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Comandante Aquiles, el pionero de los drones en Ucrania: "Si la Rusia de Putin sobrevive, la guerra llegará a Europa"

Comandante Aquiles, el pionero de los drones en Ucrania: "Si la Rusia de Putin sobrevive, la guerra llegará a Europa"
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"No entiendo que Europa, mirándonos a nosotros, no saque conclusiones". "La guerra continuará durante mucho tiempo más, no creo que termine en 2026". "El presidente Zelenski no tiene derecho constitucional a ceder el Dombás ni ningún otro territorio de Ucrania". Más información: Elon Musk apaga el Wi-Fi en las trincheras rusas: "La guerra ha vuelto a 2024, cuando no tenían superioridad con los drones"

El comandante Aquiles, Yuriy Fedorenko, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. María Senovilla

Europa Comandante Aquiles, el pionero de los drones en Ucrania: "Si la Rusia de Putin sobrevive, la guerra llegará a Europa"

"No entiendo que Europa, mirándonos a nosotros, no saque conclusiones".

"La guerra continuará durante mucho tiempo más, no creo que termine en 2026".

"El presidente Zelenski no tiene derecho constitucional a ceder el Dombás ni ningún otro territorio de Ucrania".

Más información: Elon Musk apaga el Wi-Fi en las trincheras rusas: "La guerra ha vuelto a 2024, cuando no tenían superioridad con los drones"

Járkiv Publicada 20 abril 2026 02:24h Las claves

Las claves Generado con IA

Su nombre de guerra es Aquiles y bajo su mando directo hay un batallón de 3.000 efectivos, que a finales de este año se convertirá en la primera brigada de drones de combate del Ejército de Ucrania.

Su nombre real es Yuriy Fedorenko, y antes del 24 de febrero de 2022 era sólo un concejal del ayuntamiento de Kiev.

Un político de perfil local y sin experiencia militar, que no dudó en alistarse el primer día de la invasión como voluntario con la Defensa Territorial –unidades paramilitares formadas por civiles ucranianos, casi sin armamento, pero dispuestos a defender su hogar–.

"Nos colocaron en la línea de contacto sin artillería, sin munición, sin nada. Nuestra arma más temible era un RPG", recuerda sobre aquellos primeros momentos.

Pero cuando Aquiles ordenó a uno de sus hombres que pusiera en el cielo un dron Mavic de uso civil, para intentar ver a través de su cámara los pasos de las tropas rusas, la guerra cambió para todos ellos. Era un dron comercial que costaba unos miles de euros, pero les dio la ventaja táctica para que ganaran esa batalla y las que vinieron detrás.

A día de hoy el batallón Aquiles es una referencia internacional en el uso ofensivo de vehículos no tripulados, y su comandante, una de las voces más respetadas sobre la guerra de los drones dentro y fuera de Ucrania.

Yuriy Fedorenko recibe a EL ESPAÑOL en un búnker, oculto bajo el asfalto de la ciudad de Járkiv, para hablar de esos vehículos no tripulados, pero también de las nuevas reglas de la seguridad global y del futuro de Europa.

El comandante Aquiles, Yuriy Fedorenko, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. María Senovilla

El batallón Aquiles fue uno de los primeros en usar drones comerciales para llevar a cabo misiones de combate durante los primeros momentos de la invasión a gran escala, en 2022. Hoy está claro que usted fue un visionario, pero ¿cómo llegó a la conclusión por aquel entonces de que los drones serían decisivos en el frente?

Cuando comenzó la guerra a gran escala la unidad Aquiles, era una unidad de la Defensa Territorial formada por voluntarios, de los cuales sólo el 5% tenía experiencia militar.

Había maestros, médicos, conductores, mecánicos, informáticos. El primer día de la guerra formamos una compañía de fusileros, y al día siguiente ya nos enviaron a combatir en el sector de Zhytomyr.

Tras aquella operación, nos trasladaron a la región de Járkiv y nos colocaron en la línea de contacto. Estábamos bajo el mando de la 92 Brigada, sin artillería, sin munición, sin nada. Nuestra arma más temible era un RPG.

Entonces nos preguntamos cómo podríamos detectar con antelación al enemigo que se aproximaba a nosotros: no teníamos medios para interceptar sus radios, ni patrullas de reconocimiento. Pero teníamos drones comerciales tipo Mavic.

Cuando volamos el primer Mavic, por fin vimos dónde estaba exactamente el enemigo: sus trincheras, sus refugios, desde dónde nos disparaban los cañones, desde dónde nos disparaban los tanques.

Con esa información que veíamos a través del dron, pudimos destruir un vehículo de mando enemigo, un nudo logístico de repostaje y desmantelar dos concentraciones de personal.

Por primera vez, los artilleros ucranianos vieron el resultado de su trabajo: disparaban no sobre coordenadas, sino con corrección en tiempo real.

A finales de mayo fuimos un paso más allá y empezamos a fijar cargas de munición a los propios Mavics. Obtuvimos así un medio con capacidad tanto de reconocimiento como de ataque, capaz de llegar a una posición y eliminar a un soldado enemigo antes de que alcanzara nuestra línea.

Así nace Aquiles, ya no como una unidad de fusileros, sino como una unidad de fusileros con un componente aéreo ampliado.

¿Cree usted que ya hemos alcanzado el pico de evolución de la guerra de drones, o habrá más avances con los vehículos no tripulados?

Mientras la guerra continúe, el desarrollo tecnológico no se detendrá. Ahora mismo la principal preocupación es que la línea de contacto es de 20 kilómetros, en ambas direcciones; pero para finales de 2026 esa zona se ampliará a 40 kilómetros. Hacia ahí apunta la tecnología.

Sin embargo, gracias a la tecnología hemos reducido el número de personas necesarias para combatir. Donde antes había que poner a un ametrallador, ahora se puede desplegar un robot con torreta camuflada.

Si antes un zapador tenía que minar a pie los ejes de avance, ahora lo hacen drones aéreos y terrestres.

También se desarrollan complejos robotizados de evacuación médica: cuando operamos con ellos, no arriesgamos al conductor y al médico de combate. Cada vez que salvamos la vida de alguien es absolutamente prioritario para nosotros.

Lo demás es una carrera: el enemigo tiene mejores aeronaves de reconocimiento de ala fija, tiene los Shahed, los Lancet; también tienen más cantidad de drones de fibra óptica, porque tienen acceso directo al mercado chino.

Pero en bombarderos pesados tipo Vampiro somos líderes absolutos –el enemigo lo ha intentado y no lo ha logrado– igual que en drones interceptores de defensa antiaérea, que en este momento estamos por delante.

Precisamente, los drones interceptores ucranianos han dado la vuelta al mundo al entrar de lleno en la guerra de Oriente Medio. ¿Cómo valora la ayuda que están prestando en los países del Golfo los especialistas ucranianos en derribar drones Shahed?

Para el Estado de Ucrania la seguridad mundial general es importante. Creo que en los últimos años todos los sujetos de derecho internacional han comprendido que, en materia de seguridad, no existe el concepto de "cada uno a lo suyo".

Cualquier conflicto armado que se produzca en alguna parte del mundo tendrá consecuencias para los Estados del otro lado del globo.

La preocupación por la seguridad global es ya un hecho para muchos países, y algunos europeos se plantean incluso volver a instaurar el servicio militar obligatorio. Usted va un paso más allá: es partidario del servicio militar obligatorio para hombres y mujeres. ¿Cree que se podría implantar durante la guerra?

Habría que implantarlo de forma gradual desde ahora, empezando por los procesos educativos. Y cuando terminen las hostilidades, organizar un sistema general desde los últimos cursos de secundaria, donde se explique una noción de qué es la guerra.

Y al alcanzar la mayoría de edad, preparación activa inmediata. No un curso y listo, sino una actualización anual de dos semanas en condiciones de campo. Tiene que ser un documento doctrinal.

Lo explico con un ejemplo: cuando un maleante entra en un pub donde nadie va armado, puede quitarles la comida, el dinero, la vida. Ahora imaginemos que entra en uno donde cada cliente lleva un arma al cinto y sabe usarla. ¿Va a entrar ese maleante? Clarísimo que no.

De la misma manera, ningún país atacará directamente a otro donde cada ciudadano sabe combatir a un nivel alto y la movilización es rápida. Tendrá que hacerle la guerra por vías indirectas, pero no mediante un conflicto armado directo.

Si se pudiera dar marcha atrás, habría que haber empezado a hacer esto en 1995. Y si nos hubiéramos preparado entonces, Rusia no habría atacado ni en 2014 ni en 2022.

La fórmula es sencilla: para que sus hijos no combatan, usted tiene que estar preparado militarmente a un nivel muy alto. Y sus hijos, cuando sean mayores de edad, también.

El comandante Aquiles, Yuriy Fedorenko, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. María Senovilla

Además de militar, usted es político. Qué pesa más a la hora de tomar las decisiones propias de su cargo, ¿el lado político o lado que viste de uniforme militar?

Soy un político que combate desde el primer día de la guerra a gran escala y que, como comandante, ha logrado crear una de las unidades más combativas.

Durante una guerra a gran escala, el plano militar ocupa el primer lugar. Pero aunque el ejército gana las batallas, la guerra siempre la gana el pueblo. Porque el pueblo es quien proporciona los medios para combatir. Y la guerra siempre termina por la vía político-diplomática.

Pero en tiempos de guerra, mi prioridad es la guerra. Ya cuando acaben las hostilidades, me dedicaré a preservar al Ejército ucraniano, y eso sólo se logra a través de la política.

Volviendo a la guerra, entonces, una de sus zonas de actuación como batallón es Kupiansk. Una ciudad que estuvo bajo la ocupación rusa en 2022, se liberó tras una ardua batalla y volvió a ser parcialmente ocupada por tropas rusas. ¿Cuál es la situación actual en Kupiansk?

Al enemigo le habían fijado como objetivo tomar la orilla izquierda del río Oskil antes del 1 de noviembre de 2024, pero a día de hoy siguen sin poder cumplir esa misión. Han quemado allí cientos de vehículos blindados y sacrificado decenas de miles de vidas sin conseguir nada.

Desde el otro lado del río, el enemigo realiza hasta 50 salidas de aviación al día con bombas guiadas, más la artillería, los cohetes y los drones, todo sobre nuestros pasos. Pero las unidades ucranianas de ingenieros reparan estos pasos, y de una forma u otra mantenemos las posiciones.

En cuanto a la periferia noroccidental, es cierto que el enemigo hizo avances, pero los bloqueamos y los hicimos retroceder. El enemigo no llegó a tener el control real de ningún barrio de Kupiansk.

Hace tres meses había unos 200 militares rusos dentro de la ciudad, ahora hay menos de 50. Las fuerzas de defensa continúan a diario la limpieza casa por casa, sótano por sótano. Y pronto no quedará ninguno.

Para Rusia, Kupiansk tiene una importancia ante todo política. En 2022, cuando lo ocuparon, decían: «Estamos aquí para quedarnos». Y las fuerzas de defensa los expulsaron. Ahora los hemos logrado detener de nuevo.

Aunque en estos momentos las negociaciones trilaterales entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania están paralizadas, ¿usted cree que un acuerdo sin Europa, y en el que se exige ceder el Dombás, puede llegar a buen puerto?

Eso no va a ocurrir. El presidente de Ucrania no puede ni tiene derecho constitucional a renunciar unilateralmente al Dombás ni a ningún otro territorio.

Cualquier cuestión territorial se resuelve exclusivamente mediante referéndum. Y los resultados de ese referéndum me parecen absolutamente evidentes: es nuestra tierra, la que Dios nos dio.

Trump ha presionado a Zelenski duramente con la demora en la ayuda, con la financiación, retrasando los paquetes de defensa antiaérea mientras se multiplicaba la destrucción de infraestructura energética de Ucrania.

Pero el cese de las hostilidades sólo será posible si nosotros perdemos la capacidad defensiva o si el adversario pierde su capacidad de atacar. Ese es el único escenario en que surgirán condiciones reales para negociar.

Y el hecho de que Europa no sea parte de las negociaciones es un gran problema para Europa. Nosotros no estamos en posición de dictarle condiciones al presidente Trump, pero los países europeos unidos entre sí y dentro de la OTAN sí deberían ser capaces de presentarse con una posición común ante Trump.

Europa debe despertar: si aportaran financiación adicional para Ucrania, armamento de precisión como los Tomahawks y un contingente militar en suelo ucraniano, estoy seguro de que en año y medio se podría llevar a Rusia al estado en que pierde la capacidad de llevar a cabo acciones ofensivas activas.

Pero si esto no ocurre, la guerra continuará durante mucho tiempo más, no creo que termine en 2026. Y no entiendo que Europa, mirándonos a nosotros, no saque conclusiones.

Nosotros no nos preparamos intensamente para una guerra a gran escala porque creímos que no iba a suceder; exactamente igual que Europa ahora. Piensan que no habrá una guerra grande.

Pero, joder, ¡si Rusia sobrevive como Estado, la habrá! Y Europa tendrá los mismos problemas que tenemos nosotros ahora: decenas de miles de vidas destrozadas.

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