Policías retiran una pancarta de apoyo a activistas por los Derechos Humanos frente a los Juzgados de Kowloon. Liau Chung-Ren / ZUMA Press Wire
Asia China convierte Hong Kong en su ejemplo de dominio para el mundo: de democracia plena a sociedad amordazada en 6 añosBajo la apariencia de normalidad y dinamismo económico, los ciudadanos evitan hablar de política o relacionarse con periodistas.
Más información: Tom Grundy, director de 'Hong Kong Free Press': "La autocensura es mucho más poderosa que la censura"
Josep Solano Hong Kong Publicada 30 agosto 2026 06:30h Las clavesLas claves Generado con IA
Hong Kong no parece una ciudad silenciada. Los restaurantes siguen llenos, los trenes llegan puntuales y los rascacielos del distrito financiero continúan iluminados hasta bien entrada la noche. La antigua colonia británica conserva el ritmo acelerado y la vocación internacional que la convirtieron en una de las grandes ciudades de Asia. Pero basta con intentar hablar de política para percibir que algo ha cambiado.
En una ciudad donde durante décadas el debate público formó parte de la vida cotidiana, la prudencia se ha convertido en una forma de adaptación. Muchos ciudadanos prefieren no expresar determinadas opiniones en público, evitan hablar con periodistas extranjeros o miden cuidadosamente sus palabras cuando la conversación se acerca a cuestiones políticamente sensibles.
No es que hayan dejado de tener opiniones. Simplemente, para una parte creciente de la sociedad, decidir cuándo, dónde y con quién compartirlas se ha convertido en una cuestión que requiere más precaución que antes.
Lau, 'la Dama de Hierro' de Hong Kong: "Ya somos parte de China; toma la mayoría de decisiones"Ese cambio tiene consecuencias también para quienes intentan contar lo que ocurre en la ciudad. Antiguos activistas, representantes de organizaciones civiles o ciudadanos que participaron en las movilizaciones de 2019 son hoy mucho más reticentes a hablar públicamente de aquellos acontecimientos.
Algunos prefieren hacerlo sin dar su nombre; otros simplemente declinan la conversación. Encontrar fuentes dispuestas a expresar opiniones críticas se ha convertido así en una tarea considerablemente más difícil para los periodistas que trabajan sobre el terreno.
El cambio no se produjo de un día para otro. Hong Kong ya había vivido momentos de fuerte tensión política, desde las protestas contra una primera ley de Seguridad Nacional en 2003 hasta la Revolución de los Paraguas de 2014. Pero las movilizaciones de 2019, desencadenadas inicialmente por un proyecto de ley de extradición, marcaron un punto de ruptura.
Durante meses, cientos de miles de personas participaron en protestas que acabaron derivando en la mayor crisis política de la ciudad desde su devolución a China en 1997.
La respuesta de Pekín llegó en junio de 2020 con la imposición de la Ley de Seguridad Nacional, una legislación que transformó profundamente el marco político y jurídico de la ciudad. Desde entonces, Hong Kong ha vivido la desaparición de organizaciones civiles, el cierre de medios de comunicación y la prisión o la salida al extranjero de numerosos activistas y figuras de la oposición.
La vigilia en recuerdo de la masacre de Tiananmen que celebraron activistas en 2019 en Victoria Park. REUTERS/Tyrone Siu
Ese marco se completó en marzo de 2024 con la entrada en vigor de la Safeguarding National Security Ordinance, la legislación aprobada para desarrollar el Artículo 23 de la Ley Básica, que amplió los delitos relacionados con la seguridad nacional y endureció las penas por sedición.
El espacio para la discrepancia política se ha reducido de forma drástica, aunque las autoridades hongkonesas insisten en que esta legislación ha devuelto la estabilidad a la ciudad.
Sin embargo, las consecuencias de ese proceso no se miden únicamente en tribunales, detenciones o instituciones que han desaparecido. El cambio más difícil de cuantificar es el que se ha producido en la vida cotidiana. La percepción de que determinadas palabras, relaciones o actividades pueden tener consecuencias ha modificado la forma en que muchos habitantes se comportan en público.
La autocensura, difícil de medir y aún más difícil de demostrar, se ha convertido para algunos en una forma de navegar una realidad política radicalmente distinta a la que conocieron hace apenas unos años.
Uno de los ámbitos donde más se percibe es el editorial. Durante décadas, las librerías de Hong Kong fueron mucho más que simples establecimientos comerciales. En sus estanterías podían encontrarse ensayos políticos, investigaciones históricas y biografías de dirigentes del Partido Comunista prohibidas en la China continental.
Ese ecosistema comenzó a cambiar antes incluso de la Ley de Seguridad Nacional. En 2015, la desaparición de cinco personas vinculadas a Causeway Bay Books, una librería especializada en publicaciones críticas con los dirigentes chinos, provocó una profunda inquietud en la ciudad y anticipó los temores sobre una creciente intervención de Pekín.
Las protestas de 2019 y la legislación aprobada un año después aceleraron un proceso que ha transformado profundamente el mundo editorial hongkonés.
La vigilia en recuerdo de la masacre de Tiananmen que celebraron activistas en 2019 en Victoria Park. REUTERS/Tyrone Siu
En un segundo piso de Mong Kok, la sección de historia política contemporánea de una pequeña librería independiente muestra hoy un aspecto despojado. Donde antes se acumulaban investigaciones sobre las luchas de poder en Pekín o las protestas locales, hoy predominan los ensayos de arquitectura urbana, catálogos de arte y filosofía clásica.
El encargado del local desliza disimuladamente su teléfono dentro del bolsillo antes de responder a cualquier pregunta y declina dar su nombre. "La gente sigue leyendo", comenta con voz baja, "pero ahora todos sabemos qué libros es mejor no tener en el mostrador".
Las recientes detenciones de personas vinculadas a librerías independientes, acusadas de vender publicaciones con supuesta intención sediciosa, han vuelto a poner el foco sobre el sector. Para editores y libreros, uno de los principales problemas es la incertidumbre sobre dónde se encuentran los límites.
No existe un catálogo cerrado de obras prohibidas y la interpretación de conceptos como la sedición puede quedar en manos de las autoridades y los tribunales. En un sector formado en buena medida por pequeños negocios, esa incertidumbre puede ser suficiente para retirar un título o decidir no publicarlo.
El resultado va más allá de los libros incautados o de las librerías que han cerrado. La presión se percibe también en decisiones que rara vez trascienden al público: manuscritos que no llegan a imprimirse, títulos que desaparecen discretamente de los catálogos o autores que optan por no abordar determinados asuntos.
Es una de las formas más difíciles de medir de la transformación que vive Hong Kong, porque lo que deja de existir antes de ser publicado apenas deja rastro.
El 'skyline' de Hong Kong desde un parque público. REUTERS/Tyrone Siu
La transformación de Hong Kong no se limita, sin embargo, al terreno político o cultural. La ciudad continúa siendo uno de los principales centros financieros de Asia y trata de preservar su condición de plataforma internacional mientras refuerza sus vínculos con la China continental.
El desarrollo de la Gran Área de la Bahía, que integra Hong Kong con Shenzhen, Macao y otras ciudades del sur de China, es una de las principales expresiones de ese proceso.
Para quienes conocieron el Hong Kong anterior a 2019, el cambio no siempre resulta evidente a primera vista. La ciudad conserva su ritmo, sus contrastes y buena parte de la energía que la caracterizaba. Pero su relación con el espacio público es distinta.
Un "precedente peligroso": Hong Kong persigue a activistas pro democracia exiliados en el extranjeroLos límites de lo que puede decirse, publicarse o defenderse ya no se perciben de la misma manera, y esa transformación ha acabado formando parte de la experiencia cotidiana de sus habitantes.
Hong Kong no ha dejado de ser una ciudad abierta al mundo, ni sus habitantes han dejado de tener opiniones sobre su futuro. Lo que ha cambiado es el contexto en el que esas opiniones se expresan.
La nueva normalidad no se define tanto por lo que ocurre en las calles como por todo aquello que ha dejado de ocurrir en ellas.