Han pasado cinco años desde la publicación de la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, la LORE. En aquel momento más de un 80% de la población apoyaba esta norma, según el CIS. Hoy, el apoyo popular es similar. María Luisa Carcedo echa la vista atrás para recordar el espíritu de esta norma que estos días ha vuelto a debatirse con la publicidad del caso de Noelia Castillo. Tras dos años de periplo judicial por los recursos interpuestos por su padre, esta joven de 25 años falleció finalmente por eutanasia el pasado jueves.
El balance de la LORE: un lustro de derechos civiles y aval judicial
Carcedo, ex ministra socialista del primer ejecutivo de Pedro Sánchez tras la moción de censura a Mariano Rajoy, fue la gran impulsora de la norma. Con Salvador Illa al frente de Sanidad en plena segunda ola de Covid, en marzo de 2021, vio cómo el Congreso dio luz verde a la norma con los votos en contra del PP y Vox, cuyos recursos no dieron sus frutos. «La ley está ratificada por el Tribunal Supremo y Constitucional», dice tajante Carcedo.
Hasta hoy, 1.123 personas se han podido beneficiar de este derecho recogido en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud. La socialista detalla cómo este derecho civil se regula a partir de cuatro derechos fundamentales -«el derecho a la dignidad, a la salud y a la integridad física, a la libertad ideológica y a la propia imagen»- y «se hace efectivo a través de la prestación sanitaria».
Garantías y filtros: cómo se evalúa el «sufrimiento constante e intolerable»
Nuria Terribas Sala, vicepresidenta del Comité de Bioética de Cataluña, también apunta por qué es algo que se realiza desde la Medicina, aunque muchos lo consideren ajeno. «Se trata de darle al paciente lo mejor que haya para él en el momento determinado». Terribas asegura que ellos solo ven a la persona en el momento que la solicita: «Cuáles son sus niveles de sufrimiento físico y psíquico. Si hay terapias o formas de paliarlo, se trabaja con psicólogos y psiquiatras, con expertos en dolor y se tienen en cuenta todas esas circunstancias presentes y futuras (si hay posibilidad de reversibilidad) para aprobar o denegar una solicitud». Además, «son tres informes y muchos médicos que permanecen anonimizados para que luego no se pueda ir contra ellos», apunta Carcedo, quien defiende las garantías que soportan la ley. Y ambas recuerdan que «la persona puede frenar el proceso en cualquier momento».
Más de 1.100 personas han recibido la prestación
«Esta ley está pensada para mayores de 18 años que reúnen los requisitos descritos», apunta Carcedo sobre las dudas que ha generado que una persona tan joven pida la eutanasia. Desde 2021, 21 menores de 30 años la han solicitado. En 2024 finalizaron el proceso cuatro. Terribas deja claro que la edad solo es un número cuando se realizan determinados expedientes, «en las mismas circunstancias, pero a edades más avanzadas esto no se cuestiona».
Los diputados de Vox en el Congreso cuando se dio luz verde a la eutanasia.Samuel Sánchez¿Eutanasia o suicidio asistido? Lo que dice la letra pequeña de la ley
A raíz del caso de Noelia también se ha cuestionado si la LORE permite el suicidio asistido. Lo cierto es que no lo menciona como tal, porque lo que viene a regular es la muerte digna y cómo se llega a ella tras su petición. Pero el artículo 3.g.2ª admite la prestación de ayuda a morir como «la prescripción o suministro al paciente por parte del profesional sanitario de una sustancia, de manera que esta se la pueda autoadministrar, para causar su propia muerte».
En este supuesto de suicidio asistido «el médico responsable, así como el resto de los profesionales sanitarios, tras prescribir la sustancia que el propio paciente se autoadministrará, mantendrá la debida tarea de observación y apoyo a este hasta el momento de su fallecimiento» (artículo 11.3). Por lo tanto, el médico responsable de una eutanasia prescribe la medicación, la suministra (si no es suicidio asistido) y certifica la muerte del paciente, como muerte natural.
«El Supremo y el Constitucional la ratificaron», dice Mª Luisa Carcedo
José María Domínguez Roldán, presidente de la Comisión Central de Deontología Médica de la OMC, recuerda que «la eutanasia no es un acto médico, sino legal». Y apunta lo que dice el Código de Deontología Médica, que fue aprobado en 2022, después de que la LORE entrara en vigor: «El médico no deberá provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte del paciente», dice el artículo 38.4. También el Código recoge: «El médico que actúa amparado por las leyes del Estado no puede ser sancionado deontológicamente». De ahí que haya un registro de objetores cuyas cifras varían entre comunidades autónomas, «pero está claro que se ve por zonas del mapa de España que, según quién gobierne, hay un mayor volumen o menos», desliza Terribas, que pone en contraposición la población de Madrid y Andalucía con la de Cataluña y cómo en las primeras hay menos procesos.
Algunos médicos creen que «esta ley empezó la casa por el tejado». Francisco Diego Ruiz-López, del Grupo de Trabajo de Manejo de Opioides de la Sociedad Española del Dolor, médico de paliativos a domicilio y objetor de conciencia, subraya que «a la muerte digna se puede llegar por muchos caminos y en ellos siempre están los cuidados paliativos». Confiesa que el no compartir la decisión con sus pacientes no le ha alejado de ellos, al contrario, «hemos estado ahí hasta el final que él ha decidido, junto a su familia y aliviando el sufrimiento en todo momento».
«Antes de la LORE, urge más dibujar un plan nacional de paliativos»
Carlos Centeno, director de Medicina Paliativa de la Clínica Universidad de Navarra, considera que eutanasia y asuntos paliativos «son asuntos distintos y hasta cierto punto independientes. Los cuidados paliativos son para todos. La eutanasia, esa triste situación, es para aquellos que lo eligen. Muchas veces lo eligen porque no han tenido unos cuidados paliativos adecuados. No siempre, pero la mayoría de los casos en los que alguien desea morir es porque no tiene el apoyo y el control sintomático excelente que hoy la medicina y los cuidados paliativos pueden proveer».
«El problema no son esos pocos casos», añade, «sino que legislar sobre ello, por una parte, envía un mensaje a la sociedad de que hay vida sin valor, que no merecen ser vividas y que, por tanto hay que ayudarles a terminar, en vez de protegerlas, en vez de cuidarlas. Por otra parte, legislar sobre eutanasia pone en riesgo y presión a los más frágiles, a los mayores y a los enfermos. Y bajo presión pueden elegir terminar cuando podrían vivir una vida muy significativa».
Horizonte 2026-2030: profesionalización y el refuerzo de los cuidados paliativos
Esta semana el Consejo Interterritorial tenía entre sus tareas del día tres puntos claves en este momento: el Manual de Buenas Prácticas en Eutanasia (2ª Edición, año 2026); el Mapa de Recursos de Cuidados Paliativos del SNS 2024 y el Documento 2026-2030 para el desarrollo de la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud.
Una de las novedades es el papel de la Enfermería, que cobra un rol más protagonista, que se asemeja a los coordinadores de trasplantes. También amplía los plazos de aplazamiento por parte del paciente de hasta seis meses, frente al máximo de dos en la actualidad. Y acortará los tiempos en aquellos casos en los que el paciente vaya a morir antes de recibir la prestación. Los datos de 2024 apuntan que esto le ha sucedido a 308 personas, un 33,15% del total (929 ).
El Supremo dictaminará quién puede apelar contra la petición
Junto a esto, hay que mejorar otras lagunas de una ley tras un lustro de puesta en práctica. «Sobre los plazos, debemos asumir que somos pocos para el volumen de casos que tenemos», lamenta Terribas, que demanda más recursos humanos que «solo se dediquen a esto». La experta en bioética subraya que «hacemos esto además de nuestro trabajo, son horas que echamos de más sin recibir nada a cambio». El tiempo medio de resolución de los casos está entre los 40 y los 60 días. «Si hay que acortarlos, habrá que profesionalizar al personal», insiste Terribas.
Otro de los asuntos primordiales es quién puede recurrir esa decisión personal. Un supuesto que también ha salido a la luz el atípico caso de Noelia, cuya decisión final vino del recurso a favor de la joven del Tribunal de Estrasburgo. El Tribunal Supremo ya ha dicho a la Generalitat de Cataluña que fijará jurisprudencia sobre quién está legitimado para recurrir jurídicamente la concesión de la eutanasia de una persona que sea mayor de edad. Esto sucede porque ya se enfrentaron a un caso similar en la región, pero se han dado otros en Galicia.
Carcedo recuerda «una sentencia del Tribunal Supremo que dice que todos tenemos derecho a la vida, pero no el deber de conservarla». «Esa es la clave de todo», sentencia.
Fotograma de la entrevista a Noelia Castillo en el programa 'Y ahora Sonsoles' (Antena 3).E.M.Un debate sobre un caso atípico: la petición de Noelia con sólo 25 años
Noelia Castillo hace dos años pidió la eutanasia y, en dos meses, tras los informes favorables de los tres filtros necesarios, consiguió el visto bueno a su petición. Pero han tenido que pasar más de 600 días para que pudiera finalizar el proceso. Su padre lo frenó en distintas instancias judiciales hasta que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló la decisión de la joven de 25 años.
Su caso ha levantado un gran revuelo por cómo se sucedieron los hechos previos a encontrarse en la situación de convivir con «un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable», provocado por una discapacidad del 74%, dolores neuropáticos que no remitían con fármacos paliativos y una salud mental resquebrajada por un trastorno límite de la personalidad y un trastorno obsesivo-compulsivo con ideas paranoides y suicidas recurrentes.
«Lo único que distorsiona en este caso es la edad», apunta Nuria Terribas. Eso y que su familia no compartía su decisión. Acudir a un plató a contar su historia también ha supuesto un examen para la sociedad española cinco años después de la puesta en marcha de la ley. «Cuando se analiza a la persona, no hacemos balance de su vida, sino de su presente y su futuro», zanja Terribas.