Tal como explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), para reducir el riesgo de infección también es importante cortar las uñas con regularidad y vigilar el aspecto de los pies, tratando a tiempo cualquier problema que afecte a la piel o a las uñas. Conviene prestar atención no solo a la higiene personal, sino también a la de los centros de cuidado y belleza que se frecuentan. Los CDC hacen especial hincapié en el controvertido recurso de la pedicura con peces.
No solo cambies tus calcetines, también tus sábanas
Del mismo modo, mantener una correcta higiene de la cama es también una cuestión de salud. La microbióloga señala que no solo se acumulan las células muertas de la piel, el sudor y la microbiota cutánea en la cama, sino también los contaminantes y alérgenos con los que hemos estado en contacto durante el día. Los ácaros, pequeños artrópodos que provocan alergias y se alimentan de nuestra piel, también se alojan y se multiplican en la ropa de cama, al igual que ciertos hongos que prosperan en las almohadas y que pueden desencadenar problemas respiratorios e infecciones. La recomendación es lavar la ropa de cama al menos una vez por semana.
Más allá de las consideraciones higiénicas, la frecuencia con la que se cambian las sábanas y el resto de elementos de la cama, desde edredones hasta almohadas, también responde a cuestiones de bienestar. Además de los efectos desagradables del sudor, la saliva y la acción de microorganismos y ácaros, los materiales acaban por degradan y pierden forma, consistencia y volumen, lo que acaba afectando a la calidad del sueño.
Artículo originalmente publicado enWIRED Italia.Adaptado por Alondra Flores.