos de un arma que, con casi 22 toneladas de peso y capacidad para disparar munición guiada, supone un salto de calibre respecto a los 130 mm actuales de la Armada china y apunta directamente a reforzar la capacidad de apoyo de fuego en operaciones anfibias, especialmente en un hipotético escenario sobre Taiwán.
En Xataka
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Más alcance, más precisión, más presión. El salto al 155 mm no es solo una cuestión de tamaño, sino de ecosistema tecnológico. Ese calibre abre la puerta a proyectiles guiados, munición de alta velocidad e incluso desarrollos futuros que pueden ofrecer alternativas más baratas y sostenibles frente a misiles en determinados contextos, algo que Estados Unidos también ha explorado con resultados desiguales.
China parece estar aprendiendo de los tropiezos estadounidenses (como el caso del Zumwalt y sus proyectiles prohibitivos) y avanzando con una solución que combina potencia tradicional y ambición tecnológica sin renunciar a la lógica de la guerra de saturación.
El diseño se distingue de los cañones de gran calibre existentes, como el H/PJ/45, apunta a un calibre de 155 mm
La guerra anfibia como eje. Contaban los analistas de TWZ que el nuevo cañón encaja en una expansión más amplia de las capacidades anfibias del EPL, con buques de asalto de gran tamaño y plataformas auxiliares diseñadas para consolidar cabezas de playa.
En ese contexto, el fuego naval de largo alcance no sustituye a los misiles, pero los complementa con volumen, persistencia y un coste más bajo por disparo. La señal estratégica es clara: China no solo acumula misiles, sino que construye un abanico completo de opciones para dominar el espacio aéreo y marítimo cercano, especialmente en su periferia inmediata.
El contraste de Washington. Y mientras Pekín prueba nuevos sistemas y acelera ciclos de desarrollo, Estados Unidos arrastra debates sobre el valor del apoyo de fuego naval, cancela programas como el railgun tras años de inversión y reconvierte buques pensados para una doctrina que nunca terminó de cuajar.
Washington sigue siendo tecnológicamente superior en múltiples áreas, pero ha mostrado muchas dudas en definir qué combinación de sistemas necesita para un enfrentamiento de alta intensidad contra una potencia a la par. China, en cambio, parece estar alineando su industria, doctrina y producción con un objetivo estratégico coherente.
En Xataka
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Una mole apuntando a una dirección. China acaba de montar en la proa de un barco el cañón naval más grande de su historia, una estructura de casi 22 toneladas que simboliza algo más que un avance técnico. Hablamos de un tipo de inversión que no se diseña para exhibiciones ni para patrullas rutinarias, sino para escenarios muy concretos donde el fuego sostenido sobre tierra firme puede inclinar el resultado de una operación.
Dicho de otra forma, cuando una potencia como Pekín adapta su industria, sus buques y su doctrina en torno a ese tipo de capacidad, el mensaje es de todo menos ambiguo: está preparando el tablero para un objetivo específico.
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China acaba de montar en la proa de un barco el cañón más grande de su historia. Y eso solo puede apuntar a una dirección
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por
Miguel Jorge
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China acaba de montar en la proa de un barco el cañón más grande de su historia. Y eso solo puede apuntar a una dirección
Pekín está preparando el tablero para un objetivo específico
El equilibrio militar en Asia se sostuvo durante mucho tiempo sobre una premisa tácita: la superioridad tecnológica y operativa de Estados Unidos era incuestionable. Hoy esa premisa ya no se da por sentada y, de hecho, cada nuevo movimiento en la región está obligando a recalcular tiempos, capacidades y márgenes de maniobra.
Porque China le está “comiendo la tostada” al resto.
Un cañón como síntoma. La aparición de un cañón naval chino inédito de 155 mm montado en un buque de pruebas no es un detalle aislado ni mucho menos baladí, sino una señal de una tendencia mucho más amplia: Pekín está ampliando sistemáticamente el alcance y la versatilidad de su poder naval en escenarios litorales.
Hablamos de un arma que, con casi 22 toneladas de peso y capacidad para disparar munición guiada, supone un salto de calibre respecto a los 130 mm actuales de la Armada china y apunta directamente a reforzar la capacidad de apoyo de fuego en operaciones anfibias, especialmente en un hipotético escenario sobre Taiwán.
Más alcance, más precisión, más presión. El salto al 155 mm no es solo una cuestión de tamaño, sino de ecosistema tecnológico. Ese calibre abre la puerta a proyectiles guiados, munición de alta velocidad e incluso desarrollos futuros que pueden ofrecer alternativas más baratas y sostenibles frente a misiles en determinados contextos, algo que Estados Unidos también ha explorado con resultados desiguales.
China parece estar aprendiendo de los tropiezos estadounidenses (como el caso del Zumwalt y sus proyectiles prohibitivos) y avanzando con una solución que combina potencia tradicional y ambición tecnológica sin renunciar a la lógica de la guerra de saturación.
El diseño se distingue de los cañones de gran calibre existentes, como el H/PJ/45, apunta a un calibre de 155 mm
La guerra anfibia como eje. Contaban los analistas de TWZ que el nuevo cañón encaja en una expansión más amplia de las capacidades anfibias del EPL, con buques de asalto de gran tamaño y plataformas auxiliares diseñadas para consolidar cabezas de playa.
En ese contexto, el fuego naval de largo alcance no sustituye a los misiles, pero los complementa con volumen, persistencia y un coste más bajo por disparo. La señal estratégica es clara: China no solo acumula misiles, sino que construye un abanico completo de opciones para dominar el espacio aéreo y marítimo cercano, especialmente en su periferia inmediata.
El contraste de Washington. Y mientras Pekín prueba nuevos sistemas y acelera ciclos de desarrollo, Estados Unidos arrastra debates sobre el valor del apoyo de fuego naval, cancela programas como el railgun tras años de inversión y reconvierte buques pensados para una doctrina que nunca terminó de cuajar.
Washington sigue siendo tecnológicamente superior en múltiples áreas, pero ha mostrado muchas dudas en definir qué combinación de sistemas necesita para un enfrentamiento de alta intensidad contra una potencia a la par. China, en cambio, parece estar alineando su industria, doctrina y producción con un objetivo estratégico coherente.
Una mole apuntando a una dirección. China acaba de montar en la proa de un barco el cañón naval más grande de su historia, una estructura de casi 22 toneladas que simboliza algo más que un avance técnico. Hablamos de un tipo de inversión que no se diseña para exhibiciones ni para patrullas rutinarias, sino para escenarios muy concretos donde el fuego sostenido sobre tierra firme puede inclinar el resultado de una operación.
Dicho de otra forma, cuando una potencia como Pekín adapta su industria, sus buques y su doctrina en torno a ese tipo de capacidad, el mensaje es de todo menos ambiguo: está preparando el tablero para un objetivo específico.