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Gutmaro Gómez Bravo, en la biblioteca de la Facultad de Historia de la Universidad Complutense. Virginia CarrascoGutmaro Gómez Bravo | Historiador
«Con mediación internacional en la Guerra Civil, la postguerra habría sido menos dura»Especialista en el período que va de la República a la Transición, el catedrático ha revisado materiales hasta ahora ocultos para reescribir cómo terminó el conflicto
Sábado, 18 de abril 2026, 13:23 | Actualizado 13:44h.
... de Ingenieros de Caminos y justo detrás del Instituto Anatómico Forense: allí, a un kilómetro aproximadamente de donde nos encontramos ahora, se firmó la capitulación de Madrid, el 28 de marzo de 1939. Faltaban solo cuatro días para que se hiciera oficial el fin de la Guerra Civil. Un conflicto que pudo haber terminado antes y de una forma muy diferente, lo que sin duda habría dado paso a una postguerra menos dura y sangrienta. En su último libro, 'Cómo terminó la Guerra Civil española' (Ed. Crítica), Gómez Bravo, que es catedrático de Historia Contemporánea y ha publicado un puñado de trabajos sobre ese conflicto bélico, la dictadura y la Transición, ha examinado documentos hasta ahora ocultos que le han permitido conocer con todo detalle cómo fueron los cruciales tres primeros meses de 1939.- Leyendo su libro se ve cómo todo cuanto hacían los altos mandos del ejército de la República era inmediatamente conocido por los militares de Franco. ¿Cómo es posible que el servicio de contrainteligencia no se diera cuenta de eso?
- Lo que hace el servicio de inteligencia de Franco es captar a los agentes al servicio de la República y que pasen a trabajar para ellos. A quienes no aceptan, los eliminan. Así logran anticiparse en todo. En esta fase de la guerra la superioridad del Ejército de Franco era muy notable, en lo militar y en cuanto a la información de la que disponían.
- El Gobierno de Franco frustró intentos de mediación para acabar antes con el conflicto, incluidos los del Vaticano. Para ello contó con personalidades de Acción Católica que seguían en Madrid. ¿Eso fue definitivo?
- Sí, porque hubo un último esfuerzo de la República por ganarse la protección de la Iglesia. Negrín restableció el culto, por ejemplo. En la Navidad de 1938, Pío XI hizo un intento de coordinar a Francia, Inglaterra y Estados Unidos para conseguir un alto el fuego. Pensaban que Franco no se podía negar a eso. Pero lo que consiguió el Gobierno de Burgos fue que la propuesta ni llegara a salir de Roma.
Estrategias«Los nacionales volvieron el hambre en Madrid contra Negrín»
- Durante mucho tiempo se ha pensado que la República quería aguantar como fuera hasta que se iniciara la guerra en Europa. ¿Fue así?
- En efecto, hemos pensado que la República creía que podía resistir hasta el inicio de lo que luego fue la Segunda Guerra Mundial porque de esa manera el conflicto en España adquiriría otra dimensión. Pero eso era propaganda. Antes de la Navidad de 1938 ya habían presentado una propuesta de acuerdo y en enero todos sabían que la guerra estaba irremediablemente perdida. La Segunda Guerra Mundial, o la previsión de que sucediera por parte de las grandes potencias, jugó en realidad en contra de la República. Negrín quería una paz con condiciones, pero sus generales sabían que eso ya no era posible.
- El uso del hambre como instrumento de guerra: el Ejército franquista cortó los suministros y al tiempo arrojaba de vez en cuando panecillos desde los aviones. ¿Qué consiguieron con ello?
- Eso se dio sobre todo en Madrid, que era el objetivo fundamental. Hay un momento en que dejan de bombardear y optan por la guerra psicológica. En Barcelona habían hecho lo mismo: cesaron los bombardeos y prometieron que en cuanto entraran en la ciudad recuperarían todos los servicios.
- Y entraron sin hallar apenas resistencia.
- Así fue. Les resultó muy fácil. No hubo estrictamente defensa alguna de la ciudad. Creyeron que así serían mejor tratados.
- Decía que en Madrid jugaron con el hambre.
- Estrangularon los abastecimientos y cuando supieron que se había llegado al límite de las 500 calorías por persona, que es el punto en el que entendían que ya no se podía aguantar más, arrojaron desde aviones panes blancos con unas octavillas en las que primero anunciaban que en la zona nacional había comida y más adelante expusieron las condiciones para el fin de la guerra. Lo hicieron así para sortear la censura del Gobierno y fomentar las protestas. Volvieron el hambre contra Negrín porque no lanzaron el mensaje a los mandos políticos sino a los barrios populares. Y hubo manifestaciones de mujeres que habían perdido a sus hijos por falta de alimento.
Derrota irremediable
- ¿La destitución del general Rojo, que llevaba mucho tiempo a la cabeza del Ejército, y su salida de España es clave en el desenlace de la guerra?
- Es el punto de inflexión, por supuesto. Rojo entiende que el Pacto de Múnich, por el que Alemania se anexiona los Sudetes con la aprobación de Reino Unido, Francia e Italia, conduce a la derrota de la República. Por eso propone la rendición y negociar unas condiciones que eviten las represalias. Destituido, Rojo pasa a Francia y entonces son otros mandos del Ejército los que también le dicen a Negrín que la guerra está perdida. Había un problema añadido: tras la destitución de Rojo, Negrín había ascendido a militares que ya estaban trabajando para el Gobierno de Burgos, algo que él no sabía, por supuesto. En esa última etapa, Negrín estaba completamente fuera de la guerra. Y políticamente había peleas por los nombramientos cuando lo que estaba en juego era la vida de unos 500.000 soldados y la de sus familias.
Fracaso«Rojo vio que el Pacto de Múnich conducía a la derrota a la República»
- El malo de la película en el relato del final de la Guerra Civil suele ser el coronel Casado. ¿Lo ve también así?
- En los años sesenta, cuando volvió a España, Casado publicó en el diario 'Arriba' una versión del fin de la guerra que poco tenía que ver con la que había escrito en 1939 y 1940 para los diarios ingleses. Casado representaba a los militares profesionales que se habían sentido relegados. En el Ejército republicano tenían la impresión de que los profesionales habían sido sustituidos por políticos.
- Pero dio un golpe de Estado.
- Sí, a comienzos de marzo, en una operación que en realidad ni fue contra los comunistas ni fue decisiva. Casado es la figura necesaria para que el golpe no fuera duro porque los franquistas tampoco querían entrar en Madrid a sangre y fuego. Los militares creyeron que era posible algo parecido a un armisticio, y Franco fue conduciendo ese impulso hacia una rendición incondicional aunque con normas.
- Da la impresión de que la República estaba tan débil, se había autodestruido (al menos en lo militar) de tal manera, que casi se hubiese caído sola.
- Era insostenible. Por el desabastecimiento, por la bajísima moral tras la caída de Barcelona, por todo. La estructura del Ejército popular no era profesional. Por eso caló el mensaje de 'vais a volver a casa y no pasará nada'. Ese ejército tenía los pies de barro.
Postguerra«La nuestra fue más vengativa que en otras guerras como EE UU o Croacia»
- ¿Habría sido distinta la postguerra con otro final de la guerra?
- Franco quería que su Gobierno fuera reconocido como el único. Y eso ya lo había conseguido. Hay una propuesta parecida a un armisticio, en los últimos días del conflicto, que parte de Inglaterra y Francia acepta, pero que Negrín ni siquiera llega a recibir dentro del plazo que se había fijado y eso le sirve a Franco para que la propuesta decaiga. Con una mediación internacional habría habido menos muertos y una postguerra no tan dura a nivel represivo.
Crueldad
- Hay algunos casos de guerras civiles que están suficientemente bien estudiados. ¿Nuestra postguerra fue la más cruel, más que la de EE UU o más recientemente la de Croacia?
- Fue más vengativa. En el último mes de guerra, la República concede varias amnistías a prisioneros de derechas, devuelve su empleo a muchos represaliados, devuelven a Madrid el Banco de España. Son decisiones casi como de Estado a Estado, pensando que también el vencedor hará algo similar.
- No fue así, claro.
- No. Aquí se sancionó incluso con carácter retroactivo, frente a lo que sucedió en EE UU y Croacia, los ejemplos que usted ha puesto, donde hubo amnistías. Incluso incumplieron los deseos de Acción Católica, que tanta importancia había tenido en las semanas inmediatamente anteriores al fin de la guerra. Y además ni siquiera dejan a estos últimos contar el final de la guerra, con lo cual hemos tenido una visión más épica del mismo.
Polémica por el Congreso«En el sentido colectivo, de país, la Guerra Civil la perdimos todos»
- Ahora que hay un debate sobre si es legítima una intervención internacional para acabar con una dictadura, ¿hubo alguna posibilidad de que se produjera eso en España?
- Los años 1946 y 1947 fueron especialmente complejos para Franco porque hubo una alianza entre Francia, Inglaterra y EE UU para promover un gobierno de frente amplio. Pero era algo irreal, porque era imposible poner de acuerdo a gente de ideologías tan diversas y en su mayoría en el exilio. El final de la guerra había aumentado esa división y cada grupo creía que tenía la legitimidad de encabezar una iniciativa así. Finalmente la guerra fría se impuso y además Franco maniobró con habilidad y consiguió que la solución fuera la monarquía. Enfrente, el exilio estaba tan fragmentado que llegó un momento en que los ingleses, resumiendo, pensaron que al final era mejor Franco. Debemos reconocer que maniobró muy bien porque en el Gobierno había gente de mucha solvencia. El aparato republicano no fue capaz de resolver las diferencias internas, que el exilio había amplificado. Y aquí la gente estaba mucho más preocupada por comer.
- Usted formaba parte del grupo que iba a hablar en las jornadas de Sevilla organizadas por Pérez-Reverte. ¿La guerra la perdimos todos en el sentido de que el país retrocedió?
- En el sentido colectivo de país, la guerra la perdimos todos. Es obvio que la ganó Franco pero como país y sociedad la perdimos todos. Yo no le veía tanto problema, pero se generó una polémica artificial. Si hay una controversia, los historiadores estamos para hablar sobre eso. Hay que explicarlo a la gente y esto no es un tema ideológico. En esas jornadas había mesas y no estábamos todos juntos. Los historiadores, por ejemplo, estábamos en distintas mesas que los novelistas. Es preciso salir de las lecturas ideológicas de todo. No se puede atender solo a lo que ya pensamos de antemano.
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