Ángel Rodríguez
Lunes, 9 de febrero 2026, 01:00
... aprobó el texto de la Constitución, la instauración y generalización de las Comunidades Autónomas para establecer tres niveles de gobierno (el local y el nacional ya estaban desde mucho antes) fue una idea aplaudida por la gran mayoría. Hoy no escasean sus críticos. Podemos aventurar que una de las razones más poderosas para esa insatisfacción es la falta de cooperación entre las distintas administraciones y el consiguiente perjuicio que ello ocasiona para los ciudadanos, que son los destinatarios finales de los servicios que prestan los poderes públicos y los titulares de los derechos que están obligados a tutelar. Por eso hay que saludar con alborozo las escasas ocasiones en las que la colaboración interinstitucional emerge como criterio rector para la resolución de problemas.La descentralización del poder, que tantos beneficios puede reportar, puede esconder el gran perjuicio de la descoordinación si no se instaura el hábito de la cooperación leal entre todos los niveles de gobierno. La teoría constitucional ha puesto nombre a esta necesidad: hay que pasar de un federalismo competencial, donde el acento se pone en definir las fronteras de las materias sobre las que cada administración tiene competencias, a un federalismo cooperativo, donde esas fronteras se atenúan porque lo decisivo es la colaboración entre todas ellas.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión