¿Cómo se derrota a Donald Trump? Aplicando su propia receta: el populismo. Así lo creen los miembros del Partido Demócrata más a la izquierda. La victoria del más polémico de ellos, Graham Platner, en unas primarias al Senado indica que la jugada puede estar empezando a dar sus frutos.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleNicola Abé
25/06/2026 Actualizado a las 14:22h.Graham Platner no parece un político: vaqueros holgados, camisa desteñida, rebeldes cabellos rojizos que suele cubrir con una gorra de béisbol... A sus 41 años, ... este veterano de Irak y Afganistán, criador de ostras en la bahía de Frenchman, en el estado de Maine, no es guapo ni rico ni transmite carisma a primera vista. Parece, más bien, ese vecino al que crees un poco cascarrabias, pero que no duda en lanzarse al agua si ve que te estás ahogando.
Tras ganar la nominación del Partido Demócrata por Maine en las primarias del pasado 9 de junio, este hombre de la calle aspira a convertirse en senador en las elecciones de noviembre y, como bendijo la revista Time al dedicarle esa misma semana su portada, erigirse en símbolo de una nueva esperanza para la izquierda estadounidense. La representan emergentes figuras demócratas como él, candidatos ajenos al sistema que responden a la derecha del MAGA trumpiano recordando a su audiencia que la lucha de clases sigue vigente, mientras intentan encauzar la ira y decepción de los votantes contra las corporaciones, los megarricos y la élite política de Washington.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, no para de ascender. Tras lograr la alcaldía, ahora los tres candidatos a congresistas por él apoyados acaban de imponerse en las primarias demócratas.«Solo los votantes deciden quién es elegible», señala. Los candidatos habituales de las élites, añade –tachados de 'demócratas corporativos', es decir: corruptos y conformistas–, ya no funcionan. La gente rechaza que una pequeña élite controle la política y demanda inconformistas que identifiquen la oligarquía como un problema y busquen generar cambios.
El objetivo de esta perspectiva es que los demócratas consigan algo similar a lo que Trump ha hecho con el Partido Republicano. Es decir, apoderarse del mismo. Solo así, cree Mulvey, podrán ganar elecciones. No es el único que comparte esta visión. The New York Times ya se refiere a esta facción como el 'Tea Party' Demócrata, referencia a la célula radical republicana que sentó las bases del huracán Trump y su movimiento MAGA.
Mar de fondo en el partido demócrata
De cara a las elecciones de medio mandato, en noviembre, cuando se renueva al completo la Cámara de Representantes, un tercio del Senado, los gobernadores de 36 estados, legisladores estatales, alcaldes, jueces..., los demócratas cuentan con la ventaja de que la impopularidad de Trump crece cada día, pero los analistas advierten de que incluso una victoria no resolvería los problemas de fondo de un partido que no logra transformar las debilidades del rival en una estrategia coherente. El más importante: la ausencia de un líder indiscutible que le hable a la gente de forma comprensible. «Basta de palabrería», reclamó hace poco Barack Obama.
«Trump es débil, pero los demócratas son aún más débiles», sentencia la politóloga Barbara F. Walter. La desunión del partido también puede pasar factura, ya que con la irrupción de las nuevas facciones muchos no tienen claro qué representa realmente. En todo caso, una encuesta reciente de The New York Times muestra que la mayoría de los votantes estadounidenses prefiere un Partido Demócrata moderado, situado en el centro político, sobre todo en asuntos culturales y política migratoria. Hay, sin embargo, cambios sustanciales hacia posturas más a la izquierda, como el rechazo mayoritario de la ayuda militar a Israel o el deseo de que la política económica adopte un giro más social. Y nadie ha comprendido mejor estas inquietudes que la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.
«Representante de la izquierda» para los centristas, potencial candidata presidencial para los aludidos, Ocasio-Cortez tiene 36 años y lleva desde 2019 defendiendo como congresista por Nueva York las subidas de impuestos a los ricos, y es ahora adalid contra el nuevo enemigo de millones de trabajadores estadounidenses: la inteligencia artificial y su infraestructura asociada dominada por los tecnoligarcas.
Se trata, en el fondo, de apelar a una frustración similar a la que aprovechó Trump y su movimiento MAGA para elevarla al Despacho Oval, añadiendo a la misma el desengaño generado por el propio Trump en su segundo mandato.
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