Altar improvisado en recuerdo de Samuel Luiz en la Avenida de Buenos Aires. Quincemil
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A Coruña Cinco años sin Samuel Luiz en A Coruña: el legado social y judicial de un caso que marcó un antes y un despuésLa muerte del joven coruñés abrió un debate social sobre los delitos de odio y la LGTBIfobia que sigue vigente cinco años después. Asociaciones y juristas coinciden en que existe una mayor conciencia y un mejor tratamiento judicial, aunque advierten de que aún quedan retos pendientes
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Paula Mahía Publicada 3 julio 2026 05:00h Actualizada 3 julio 2026 09:11hEsta madrugada del 3 de julio se cumplieron cinco años de la muerte de Samuel Luiz. Cinco años desde que una agresión en el paseo marítimo de A Coruña conmocionó a toda una ciudad y abrió un debate que trascendió el propio caso.
A Coruña recordará un año más a Samuel Luiz con una vigilia este juevesDurante semanas, miles de personas salieron a la calle para pedir justicia, mientras palabras como LGTBIfobia, delitos de odio o discriminación pasaban a ocupar un lugar central en la conversación pública. Aquel proceso terminó en los tribunales, con las condenas de entre 20 y 24 años ya confirmadas por el Tribunal Supremo, pero también dejó una huella que, cinco años después, sigue presente.
¿Qué ha cambiado desde entonces? Desde el primer momento, ALAS A Coruña acompañó el caso y ejerció la acusación popular durante el juicio. A medida que avanzó la investigación y la palabra "maricón" fue cobrando un peso clave en el procedimiento, el debate dejó de centrarse únicamente en la agresión.
"Mucha gente tomó conciencia de que la LGTBIfobia no era algo del pasado ni casos aislados. Hubo una reacción social muy fuerte y se entendió que las agresiones por orientación sexual o identidad de género siguen existiendo y tienen consecuencias muy graves".
A su juicio, aquella conmoción permitió abrir conversaciones que hasta entonces apenas tenían espacio en el debate público. "Se empezó a hablar de violencia, de masculinidades, de discursos de odio o de la seguridad en los espacios públicos".
Esa mayor sensibilización también se ha trasladado a las propias víctimas. Según explica, cada vez son más las personas que identifican determinados comportamientos como violencia y buscan apoyo.
"Antes, muchos insultos o situaciones de discriminación se normalizaban o quedaban invisibilizados. Ahora existe una mayor disposición a señalarlos, especialmente en redes sociales, aunque eso no siempre acaba traduciéndose en una denuncia formal", explica.
Precisamente para facilitar ese paso, ALAS gestiona el Observatorio contra la LGTBIfobia, un servicio que presta asesoramiento jurídico, atención psicológica y acompañamiento a víctimas de toda Galicia.
Más conciencia... pero también nuevos desafíos
Ese avance, sin embargo, convive con otra realidad. "Sería un error pensar que el problema está resuelto", advierte Zas.
Desde la entidad observan que, al mismo tiempo que existe una mayor sensibilización, también han ganado presencia determinados discursos de odio, especialmente en redes sociales y en algunos espacios públicos.
"Hay una contradicción. Tenemos más visibilidad y más derechos, pero también reacciones más agresivas contra esa diversidad. Y eso acaba afectando especialmente a la juventud LGTBI".
Por ello, considera que el gran reto sigue estando en la prevención. "No basta con actuar cuando ya ha ocurrido una agresión. Hay que trabajar mucho más la diversidad y la convivencia desde edades tempranas", sostiene. En esa tarea señala directamente a los centros educativos, las familias, las instituciones y también a los medios de comunicación.
"Cuando la diversidad se trata con naturalidad y respeto, se reduce el espacio para el odio", insiste.
Una justicia que también ha evolucionado
Los cambios también se perciben en los juzgados. Mario Pozzo, abogado con más de tres décadas de experiencia y encargado de ejercer la acusación popular en representación de ALAS durante el juicio, asegura que hoy existe una mayor preparación para abordar este tipo de procedimientos.
"Creo que hemos avanzado mucho como sociedad", explica Pozzo. A sus 61 años ha visto de todo. "He llevado otros asuntos similares y ahora ya existe una mayor conciencia. Incluso cuando un caso comienza investigándose como unas simples lesiones, jueces y fiscales preguntan por el contexto para valorar si puede existir un delito de odio", afirma.
Para el abogado, uno de los principales avances ha sido precisamente entender que este tipo de delitos no pueden analizarse únicamente por las palabras pronunciadas durante una agresión: "No es solo qué se dice, sino cómo se dice, cuándo se dice y con qué intención".
Esa diferencia, explica, resulta fundamental para distinguir entre un delito de odio y una agravante por discriminación, una cuestión jurídica que hace apenas unos años era mucho menos conocida fuera de los especialistas.
El abogado sostiene que, tras el impacto social que tuvo el caso de Samuel Luiz y otros procedimientos similares, existe una mayor formación y una conciencia más clara sobre la importancia de investigar correctamente este tipo de hechos.
"Hoy algunas personas hablarían"
Cinco años después, Pozzo cree que incluso la reacción ciudadana sería distinta. "Pienso que algunas personas que fueron testigos hoy hablarían", confiesa.
En su opinión, la sociedad ha comprendido mejor la importancia de denunciar y colaborar cuando presencia una agresión de estas características. Sin embargo, también lanza un mensaje de prudencia. Los avances existen, pero no deben darse por garantizados.
Una reflexión que comparte ALAS A Coruña. La entidad reconoce que en estos cinco años ha habido una mayor implicación institucional, campañas de sensibilización y un debate público más amplio sobre igualdad y diversidad. Pero recuerda que los derechos nunca son irreversibles.
Cinco años después
Para Pablo Zas, el principal legado que dejó todo lo ocurrido no está únicamente en una sentencia.
"Fue una llamada colectiva a no mirar hacia otro lado. La violencia LGTBIfóbica no afecta solo a las víctimas directas, sino a toda la sociedad, porque cuestiona la libertad de las personas para vivir con normalidad y sin miedo".
Cinco años después de aquella madrugada del 3 de julio, el debate que abrió la muerte de Samuel Luiz sigue vivo. Con más conciencia social y una respuesta judicial más preparada, pero también con la convicción de que la prevención, la educación y la denuncia continúan siendo las principales herramientas para que ningún episodio similar vuelva a repetirse.