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China quiere su parte del Ártico: la misión científica que les ha permitido explorar a más de 5.000 metros de profundidad

China quiere su parte del Ártico: la misión científica que les ha permitido explorar a más de 5.000 metros de profundidad
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El sumergible chino Fendouzhe explora las profundidades del Ártico mientras el deshielo abre nuevas rutas marítimas entre Asia y Europa. Más información: Desaparece en la Antártida un submarino tras mapear 130 km2 y detectar unas extrañas estructuras desconocidas

Deshielo del Ártico. EFE

Ciencia China quiere su parte del Ártico: la misión científica que les ha permitido explorar a más de 5.000 metros de profundidad

El sumergible chino Fendouzhe explora las profundidades del Ártico mientras el deshielo abre nuevas rutas marítimas entre Asia y Europa.

Más información: Desaparece en la Antártida un submarino tras mapear 130 km2 y detectar unas extrañas estructuras desconocidas

Publicada 19 marzo 2026 07:57h

Las claves nuevo Generado con IA

El Ártico, durante siglos percibido como un desierto helado y remoto, se ha convertido en uno de los escenarios estratégicos más disputados del planeta. China quiere su parte y acaba de demostrarlo explorando sus profundidades más inaccesibles.

Para lograrlo, Pekín ha completado una expedición científica sin precedentes con su sumergible tripuladoFendouzhe, conocido como "Luchador". Durante casi dos meses, este vehículo realizó 43 inmersiones bajo una espesa capa de hielo marino.

El momento más espectacular llegó cuando el aparato descendió hasta los 5.277 metros de profundidad en la cuenca central del océano Ártico. Con esa maniobra, China demuestra una capacidad tecnológica que muy pocos países poseen hoy.

Aunque el Gobierno chino insiste en que la misión tiene fines científicos, muchos analistas occidentales observan el proyecto con cautela. La exploración del fondo marino puede anticipar futuras rutas comerciales y recursos estratégicos aún ocultos.

El deshielo acelerado del Ártico está transformando esa región en un corredor marítimo cada vez más codiciado. Nuevas rutas entre Asia y Europa reducen semanas de navegación respecto a los trayectos tradicionales por Suez.

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Un ejemplo reciente lo demuestra. Un carguero chino completó el trayecto entre puertos asiáticos y Reino Unido en apenas veinte días aprovechando el paso ártico. Cada temporada de deshielo amplía esa ventana logística global.

Para sostener estas operaciones, Pekín ha desarrollado el buque científico Tansuo-3, diseñado para trabajar entre placas de hielo densas y condiciones extremas. Desde esta plataforma se coordinan submarinos tripulados, sensores avanzados y sistemas autónomos.

Carrera tecnológica por el Ártico

El corazón tecnológico de la misión es el sumergible Fendouzhe, construido con un resistente casco esférico de aleación de titanio. Este material soporta presiones aplastantes mientras protege a los tripulantes en aguas cercanas al punto de congelación.

La carrera por dominar las profundidades del Ártico tiene antecedentes simbólicos. En 2007, Rusia sorprendió al mundo cuando un sumergible plantó una bandera de titanio en el lecho marino a 4.261 metros de profundidad.

Estados Unidos ha seguido otro camino. Washington apuesta sobre todo por vehículos submarinos no tripulados, redes de sensores y plataformas autónomas capaces de vigilar durante meses regiones inaccesibles del océano helado.

La presión geopolítica también ha crecido por las declaraciones de Donald Trump sobre la importancia estratégica de controlar el Ártico. Ese discurso ha acelerado inversiones tecnológicas y militares en varias potencias.

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España observa estos movimientos con atención científica. El buque oceanográfico Hespérides participa desde hace décadas en campañas polares que analizan hielo, océanos y atmósfera. Los datos resultan clave para comprender el cambio climático global.

Más allá de la rivalidad estratégica, estas misiones permiten estudiar ecosistemas casi desconocidos. A más de cinco kilómetros bajo el hielo sobreviven microorganismos adaptados a presiones enormes, oscuridad total y temperaturas cercanas al límite biológico.

Las muestras recogidas durante las inmersiones pueden revelar compuestos bioquímicos inéditos. Algunos investigadores creen que estos organismos extremos podrían inspirar nuevos antibióticos, enzimas industriales o tecnologías médicas todavía inimaginables para la ciencia actual.

El Fendouzhe también transporta sensores capaces de cartografiar con enorme precisión el relieve submarino. Estos mapas permiten localizar depósitos de nódulos ricos en tierras raras, minerales esenciales para baterías, turbinas eólicas y microchips.

Ese potencial explica por qué cada avance científico tiene una lectura económica inmediata. Las materias primas del fondo marino podrían influir en la transición energética y en la carrera global por la tecnología avanzada.

Algunos expertos proponen evitar una nueva confrontación polar mediante acuerdos internacionales similares al Tratado de la Antártida, que protege ese continente para la investigación científica y limita las disputas territoriales.

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