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¡Como Los Ángeles a octavos!

¡Como Los Ángeles a octavos!
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Con alegría, buen fútbol y personalidad, España tritura a Austria para pasar a octavos de final y recuperar el estatus de candidata a todo
España 3 - Austria 0 'Showtime' en Los Ángeles

Con alegría, buen fútbol y personalidad, España tritura a Austria para pasar a octavos de final y recuperar el estatus de candidata a todo

'Showtime' en Los ÁngelesOyarzabal celebra el primer gol del partido ante Austria con Alaba en el suelo.AP
  • JOSÉ LUIS HURTADO
Actualizado 02/07/2026 - 22:58CESTMostrar comentarios359

España esperó a atisbar las colinas de Hollywood para facturar su mejor partido. Los Ángeles es más del showtime de los Lakers, de las gabardinas de Bogart, de los diálogos de Ellroy que hay que leer en presencia de un abogado, de las colinas de perdición, de los cuchicheos y balas de L.A. Confidential, de la secta de Manson o de los garitos de Tarantino, pero en esa Babilonia España, la genuina, enseñó cómo se juega bien al fútbol.  

Ahí, en la tierra del espectáculo, la selección española mostró el toque, la llegada y la personalidad que forman su esqueleto. El juego español anuló a Austria, una selección con más fibra que juego. La producción española mereció más goles de los que se marcharon en el acta. 

Gol de M. Oyarzabal (1-0) en el España 3-0 Austria

Desde que pasó el primer mal rato, España comenzó el diálogo con el balón. En esa trenza de jugadas participaban todas las líneas. Como muestra, los laterales, a la brasileña, que dan goles y los marcan. El grupo de De la Fuente dejó una hora de juego para que el Mundial por fin entre por los poros del aficionado español, hasta ahora más obnubilado con las estrellas con otras camisetas.  

Gol de Pedro Porro (2-0) en el España 3-0 Austria

La pausa y la exhibición

La primera misión de España fue templar al búfalo. Austria entró en el partido con ganas de comer yardas. Rangnick, considerado uno de los gurús del fútbol, montó el partido con el mandamiento de colapsar a Rodri y Pedri, rodeados de inicio por una emboscada de camisetas blancas. Era la lucha entre el atletismo y el toque. Había que esperar el momento.

De la Fuente había apostado por el once que despeluchó a Arabia Saudí, con Pedro Porro por la derecha y Dani Olmo en esa posición en la que entra y sale de los radares enemigos. Hay pocos futbolistas que entiendan esa posición con semejante destreza. 

Otra ratonera era la que debía superar Lamline Yamal, al que perseguía los talones Laimer, un purasangre del Bayern que sudaba como un maratoniano en la última recta. A Austria y su conglomerado de músculos le faltaba el glamour de aquella del 78 con Krankl, el tipo que encontraba un gol en una papelera.

Gol de M. Oyarzabal (3-0) en el España 3-0 Austria

Tras la primera pausa del dólar emergió la España que todavía no se había visto, la de alegría, el fútbol vertical y la imaginación. El aviso inicial fue un gol anulado a Cucurella por falta de Cubarsí al meta austriaco, al que metió dentro de su portería. Daba igual. El gol se podía comprar en cualquier establecimiento.

En los mejores minutos de España en el campeonato Cucurella se metió por la izquierda y su pase raso al corazón del punto de penalti lo acarició Oyarzabal hacia la red como si estuviera en un partido de veteranos. El catálogo de sutilezas del zurdo no se acaba nunca.

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Los laterales, inmensos

En pleno desmelene español, con llegadas por todos lados, el guante de Schlager y el larguero impidieron que Baena marcara una falta que estaba en la mesa de la Paramount. El propio portero puso el cuerpo para cortar el segundo de Lamine. España se marchaba a las toallas y las pizarras con un marcador corto y la acreditación de aspirante en la solapa.

La reacción austriaca entró por la vía del refresco, con cuatro cambios en las primeras cuestas de la segunda mitad, pero lo que se mascaba era otra diana española. Lamine Yamal, peleado con la musa del último regate, intentaba un romance con las marquesinas en cada jugada. 

Las últimas maravillas fueron justas. Baena puso en la cabeza de Pedro Porro la segunda diana. Era el momento del alivio y el jolgorio. Los Ángeles del paraíso eran españoles. Cucurella ponía en la bota de Oyarzabal el tercer gol. Sonreían Penélope, Bardem, Rosalía y la noche se hacía en España de Oscar. 

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Fuente original: Leer en Marca
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