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Chris Kraus, a sangre caliente

Chris Kraus, a sangre caliente
Artículo Completo 872 palabras
Abundan —cada vez son más— los libros que desconciertan por lo malos que son, pero sólo muy de tanto en tanto aparece un libro que desconcierta por lo bueno que es . 'Los cuatro pasaron el día juntos' de Chris Kraus es uno de ellos. Y, se sabe, Kraus (New York, 1955) es una autora desconcertante y algo así como la versión Mrs. Hyde para esa Dra. Jekyll que es Rachel Cusk a la hora de manipular y procesar y destilar materiales de la realidad para llevarlos a su propio y muy personal terreno . Narrativa 'Los cuatro pasaron el día juntos' Autora Chris Kraus Editorial Random House Páginas 288 Precio 21,90 euros Valoración ****Y —si uno estuvo cerca de ellas y de ese fuego supuestamente amigo pero más bien incendio forestal dispuesto a arrasar con todo incluyendo a sí mismas— ya sabe, más de una vez prefiriendo no saber, a qué atenerse o a no sostenerse. Porque en sus libros todo lo que sube no baja sino que cae y se precipita, como los acontecimientos que en ellos acontecen. Y aquí y ahora Kraus —polimorfa y perversa escritora y crítica y editora y directora de cine y 'performer' y profesora y autora de ese 'best-seller' de culto y 'memoir¡-epistolar de título 'risqué', 'I Love Dick', promovido por adoradoras como Lena Dunham y Sheila Heti y devenido serie de Amazon— vuelve a proponer un espécimen mutante. Algo donde la obsesión por «la forma ante todo» y la autobiografía y la filosofía y el criticismo teórico y la disección de la alta cultura no están reñidas con el interés arqueo-antropológico-voyeurístico por las clases más bajas del Imperio Americano. Y todo se funde y confunde añadiendo un tan inesperado como sorprende ingrediente al potaje: la reinvención de eso tan de moda que se conoce como 'true crime'. Aquí Kraus vuelve a lucir otra máscara/avatar casi transparente —la escritora Catt Greene, a quien Kraus ya había invocado como Catt Dunlop en su anterior 'Summer of Hate', súbitamente famosa luego de que uno de sus libros haya sido llevada a la pequeña pantalla y, al igual que Kraus, denunciada/cancelada como señora-feudal inmobiliaria en Twitter— para dar, sí, forma a tres partes/movimientos (con un apéndice/transcripción). Tres secciones-generaciones explorando las pistas inconexas de la disfuncional infancia y el derrumbe de la vida en pareja de CattTres secciones-generaciones explorando alternativamente las pistas aparentemente inconexas de la disfuncional infancia y el derrumbe de la vida en pareja de Catt (y quien firma esta reseña pocas veces leyó un retrato tan clínico como sentido de la desesperada convivencia con alguien desesperado, inspirado directamente en Paul García, segundo marido de Kraus, cuyo hobby es el vaciado de botellas) con un crimen en Minnesota que involucra a un puñado de desoladores adolescentes sin nada mejor que hacer. Y esto es lo verdaderamente formidable, la gran idea de la cuestión: Catt se concentra en un asesinato para no tener que pensar en el suicidio de su amor. Y, sí, en una entrevista Kraus confesó que —mientras se preparaba para escribir lo suyo— estudió a fondo hitos como 'A sangre fría' de Truman Capote y 'La canción del verdugo' de Norman Mailer ; pero que enseguida se dio cuenta que ya no se podían crear libros así, basados en la investigación/documentación, porque «la gente ya no te habla como a ellos desde la existencia de internet y de las redes sociales». Además, sus chicos asesinos —tal vez por su sobreexposición a las pantallas— eran «mucho menos interesantes que los asesinos de entonces». Pero 'Los cuatro pasaron el día juntos' es un libro tan interesante —y revolucionario— como aquellos. De ahí y por eso, lo del principio, lo felizmente desconcertante: 'Los cuatro pasaron el día juntos' —a sangre caliente, afinado ejecutor, políticamente implacable en su correcta incorrección— es un libro que abraza un género para clavarle un degenerado cuchillo en la espalda. Y —es el término que Kraus prefiere— el horneado en el molde de la 'novela no-ficción' para salir despedida en todas las direcciones y dar la bienvenida a un lector que se enfrenta a todo con la muy personal mirada de rayos X de Catt, quien parece haber olvidado el uso de sus párpados, quien lo ve todo, incluso todo lo que quisiera no ver. Y que, enseguida, lo pone por escrito para que lo veamos nosotros sin poder dejar de verlo. Tomar nota: la autoficción era —o debería ser, y por suerte de tanto en tanto lo es— esto.

Abundan —cada vez son más— los libros que desconciertan por lo malos que son, pero sólo muy de tanto en tanto aparece un libro que desconcierta por lo bueno que es. 'Los cuatro pasaron el día juntos' de Chris Kraus es uno de ellos.

Y, se sabe, Kraus (New York, 1955) es una autora desconcertante y algo así como la versión Mrs. Hyde para esa Dra. Jekyll que es Rachel Cusk a la hora de manipular y procesar y destilar materiales de la realidad para llevarlos a su propio y muy personal terreno.

Y —si uno estuvo cerca de ellas y de ese fuego supuestamente amigo pero más bien incendio forestal dispuesto a arrasar con todo incluyendo a sí mismas— ya sabe, más de una vez prefiriendo no saber, a qué atenerse o a no sostenerse. Porque en sus libros todo lo que sube no baja sino que cae y se precipita, como los acontecimientos que en ellos acontecen.

Y aquí y ahora Kraus —polimorfa y perversa escritora y crítica y editora y directora de cine y 'performer' y profesora y autora de ese 'best-seller' de culto y 'memoir¡-epistolar de título 'risqué', 'I Love Dick', promovido por adoradoras como Lena Dunham y Sheila Heti y devenido serie de Amazon— vuelve a proponer un espécimen mutante.

Algo donde la obsesión por «la forma ante todo» y la autobiografía y la filosofía y el criticismo teórico y la disección de la alta cultura no están reñidas con el interés arqueo-antropológico-voyeurístico por las clases más bajas del Imperio Americano. Y todo se funde y confunde añadiendo un tan inesperado como sorprende ingrediente al potaje: la reinvención de eso tan de moda que se conoce como 'true crime'.

Aquí Kraus vuelve a lucir otra máscara/avatar casi transparente —la escritora Catt Greene, a quien Kraus ya había invocado como Catt Dunlop en su anterior 'Summer of Hate', súbitamente famosa luego de que uno de sus libros haya sido llevada a la pequeña pantalla y, al igual que Kraus, denunciada/cancelada como señora-feudal inmobiliaria en Twitter— para dar, sí, forma a tres partes/movimientos (con un apéndice/transcripción).

Tres secciones-generaciones explorando las pistas inconexas de la disfuncional infancia y el derrumbe de la vida en pareja de Catt

Tres secciones-generaciones explorando alternativamente las pistas aparentemente inconexas de la disfuncional infancia y el derrumbe de la vida en pareja de Catt (y quien firma esta reseña pocas veces leyó un retrato tan clínico como sentido de la desesperada convivencia con alguien desesperado, inspirado directamente en Paul García, segundo marido de Kraus, cuyo hobby es el vaciado de botellas) con un crimen en Minnesota que involucra a un puñado de desoladores adolescentes sin nada mejor que hacer. Y esto es lo verdaderamente formidable, la gran idea de la cuestión: Catt se concentra en un asesinato para no tener que pensar en el suicidio de su amor.

Y, sí, en una entrevista Kraus confesó que —mientras se preparaba para escribir lo suyo— estudió a fondo hitos como 'A sangre fría' de Truman Capote y 'La canción del verdugo' de Norman Mailer; pero que enseguida se dio cuenta que ya no se podían crear libros así, basados en la investigación/documentación, porque «la gente ya no te habla como a ellos desde la existencia de internet y de las redes sociales». Además, sus chicos asesinos —tal vez por su sobreexposición a las pantallas— eran «mucho menos interesantes que los asesinos de entonces».

Pero 'Los cuatro pasaron el día juntos' es un libro tan interesante —y revolucionario— como aquellos.

De ahí y por eso, lo del principio, lo felizmente desconcertante: 'Los cuatro pasaron el día juntos' —a sangre caliente, afinado ejecutor, políticamente implacable en su correcta incorrección— es un libro que abraza un género para clavarle un degenerado cuchillo en la espalda. Y —es el término que Kraus prefiere— el horneado en el molde de la 'novela no-ficción' para salir despedida en todas las direcciones y dar la bienvenida a un lector que se enfrenta a todo con la muy personal mirada de rayos X de Catt, quien parece haber olvidado el uso de sus párpados, quien lo ve todo, incluso todo lo que quisiera no ver. Y que, enseguida, lo pone por escrito para que lo veamos nosotros sin poder dejar de verlo.

Tomar nota: la autoficción era —o debería ser, y por suerte de tanto en tanto lo es— esto.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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