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China es ahora la gran potencia petrolera mundial

China es ahora la gran potencia petrolera mundial
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Olvídese de la OPEP. El partido comunista chino lleva la batuta
China es ahora la gran potencia petrolera mundial

Olvídese de la OPEP. El partido comunista chino lleva la batuta

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The Economist

18/08/2026 a las 02:19h.

La guerra de Irán ha provocado la mayor crisis de suministro de la historia del petróleo. Ni siquiera en los momentos más intensos de los ... combates los precios del petróleo alcanzaron los 150 dólares por barril que muchos analistas habían pronosticado al inicio del conflicto. Esto se lo debemos agradecer a algunos gobiernos. Poco después de que las municiones iraníes hicieran intransitable el estrecho de Ormuz, dejando atrapados 14 millones de barriles al día de crudo en el Golfo, los monarcas petroleros de Abu Dabi y Riad desviaron 5 millones de barriles al día adicionales a través de oleoductos que eludían el estrecho. Los ministros de Washington y Tokio liberaron una cantidad récord de 2 millones de barriles al día de reservas de emergencia; el racionamiento impuesto por el Estado en los países más pobres redujo considerablemente la demanda.

Esta capacidad de activar y desactivar la demanda de petróleo, aparentemente con un bajo coste económico, permite al mayor importador de petróleo del mundo influir en los precios tal y como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus aliados llevan haciendo desde hace tiempo mediante su control de la mitad de la producción mundial. Y, a medida que el cártel se ve debilitado por la reciente salida de los Emiratos Árabes Unidos y la capacidad de producción al límite de sus miembros restantes del Golfo, el poder de mercado de China va en aumento. Como afirma un directivo del sector del comercio petrolero: «China es la nueva OPEP».

Durante cuatro décadas, la OPEP se ha esforzado por mantener los precios altos mediante cuotas de producción. Por el contrario, los importadores no pueden mantener los precios bajos racionando la demanda, porque los compradores están mucho más fragmentados que los vendedores y porque la demanda energética nacional es el resultado de las decisiones de innumerables agentes. La gigantesca y estatista China es la excepción. Y, a diferencia de la OPEP+, cuyas decisiones requieren el acuerdo de 21 países, sus planificadores centrales pueden actuar de forma unilateral siguiendo las órdenes de un solo hombre, el presidente Xi Jinping.

El papel de China en el mercado del crudo

China mueve los mercados petroleros utilizando tres palancas principales. La primera son sus reservas nacionales de petróleo. En los 12 meses previos a principios de 2026, mientras el fantasma de un «exceso de oferta» deprimía los precios del crudo, China acaparó 200 millones de barriles a bajo precio, reponiendo así sus ya abundantes reservas de 1000 millones de barriles. Los operadores estiman que las compras chinas podrían haber añadido entre 10 y 20 dólares al precio mundial del barril antes de que estallara la guerra con Irán. De los 11,6 millones de barriles diarios que China importó en febrero, hasta un millón de ellos correspondían a compras excedentarias de las que posteriormente podría prescindir reduciendo sus reservas.

Una vez que sus últimos cargamentos del Golfo anteriores a la guerra llegaron a finales de abril, China comenzó a reducir estas abundantes reservas. Para julio, sus existencias habían disminuido en 70 millones de barriles, según Vortexa, una empresa de datos, sin contar las extracciones de almacenes flotantes y cuevas ocultas. Si se suman estos, China retiró 150 millones de barriles en esos tres meses, lo que equivale a unos 1,5 millones de barriles al día.

La mayor parte de esta cantidad correspondió a las existencias comerciales —en poder de las divisiones de almacenamiento con ánimo de lucro de las grandes petroleras— y no a las reservas estratégicas. Las refinerías suelen tener que reponer lo que retiran en el plazo de un mes, señala Tom Reed, de Argus Media, una agencia de información sobre precios. Sin embargo, dado que esas empresas son de propiedad estatal y que el Estado puede requisar las existencias comerciales, es de suponer que se hizo una excepción.

Si sumamos el millón de barriles diarios que ya no se almacenan y los 1,5 millones de barriles diarios de retiradas, la gestión de las existencias podría explicar 2,5 millones de barriles diarios de la caída de 5,5 millones de barriles diarios en las importaciones. China podría mantener esta situación durante otros cuatro meses antes de que los dirigentes de Pekín empezaran a preocuparse por unos niveles de existencias incómodamente bajos, estima Emma Li, de Vortexa.

La segunda herramienta de los planificadores centrales chinos son los controles a la exportación. China, la segunda refinería de petróleo más grande del mundo, suele ser un importante proveedor de combustible para sus vecinos asiáticos. Sin embargo, en marzo, el gobierno ordenó a las refinerías nacionales que dejaran de firmar nuevos contratos de exportación y que rescindieran muchos de los ya acordados. Entre febrero y abril, las exportaciones chinas de productos refinados se redujeron casi a la mitad, hasta los 430.000 barriles diarios. Aquí se incluían 180.000 barriles diarios de combustible de aviación altamente refinado, lo que supuso un ahorro para las refinerías chinas de entre 1,2 y 1,8 millones de barriles diarios de crudo.

Restringir las ventas al extranjero permite a China destinar una mayor parte de la producción de sus refinerías al mercado interno. Además, permite a las refinerías utilizar parte del crudo que normalmente se destinaría a productos para la exportación con el fin de fabricar otros productos esenciales, algunos de los cuales China suele obtener del Golfo para su consumo interno. Entre los ejemplos se incluyen la nafta y el gas licuado de petróleo (GLP), dos materias primas petroquímicas, y el fuelóleo, que las refinerías pequeñas y con problemas de liquidez suelen procesar en lugar del crudo. El impacto en los márgenes de las refinerías, que son más elevados en las exportaciones que en las ventas nacionales, es algo que el partido comunista puede asumir.

Una reducción paulatina

Sin embargo, las abundantes existencias y las exportaciones restringidas no bastan por sí solas para explicar la gigantesca reducción de las importaciones chinas. El gobierno chino también accionó una tercera palanca: la contención de la demanda interna. En junio, las refinerías chinas procesaron 2,7 millones de barriles diarios menos de crudo que un año antes. La producción de gasolina cayó un 14 %; la de gasóleo y la de combustible de aviación se redujeron ambas en un 21 %.

Un análisis más detallado confirma una fuerte caída en el consumo de combustible para vehículos en China. Al permitir las autoridades que subieran los precios del combustible, muchos habitantes de las ciudades han dejado de ir en coche al trabajo, optando en su lugar por el metro, la bicicleta o los taxis (muchos de los cuales funcionan con batería). Durante una semana festiva nacional en mayo, la recarga de vehículos eléctricos en las autopistas aumentó casi un 55 % en comparación con el año anterior. Los trenes están compensando la caída de los vuelos nacionales, cuyo número se ha reducido drásticamente. Las autoridades locales han pospuesto las obras de infraestructura, lo que ha supuesto un ahorro de gasóleo. Ciarán Healy, de la Agencia Internacional de la Energía, calcula que China consumió un 10 % menos de gasolina y queroseno en los dos primeros meses de la guerra que en el mismo periodo del año anterior. La industria petroquímica china, la mayor del mundo, también se está adaptando a las difíciles circunstancias. El año pasado transformó millones de barriles diarios de nafta y GLP —gran parte procedente del Golfo— en polímeros —materiales que van desde el PVC y el caucho sintético hasta el nailon y el poliéster—, que las fábricas chinas utilizan por toneladas. Ante la falta de materias primas procedentes del Golfo y la orden gubernamental de dar prioridad al combustible frente a las materias primas, las empresas petroquímicas han ideado formas de fabricar algunos polímeros utilizando carbón y etano, un subproducto gaseoso del refinado del petróleo.

El impacto global de todas estas medidas de austeridad en la economía china parece ser manejable. Años de inversión respaldada por el Estado en energías renovables y transporte sostenible han hecho que el sistema energético sea más flexible. Años de «involución», en los que la feroz competencia ha provocado un exceso de capacidad en sectores como el petroquímico, han dejado a China con grandes existencias sin vender de polímeros y de los productos en los que se incorporan.

Esas reservas explican por qué los precios al productor no se están disparando y los precios al consumidor se mantienen bajo control. Aunque el PIB creció un 4,3 % en el segundo trimestre —el ritmo más lento desde finales de 2022—, esto se debe más a la debilidad de la inversión y a las secuelas de la crisis inmobiliaria que a una escasez de petróleo. Además, el gobierno aún puede recurrir a sus reservas estratégicas de petróleo, a las que apenas ha echado mano, señala Michal Meidan, del Oxford Institute for Energy Studies, un centro de estudios.

Las reservas chinas de crudo, combustibles y polímeros, aunque son mayores de lo que se creía fuera del país, son finitas. Un distribuidor afirma que acaba de vender un cargamento de polietileno que llevaba en su almacén desde 2021. A diferencia de la OPEP, que, en principio, puede mantener los recortes de producción durante años, China no puede seguir importando 5,5 millones de barriles diarios menos de lo habitual de forma indefinida. Sin embargo, la guerra de Irán ha demostrado que, en la práctica, China puede estabilizar por sí sola el mercado mundial del petróleo durante un periodo de muchos meses. Los líderes del cada vez más dividido cártel petrolero solo pueden soñar con hacer lo mismo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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