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China vendió baterías baratas durante años. El problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa

China vendió baterías baratas durante años. El problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa
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Durante más de una década, el mundo se acostumbró a una idea que parecía incuestionable: las baterías —el corazón de los coches eléctricos, de las energías renovables, de los centros de datos y de la guerra moderna— serían cada vez más baratas. China las fabricaba en masa, dominaba la tecnología, controlaba los materiales críticos y aceptaba márgenes mínimos, incluso pérdidas. Para Occidente, el modelo era cómodo: importar, abaratar costes y acelerar la transición energética. Esa normalidad, sin embargo, ha empezado a resquebrajarse. Un punto de inflexión en el mercado chino. En los últimos meses, varios fabricantes de baterías de litio han empezado a anunciar subidas de precios tras casi tres años de competencia feroz y ventas por debajo de coste. Según South China Morning Post, el caso más visible es el de Deegares, que comunicó un aumento del 15%, abriendo un debate sobre si el sector está empezando a salir del ciclo de "involución", una dinámica en la que producir más, vender más barato y ganar menos se había convertido en la norma. El detonante inmediato ha sido el repunte del precio del litio, que ha subido alrededor de un 70% desde su mínimo anual. Este rebote responde a varios factores que se superponen: el auge de los centros de datos para inteligencia artificial, un repunte de la demanda de vehículos eléctricos en China y una intervención cada vez más explícita del Estado para ordenar el sector. El propio Ministerio de Industria chino ha reunido a los principales actores del mercado y ha prometido acelerar medidas para frenar la llamada "competencia irracional". En Xataka EEUU creía haber dado un golpe mortal a China cuando le privó de NVIDIA. Tan solo aceleró un plan: 'Delete America' Un modelo tensionado. Los precios de venta de los sistemas de almacenamiento energético en China se han desplomado hasta un 80% en apenas tres años. Algunas compañías operan con márgenes brutos del 15% al 20% en el mercado doméstico, muy lejos del 40% o 50% habitual en Estados Unidos. La rentabilidad real, admiten analistas citados por SCMP, estaba en las exportaciones. Y exportando, China ha seguido dominando. Este año ha logrado vender baterías de litio por valor de más de 69.000 millones de dólares. Según el análisis del experto energético Gavin Maguire en Reuters, este hito se explica por el hambre voraz de Alemania y Estados Unidos por sistemas de almacenamiento a gran escala, esenciales para estabilizar redes eléctricas saturadas por renovables y centros de datos. En la práctica, cada nuevo centro de datos de IA en Europa o Norteamérica arranca con una dependencia silenciosa: miles de baterías diseñadas, fabricadas y ensambladas en China. El bajo precio ocultó una realidad incómoda. Todo este tiempo había una verdad que nadie decía en voz en alta, tal vez por lo evidente que resultaba: no había alternativa real China. Este nuevo año 2026 estará marcado por la expansión masiva de los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial, instalaciones que consumen cantidades de electricidad comparables a las de una ciudad pequeña y que necesitan baterías de gran escala para garantizar un suministro continuo. Google ha instalado más de 100 millones de celdas de ion-litio en sus centros de datos, mientras que Microsoft planea eliminar los generadores diésel antes de 2030, sustituyéndolos por baterías para cumplir sus objetivos climáticos. Las previsiones confirman que el riesgo no es teórico. La Agencia Internacional de la Energía lo resume con crudeza. Si en 2024 China fabricó el 99% de las celdas LFP del mundo y refinó la mayor parte de los materiales críticos como el litio y el grafito. Para su director ejecutivo, Fatih Birol, depender de un solo país para una tecnología estratégica es un riesgo comparable al que supuso para Europa su dependencia del gas ruso. El ajuste chino. Lejos de retirarse, Pekín busca ahora ordenar el sector sin perder su dominio. La intervención estatal se traduce en frenar la sobrecapacidad más extrema, revisar licencias mineras, limitar ventas a pérdidas y permitir que los precios suban hasta niveles sostenibles. El objetivo no es encarecer las baterías de forma abrupta, sino evitar que una industria estratégica se autodestruye a base de competir consigo misma. El control de las materias primas sigue siendo la palanca central. China procesa alrededor del 80% del litio mundial y produce cerca del 90% de los ánodos y electrolitos utilizados en baterías. Cuando Estados Unidos o Europa imponen aranceles, China responde restringiendo exportaciones de metales críticos. El mensaje es inequívoco: el poder no reside solo en fabricar baterías, sino en controlar cada eslabón de la cadena. La respuesta occidental. En paralelo, Estados Unidos y Europa intentan reaccionar. Según el informe de Sprott, los gobiernos occidentales han empezado a tratar el litio y las baterías como activos estratégicos. Washington ha invertido directamente en proyectos mineros, ha multiplicado el número de gigafactorías previstas y ha incluido restricciones a la compra de baterías chinas en la legislación de defensa. Europa sigue un camino similar, aunque más lento, apoyando proyectos de extracción y refinado locales y buscando reducir su dependencia de China. Grandes petroleras como Exxon o Chevron han entrado en el negocio del litio, y países como Alemania financian producción doméstica para asegurar suministro y reducir riesgos geopolíticos. Aun así, el consenso entre analistas es claro: replicar el modelo chino llevará años. Las regulaciones ambientales, los costes laborales y la ausencia de una planificación industrial centralizada hacen que competir en precio sea, por ahora, imposible. El desacople, si llega, será lento, caro y políticamente incómodo. Un dominio planificado. Es el resultado directo del plan Made in China 2025, con el que Pekín decidió dejar de ser la fábrica barata del mundo para convertirse en líder tecnológico. China ya domina los paneles solares, los aerogeneradores, los vehículos eléctricos y las baterías de litio. Además, controla minerales estratégicos como el grafito y ha integrado verticalmente toda la cadena de valor. De hecho, el gigante asiático es el primer “electroestado” del mundo: una potencia cuyo poder ya no se basa en el petróleo, sino en gigavatios renovables, electrones y baterías. Esa estrategia ha reducido sus emisiones, ha debilitado a los petroestados y ha convertido su industria energética en una herramienta de influencia global. El verdadero coste de las baterías. Durante años, ese bajo precio permitió acelerar la transición energética global, pero también creó una dependencia profunda y silenciosa. Ahora que China empieza a ordenar su mercado, a subir precios y a priorizar su propia estrategia industrial, el mundo comienza a descubrir el coste real de haber delegado el corazón de su sistema energético. Las baterías ya no son solo un componente industrial. Son infraestructura crítica, herramienta geopolítica y factor de seguridad nacional. Y en un mundo que se electrifica a toda velocidad, quien controle su producción controlará una parte decisiva del poder del siglo XXI. Imagen | Freepik Xataka | ASML ha tenido durante años monopolio exclusivo sobre las complejísimas máquinas de fotolitografía. China está cerca de romperlo - La noticia China vendió baterías baratas durante años. El problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
China vendió baterías baratas durante años. El problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa
  • El litio ha subido su precio alrededor de un 70% desde su mínimo anual

  • China procesa alrededor del 80% del litio mundial y produce cerca del 90% de los ánodos y electrolitos utilizados en baterías

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Alba Otero

Editora - Energía

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Durante más de una década, el mundo se acostumbró a una idea que parecía incuestionable: las baterías —el corazón de los coches eléctricos, de las energías renovables, de los centros de datos y de la guerra moderna— serían cada vez más baratas. China las fabricaba en masa, dominaba la tecnología, controlaba los materiales críticos y aceptaba márgenes mínimos, incluso pérdidas. Para Occidente, el modelo era cómodo: importar, abaratar costes y acelerar la transición energética.

Esa normalidad, sin embargo, ha empezado a resquebrajarse.

Un punto de inflexión en el mercado chino. En los últimos meses, varios fabricantes de baterías de litio han empezado a anunciar subidas de precios tras casi tres años de competencia feroz y ventas por debajo de coste. Según South China Morning Post, el caso más visible es el de Deegares, que comunicó un aumento del 15%, abriendo un debate sobre si el sector está empezando a salir del ciclo de "involución", una dinámica en la que producir más, vender más barato y ganar menos se había convertido en la norma.

El detonante inmediato ha sido el repunte del precio del litio, que ha subido alrededor de un 70% desde su mínimo anual. Este rebote responde a varios factores que se superponen: el auge de los centros de datos para inteligencia artificial, un repunte de la demanda de vehículos eléctricos en China y una intervención cada vez más explícita del Estado para ordenar el sector. El propio Ministerio de Industria chino ha reunido a los principales actores del mercado y ha prometido acelerar medidas para frenar la llamada "competencia irracional".

En XatakaEEUU creía haber dado un golpe mortal a China cuando le privó de NVIDIA. Tan solo aceleró un plan: 'Delete America'

Un modelo tensionado. Los precios de venta de los sistemas de almacenamiento energético en China se han desplomado hasta un 80% en apenas tres años. Algunas compañías operan con márgenes brutos del 15% al 20% en el mercado doméstico, muy lejos del 40% o 50% habitual en Estados Unidos. La rentabilidad real, admiten analistas citados por SCMP, estaba en las exportaciones.

Y exportando, China ha seguido dominando. Este año ha logrado vender baterías de litio por valor de más de 69.000 millones de dólares. Según el análisis del experto energético Gavin Maguire en Reuters, este hito se explica por el hambre voraz de Alemania y Estados Unidos por sistemas de almacenamiento a gran escala, esenciales para estabilizar redes eléctricas saturadas por renovables y centros de datos. En la práctica, cada nuevo centro de datos de IA en Europa o Norteamérica arranca con una dependencia silenciosa: miles de baterías diseñadas, fabricadas y ensambladas en China.

El bajo precio ocultó una realidad incómoda. Todo este tiempo había una verdad que nadie decía en voz en alta, tal vez por lo evidente que resultaba: no había alternativa real China. Este nuevo año 2026 estará marcado por la expansión masiva de los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial, instalaciones que consumen cantidades de electricidad comparables a las de una ciudad pequeña y que necesitan baterías de gran escala para garantizar un suministro continuo. Google

Fuente original: Leer en Xataka
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