“Las reentradas son cada vez más frecuentes. El año pasado, varios satélites entraban en nuestra atmósfera cada día, y no contamos con verificación independiente de dónde entraron, si se fragmentaron, si se quemaron en la atmósfera o si llegaron a la Tierra”, dijo Benjamin Fernando, investigador postdoctoral de la Universidad Johns Hopkins que estudia los terremotos en la Tierra y en otros planetas del sistema solar. “Este es un problema creciente y seguirá empeorando”.
Como ya fue notado, la mayoría de estos fragmentos son pequeños, por lo que se desintegran al ingresar a la atmósfera sin mayores consecuencias. Es mucho más probable ser impactado por un rayo o que ganes la lotería varias veces a que mueras por la caída de escombros espaciales.Sin embargo, el riesgo más preocupante que implica la basura espacial no es tanto por un golpe directo, sino por los efectos derivados de la caída de un fragmento de mayor volumen. Por ejemplo, los desechos espaciales que entran en la atmósfera se desplazan a una velocidad superior a la del sonido, detonando en su trayecto explosiones sónicas u ondas de choque similares a las producidas por aviones de combate. A medida que los escombros caen a la Tierra, las vibraciones de la onda de choque hacen que retumbe el suelo o las estructuras, lo que puede resultar en daños considerables.
Otro riesgo es el material tóxico que los escombros pueden liberar al caer. “En 1996, los restos de la nave espacial rusa Mars 96 se salieron de órbita”, recordó Fernando. “Se creyó que se habían quemado y que su fuente de energía radiactiva aterrizó intacta en el océano. Se intentó rastrearla en aquel momento, pero su ubicación nunca se confirmó. Más recientemente, un grupo de científicos encontró plutonio artificial en un glaciar de Chile, lo que creen que es evidencia de que la fuente de energía se desintegró durante el descenso y contaminó la zona”.
Para evitar la contaminación de una zona por la toxicidad de escombros especiales, Fernando resalta la urgencia de recolectar los fragmentos en cuanto antes. “Si quieres ayudar, es importante que averigües dónde han caído rápidamente, en 100 segundos en lugar de 100 días, por ejemplo. Es fundamental que desarrollemos tantas metodologías como sea posible para rastrear y caracterizar los desechos espaciales”.
El rastro que deja la basura
Benjamin Fernando y su colega, Constantinos Charalambous, investigador del Imperial College de Londres, desarrollaron un método para rastrear la basura espacial, basándose justo en las vibraciones en la corteza terrestre que los sismógrafos pueden registrar con gran precisión. Las redes sísmicas existentes contienen decenas o incluso cientos de estaciones monitoreando constantemente las vibraciones de la Tierra para estudiar terremotos y actividad geológica. Al sumar las señales de múltiples estaciones, los científicos pueden triangular la ubicación de un ingreso de basura espacial y reconstruir la trayectoria del objeto. Esto método les permite estimar dónde y cómo se fragmentó el objeto durante su descenso.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowComo caso de estudio, los investigadores aplicaron su metodo al descenso del módulo orbital de la nave china Shenzhou-15, que reingresó a la atmósfera terrestre el 2 de abril de 2024 cerca de Las Vegas. Con los datos de 124 instrumentos de la Red Sísmica del Sur de California y una estación adicional en Nevada, los investigadores no solo pudieron rastrear el descenso de un módulo que pesaba 1.5 toneladas y que caía a 10 veces la velocidad del avión más rápido, también lograron registrar en qué punto se separaron los fragmentos del mismo y cómo fue que estos siguieron trayectorias distintas antes de desintegrarse por completo en su acercamiento a la superficie.
Los resultados de este análisis fueron publicados esta semana en la revista Science.