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Cortázar, vivir en las fracciones

Cortázar, vivir en las fracciones
Artículo Completo 931 palabras
«¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue del Seine, al arco que da al Quai de Conti…». Así comienza 'Rayuela' . O no, si siguiendo los consejos de su autor, decidimos abordar los 155 capítulos de la 'contranovela' de Cortázar comenzando por el número 73, o por cualquier otro, obteniendo en todas las ocasiones el maravilloso resultado de alcanzar la totalidad a partir de los fragmentos. El mismo resultado, acaso, que si al final optamos por leer desde el capítulo 1 hasta el 56, y prescindir del resto…Publicada en 1963 después de 'Los premios' (1960), y de esas colecciones de relatos que tanta fama le habían dado ya en Argentina, 'Rayuela' es el fruto de la gran experiencia parisina, europea, de Julio Cortázar. Un 'salto al vacío' en la manera de narrar que muy pronto colocaría esta obra a la cabeza del conocido como 'boom' hispanoamericano , una verdadera revolución literaria en los años sesenta y setenta del pasado siglo, en la que le tocó competir con otras obras igualmente emblemáticas, como 'La ciudad y los perros' (1963), de Mario Vargas Llosa, o 'Cien años de soledad' (1967), de Gabriel García Márquez . Hay que ver de qué manera tan diferente han envejecido cada una de ellas. La censura trató de mantener a 'Rayuela' lejos de los lectores españoles, aunque lo cierto es que el libro no tardó mucho en circular con fluidez, de manera más o menos clandestina, a través de sus ediciones americanas: la historia de Oliveira y Lucía, la Maga, y de los amigos del Club de la Serpiente, contada con fragmentos «del lado de allá» (París), «del lado de acá» (Argentina) o «de otros lados», en esos «capítulos prescindibles» que son una amalgama de recortes de periódicos, citas de libros y materiales literarios que no influyen en la acción, pero la ambientan y contextualizan de manera extraordinaria.Noticia relacionada No No El duelo con Vargas Llosa La vida secreta de Gabriel García Márquez: su trastorno emocional, su año en un prostíbulo... Carlos Manuel SánchezAdemás de un alarde narrativo, y de una magnífica banda sonora en la que los personajes flotan bajo una atmósfera musical única en la historia de la literatura, 'Rayuela' sigue siendo hoy un sorprendente arcano de pensamiento y sabiduría. Un espacio literario en el que los músicos de 'jazz' ( Charlie Parker , Benny Carter, Bessie Smith, Duke Ellington, Thelonius Monk…) comparten escenario con los clásicos y los modernos (Liszt, Beethoven, Schönberg, Alban Berg, Satie…). En el que los teólogos y los filósofos (San Agustín, Tomás de Aquino, Compte, Montesquieu, Julián Marías…) se cruzan con los poetas y los escritores (Rimbaud, Galdós, Sartre, Celine, Octavio Paz…). Y donde no faltan a la cita los mitos del cine (Chaplin, Harold Lloyd, Buñuel, Eisenstein, Marilyn Monroe…) ni los genios de las artes plásticas (Picasso, Rembrandt, Toulouse-Lautrec, Klee, Van der Weyden…). Huelga decir lo que la lectura de 'Rayuela' aporta a un lector de hoy, víctima en tantas maneras de ese presentismo que ha ido arrinconando y haciendo desaparecer, uno tras otro, a una buena parte de aquellos grandes iconos que en los años sesenta compendiaban eso que conocíamos como cultura occidental. Seguramente algo que le pondrá en contra de aquel que busca una lectura fácil, sencilla, lineal y exenta de dificultades. Hay esa lógica interactiva de 'Rayuela', que busca la complicidad de un lector en ningún caso pasivoA su favor, sin embargo, cuenta con algunos elementos verdaderamente anticipatorios, como el gusto por la lectura fragmentaria, a partir de hipervínculos o navegaciones no lineales, más cerca del modelo de lectura digital. También con esa lógica interactiva de 'Rayuela', que busca la complicidad de un lector en ningún caso pasivo, sino más bien participante de una construcción de la novela particular en cada cual. Por no decir que es un reflejo, a modo de espejo roto, de esta realidad existencial, marcada por la incertidumbre, la interculturalidad y la globalización, que sufrimos (o gozamos) sesenta años después. Quizás el mejor antecedente literario, o contraliterario que diría Cortázar, de esta sociedad líquida (mucho antes de Bauman), que hoy vemos cómo se nos disuelve cada día entre los dedos.

«¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue del Seine, al arco que da al Quai de Conti…». Así comienza 'Rayuela'. O no, si siguiendo los consejos de su autor, decidimos abordar los 155 capítulos de la ' ... contranovela' de Cortázar comenzando por el número 73, o por cualquier otro, obteniendo en todas las ocasiones el maravilloso resultado de alcanzar la totalidad a partir de los fragmentos. El mismo resultado, acaso, que si al final optamos por leer desde el capítulo 1 hasta el 56, y prescindir del resto…

Publicada en 1963 después de 'Los premios' (1960), y de esas colecciones de relatos que tanta fama le habían dado ya en Argentina, 'Rayuela' es el fruto de la gran experiencia parisina, europea, de Julio Cortázar. Un 'salto al vacío' en la manera de narrar que muy pronto colocaría esta obra a la cabeza del conocido como 'boom' hispanoamericano, una verdadera revolución literaria en los años sesenta y setenta del pasado siglo, en la que le tocó competir con otras obras igualmente emblemáticas, como 'La ciudad y los perros' (1963), de Mario Vargas Llosa, o 'Cien años de soledad' (1967), de Gabriel García Márquez. Hay que ver de qué manera tan diferente han envejecido cada una de ellas.

La censura trató de mantener a 'Rayuela' lejos de los lectores españoles, aunque lo cierto es que el libro no tardó mucho en circular con fluidez, de manera más o menos clandestina, a través de sus ediciones americanas: la historia de Oliveira y Lucía, la Maga, y de los amigos del Club de la Serpiente, contada con fragmentos «del lado de allá» (París), «del lado de acá» (Argentina) o «de otros lados», en esos «capítulos prescindibles» que son una amalgama de recortes de periódicos, citas de libros y materiales literarios que no influyen en la acción, pero la ambientan y contextualizan de manera extraordinaria.

La vida secreta de Gabriel García Márquez: su trastorno emocional, su año en un prostíbulo...

Además de un alarde narrativo, y de una magnífica banda sonora en la que los personajes flotan bajo una atmósfera musical única en la historia de la literatura, 'Rayuela' sigue siendo hoy un sorprendente arcano de pensamiento y sabiduría. Un espacio literario en el que los músicos de 'jazz' (Charlie Parker, Benny Carter, Bessie Smith, Duke Ellington, Thelonius Monk…) comparten escenario con los clásicos y los modernos (Liszt, Beethoven, Schönberg, Alban Berg, Satie…).

En el que los teólogos y los filósofos (San Agustín, Tomás de Aquino, Compte, Montesquieu, Julián Marías…) se cruzan con los poetas y los escritores (Rimbaud, Galdós, Sartre, Celine, Octavio Paz…). Y donde no faltan a la cita los mitos del cine (Chaplin, Harold Lloyd, Buñuel, Eisenstein, Marilyn Monroe…) ni los genios de las artes plásticas (Picasso, Rembrandt, Toulouse-Lautrec, Klee, Van der Weyden…).

Huelga decir lo que la lectura de 'Rayuela' aporta a un lector de hoy, víctima en tantas maneras de ese presentismo que ha ido arrinconando y haciendo desaparecer, uno tras otro, a una buena parte de aquellos grandes iconos que en los años sesenta compendiaban eso que conocíamos como cultura occidental. Seguramente algo que le pondrá en contra de aquel que busca una lectura fácil, sencilla, lineal y exenta de dificultades.

Hay esa lógica interactiva de 'Rayuela', que busca la complicidad de un lector en ningún caso pasivo

A su favor, sin embargo, cuenta con algunos elementos verdaderamente anticipatorios, como el gusto por la lectura fragmentaria, a partir de hipervínculos o navegaciones no lineales, más cerca del modelo de lectura digital. También con esa lógica interactiva de 'Rayuela', que busca la complicidad de un lector en ningún caso pasivo, sino más bien participante de una construcción de la novela particular en cada cual.

Por no decir que es un reflejo, a modo de espejo roto, de esta realidad existencial, marcada por la incertidumbre, la interculturalidad y la globalización, que sufrimos (o gozamos) sesenta años después. Quizás el mejor antecedente literario, o contraliterario que diría Cortázar, de esta sociedad líquida (mucho antes de Bauman), que hoy vemos cómo se nos disuelve cada día entre los dedos.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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