Inmaculada Valderrama, la última víctima del Patronato de Protección a la Mujer
«Cometió tres pecados: ser mujer, venir de familia muy humilde y ser lesbiana»Un libro reconstruye la vida y la extraña muerte en 1983 de la vecina de San Pedro Alcántara que precipitó el final de la institución franquista que recluía a mujeres «descarriadas» y que duró hasta entrada la democracia; la causa de su fallecimiento sigue siendo un misterio
Regala esta noticia Añádenos en Google Reformatorio Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares (Madrid), donde murió Inmaculada, vestida de comunión en la imagen, y las autoras del libro. (SUR) 03/10/2026 a las 22:42h.Inmaculada Valderrama Morato nació en La Barca de la Florida, una pedanía a veinte kilómetros de Jerez de la Frontera (Cádiz), pero está enterrada en ... el cementerio de San Pedro Alcántara (Málaga), municipio al que su familia se mudó en 1973. Murió el 19 de septiembre de 1983 muy lejos de su casa, tras caer por la ventana en un reformatorio de San Fernando de Henares (Madrid). Tenía catorce años. La noticia de su fallecimiento se publicó en los periódicos. Su historia, y sobre todo las últimas semanas de su vida de tan trágico final, contribuyó a cerrar uno de los capítulos más negros que han sufrido las mujeres en España: el Patronato de Protección a la Mujer, la institución franquista diseñada para controlar el «riesgo moral» que se atribuía a las mujeres, a algunas de ellas, a las que se salían de la norma, a las más libres y a las que el sistema usaba para aleccionar a todas. También, a las que no habían cometido otro crimen que el de ser pobres y pedir en la calle; a las que se responsabilizaba de la violación que habían sufrido; o a quienes se castigaba por salir con un hombre casado o por haberse quedado embarazadas sin pasar por el altar.
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Dependencias del reformatorio en 1948 y portada del libro. .«Pese a esa insistencia del doctor Cabeza de no saber cuál ha sido la causa de la muerte de Inmaculada, lo que hace el juez es cerrarla como un suicidio. ¿Por qué? Porque es la única manera de cerrar esta muerte sin que la responsabilidad sea del Estado, sino de la persona que decide cometerlo. De esta manera, se consigue también que la familia no tenga ningún tipo de derecho a una compensación económica», continúa la escritora, que acto seguido sintetiza el razonamiento de Tapia y de Cabeza: «Lo que trasciende de manera oficial, más allá de que el juez cierre el caso como un suicidio, es que Inmaculada se está intentando fugar y baja por esa liana que ha hecho de sábanas y toallas. Lo que dicen es que mientras ella está intentando fugarse, se suelta y cae. Pero si te caes al suelo intentándote fugar, caes de espaldas, no de cara, y no te rompes las muñecas». Tampoco te fugas sin pantalones. Otras posibilidades, aventura Marta García, son que alguien la empujara o que estuviera huyendo de un peligro mayor que la caída.
«Pese a la insistencia del doctor Cabeza en que no se puede saber cuál ha sido la causa de la muerte, lo que hace el juez es cerrarla como un suicidio»
«Para mí, lo verdaderamente importante, más allá de que fuera un suicidio, un homicidio o un accidente, es que hay una niña de catorce años que está encerrada sin ningún tipo de resolución judicial. Además, está dentro de un sistema, el Patronato de Protección a la Mujer, que no tenía ningún tipo de sintonía con los nuevos aires del Estado español ni con los años ochenta», reflexiona Marta García.
La muerte de la niña, la polémica que la rodeó, las protestas en San Fernando de Henares… precipitaron el final del Patronato de Protección a la Mujer. Aunque la clausura del organismo tuvo lugar sin muchos aspavientos: se produjo por la vía de los hechos, dejándolo sin recursos a través de la ley de presupuestos.
El libro es un trabajo coral. No sólo porque está escrito a seis manos. También porque para que haya sido posible han tenido que intervenir detectives para localizar a la familia, amigos y amigas que han ayudado a conseguir documentación, a localizar a las trabajadoras del centro o al doctor Cabeza. Por el libro se pasean también personajes históricos como el teólogo Enrique Miret Magdalena, quien fuera director general de Protección de Menores en el Ministerio de Justicia, además de Enrique Guerra, exalcalde de San Fernando de Henares, que nada más acceder al cargo visitó el reformatorio para conocer qué sucedía ahí dentro: «Lo que nos cuenta es que se encontró con una especie de máquina del tiempo que le devolvió a los años cincuenta». En el texto también asoman testimonios de mujeres que pasaron por el Patronato. Porque el libro, además de querer recuperar a Inmaculada del olvido, también quiere ser un homenaje a las supervivientes de una institución que no debería haber existido nunca.
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