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Edificio destruido en Beirut por el ejército de Israel. Afp Comienza la negociación entre Irán y EE UU bajo la incertidumbre y nuevas amenazasTeherán condiciona la cumbre de este sábado en Islamabad con el vicepresidente JD Vance a un alto el fuego en Líbano
Estambul
Viernes, 10 de abril 2026, 21:02
... posición de fuerza con Ormuz como principal baza de presión. La desconfianza es máxima en la república islámica y antes de comenzar este sábado el diálogo en Islamabad (capital de Pakistán) exigieron extender el alto el fuego a Líbano, a lo que se opone Israel, y liberar sus activos congelados, unos 6.000 millones de euros, según los medios iraníes. El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Galibaf, defendió que sin estas dos condiciones previas no estaban dispuestos a negociar y mantuvo durante toda la jornada la incertidumbre sobre la participación en la cumbre. Ante la enorme tensión previa al encuentro, las autoridades paquistaníes se marcaron un objetivo «realista, aunque modesto: lograr que ambas partes encuentren un mínimo terreno común que permita mantener abierto el canal de diálogo», según revelaron a la cadena Al Jazeera.La frágil tregua no silencia los ataques en el Golfo
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Junto a Galibaf, el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, es el segundo de los nombres del equipo negociador iraní y afirmó que, si Estados Unidos está dispuesto a «hundir su economía» al seguir permitiendo que el primer ministro israelí «mate la diplomacia» al no respetar el alto el fuego, esa sería una «decisión» de Washington. «Creemos que sería una estupidez, pero estamos preparados para ello», lamentó el jefe de la diplomacia iraní.
«Si los iraníes intentan jugárnosla, descubrirán que el equipo negociador no es tan receptivo», avisa JD Vance
Ante la ausencia de un alto el fuego en el frente libanés, los medios oficiales trataron de ofrecer al menos una victoria simbólica e informaron de que «la fuerte presión y la amenaza de retirarse de las conversaciones obligaron al régimen sionista a detener sus ataques militares contra Beirut», según una fuente de seguridad de alto nivel citada por Press TV. Esta es una negociación con el dedo en el gatillo, un diálogo entre dos partes dispuestas a volver a pelear en cualquier momento. Por eso Trump mantiene a sus fuerzas en la región y por eso Irán no puede abandonar a Hezbolá. Si lo hace, supondría todo un golpe para la moral de la milicia libanesa y del resto de grupos del llamado 'Eje de la resistencia', como las milicias de Irán o los hutíes de Yemen. En los últimos 40 días estos grupos han demostrado su importancia en el modelo de guerra asimétrica planteado por los iraníes ante la superioridad del arsenal enemigo.
Los iraníes, como Pakistán y Egipto, principales mediadores, aseguraron desde el primer instante que Líbano formaba parte del acuerdo de alto el fuego al que accedieron los estadounidenses. Tras la masacre del miércoles, con más de 300 muertos, el ejército israelí bajó la intensidad de las operaciones y Netanyahu anunció el inicio de «conversaciones directas» con las autoridades de Beirut, pero durante toda la jornada no cesaron los bombardeos al sur del país. El plan de Israel pasa por establecer allí una «zona de seguridad» como la que han establecido en Gaza y para ello dinamitan las casas de las poblaciones cercanas a la frontera una por una. El jefe del ejército israelí, general Eyal Zamir, visitó a las tropas desplegadas en territorio libanés y les recordó que el «principal escenario de combate está en Líbano. La misión es seguir debilitando a Hezbolá».
El secretario general de la milicia libanesa, Naim Qassem, prometió que la «resistencia continuará mientras haya aliento». En un comunicado difundido por Hezbolá, aseguró que «el enemigo israelí fue derrotado sobre el terreno» y no fue capaz de llevar a cabo una invasión terrestre. Cualquier negociación entre Israel y Líbano afronta un obstáculo enorme porque el gobierno de Beirut no tiene control directo sobre Hezbolá, que se resiste a desarmarse. El Partido de Dios solo obedece órdenes de Teherán.
Traiciones recientes
Los precedentes diplomáticos recientes con Estados Unidos son preocupantes para Irán y el sector más radical del régimen es contrario a la negociación, lo que supone una fuerte presión para la parte del régimen que apuesta por el alto el fuego. Trump traicionó a los iraníes en 2018, cuando rompió el pacto nuclear que habían firmado tres años antes con Barack Obama. La república islámica aceptó limitar el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones y cumplía lo pactado, según todos los informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica, pero Trump, aconsejado por Netanyahu, abandonó el acuerdo de forma unilateral y reimpuso castigos al régimen. En junio de 2025 y febrero de este año, los iraníes sufrieron dos nuevas traiciones y les atacaron cuando negociaban un nuevo acuerdo atómico.
Mientras Irán mantenía la incertidumbre sobre su participación en el diálogo de Islamabad, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, volaba camino Pakistán. Antes de subirse al avión declaró a los medios que «si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, nosotros estamos dispuestos a tender la mano. Si intentan jugárnosla, descubrirán que el equipo negociador no será tan receptivo». Vance añadió que Trump le dio «directrices bastante claras» sobre cómo abordar las negociaciones.
Casi inmediatamente después de que la Casa Blanca e Irán anunciaran el alto el fuego temporal el martes por la noche, surgieron desacuerdos sobre los términos de la tregua. La república islámica aceptó el alto el fuego porque el enemigo dio el visto bueno a su plan de 10 puntos como base de las negociaciones, según dio a entender Trump en su red social, pero poco después Washington dio marcha atrás y dijo que se oponía al enriquecimiento de uranio y a que Irán conserve el control de Ormuz. Pese al cese de las hostilidades, el estrecho permanece casi cerrado y en Teherán trabajan en un plan para establecer un peaje para los barcos que quieran cruzar seguros.
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