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Cozymaxxing: hay gente explotando visual y económicamente "lo cuqui" como herramienta contra el estrés

Cozymaxxing: hay gente explotando visual y económicamente "lo cuqui" como herramienta contra el estrés
Artículo Completo 1,499 palabras
En pleno 2026, la ironía de nuestra era hiperconectada ha alcanzado su punto álgido. Estamos presenciando el auge de los "maximalistas del silencio", una tribu digital que ha decidido mantener las notificaciones de sus teléfonos apagadas las 24 horas del día. Lo que hace una década se consideraba una grave ruptura del contrato social, hoy se aplaude como el acto definitivo de autocuidado. Vivimos tan saturados que ignorar al prójimo se ha convertido en una estrategia de supervivencia. De esta necesidad de apagar el ruido digital, hemos pasado a blindar nuestras casas físicas. Como explica la mismísima Hailey Bieber en un artículo para la revista Vogue, ante unos vecinos ruidosos o un entorno estresante, la búsqueda de silencio y paz se ha vuelto primordial. Pero el mercado, siempre atento a nuestras carencias, ha sabido leer este agotamiento colectivo.  Buscamos tranquilidad, sí, pero nos hemos topado con una nueva tendencia viral que convierte esa búsqueda en una estética altamente consumible. Se llama cozymaxxing, y es la nueva forma de explotar visual y económicamente nuestra necesidad de abrazar "lo cuqui" para no volvernos locos. Para entender el fenómeno, primero hay que definirlo. Según explican en diferentes portales de estilo de vida, el cozymaxxing es la creación intencional de un entorno multisensorial que cultiva la tranquilidad, la paz y el confort extremo. Se trata de llevar la comodidad al límite (de ahí el sufijo -maxxing) para calmar los sentidos.  A nivel de diseño de interiores, esto supone un cambio de paradigma radical. Esta tendencia viene a decir un rotundo "adiós al minimalismo". Las casas de catálogo, impolutas, perfectamente ordenadas y, a menudo, frías, ya no sirven. Ahora se buscan texturas superpuestas, iluminación cálida, formas curvas y rincones de lectura. De hecho, una de las grandes normas no escritas de esta tendencia en redes sociales es la dictadura contra la luz del techo (conocida en TikTok como la odiada big light). Solo se aceptan lámparas tenues y luz ambiental. Pero, ¿no recuerda un poco al hygge danés? No exactamente. El cozymaxxing es, básicamente, "el hygge con esteroides". Mientras que el concepto nórdico busca simplificar y compartir momentos en un ambiente despejado, esta nueva moda nacida en TikTok tiene una vertiente descaradamente maximalista: se trata de acumular, de poner capas de mantas, coleccionar cojines mullidos y encender múltiples velas aromáticas. En Xataka La nueva tendencia de moda entre la Gen Z viene de Corea del Sur y se llama "Acubi": un minimalismo subversivo La biología del confort: un antídoto contra el burnout Si el cozymaxxing está arrasando no es solo por una cuestión de cojines bonitos; es una respuesta directa a una crisis de salud mental generalizada. De acuerdo con el portal de salud Healthline, la principal razón de su éxito es el burnout (el síndrome del trabajador quemado) y el rechazo frontal a la hustle culture o cultura del esfuerzo constante. La gente está exhausta y busca desesperadamente "bolsillos de paz". La ciencia respalda esta necesidad. Tal y como apuntan expertos en salud mental consultados por The Skimm, rodearnos de un entorno cómodo y predecible a través de los cinco sentidos activa el sistema nervioso parasimpático (el encargado de las funciones de "descanso y digestión"). Esto reduce directamente los niveles de cortisol —la hormona del estrés—, fomenta la regulación emocional y mejora drásticamente la calidad del sueño. Además, hay un componente sociológico profundo: la ilusión de control. En un mundo marcado por la inestabilidad económica, la ansiedad climática y el ruido constante, como bien analiza la psicóloga Ritika Suk Birah en Healthline, no podemos controlar el mundo exterior, pero sí podemos controlar la luz, la temperatura y el aroma de nuestro salón. Es un mecanismo de defensa biológico y psicológico. Llegados a este punto, debemos preguntarnos si realmente estamos aprendiendo a cuidarnos o si simplemente le hemos puesto un filtro bonito a nuestro estrés. La propia Hailey Bieber reconoce en Vogue que muchas de estas palabras de moda "suelen terminar siendo una plataforma de lanzamiento para que las marcas te vendan más productos que no necesitas".  Esta romantización del confort conecta directamente con otro fenómeno: la estetización absoluta de la vida doméstica. Igual que hemos visto cómo la Generación Z romantiza la decadencia y las humedades con la polémica tendencia trash wall porque "queda auténtico" (como ya documentamos en Xataka), el cozymaxxing estetiza la necesidad de descanso. Al analizar esas paredes desconchadas, descubríamos que hay un "lujo en fingir" una estética concreta. El problema surge cuando el autocuidado real se sustituye por comprar compulsivamente los artículos que salen en los vídeos virales para que nuestra casa se vea "perfectamente imperfecta". Tener un "rincón de lectura inmaculado" o una casa amplia y aislada del ruido es un lujo en un momento donde gran parte de una generación comparte pisos diminutos o sufre la precariedad habitacional. Hay un innegable privilegio de clase detrás de esta estética. Al igual que los "gurús de la productividad" habían mercantilizado el silencio con el #monkmode (modo monje), ahora los influencers de lifestyle han convertido el simple acto de tumbarse en el sofá en un modelo de negocio. Descansar ya no es un acto íntimo y pasivo, sino una actuación performativa que exige un escaparate perfecto y, sobre todo, un desembolso económico. Para que el cozymaxxing sea válido en la era de TikTok, no basta con ponerse un pijama viejo; el algoritmo exige conjuntos de loungewear de lino, difusores de aceites esenciales de diseño, tazas de cerámica artesanal y mantas que cuestan lo mismo que la factura de la luz. Hemos transformado el alivio del estrés en un bien de consumo donde, irónicamente, si tu descanso no es instagrameable, parece que no cuenta. Más allá del consumismo, sumergirse ciegamente en esta tendencia conlleva riesgos psicológicos. Los expertos consultados por Healthline y The Skimm lanzan una advertencia crucial: si no se hace con intención, el cozymaxxing puede derivar en conductas de evitación y aislamiento. Quedarse eternamente bajo una manta pesada con ruido blanco de fondo puede dejar de ser una forma de recargar pilas para convertirse en una manera de huir de las responsabilidades o, peor aún, de enmascarar un cuadro de depresión. Esto enlaza con el coste social del que hablábamos al principio. Aislarse en un búnker de mantas, con el móvil en modo "No Molestar" permanentemente, frustra a nuestros seres queridos y nos desconecta de la realidad. Por ello, el aislamiento extremo no es saludable y recomiendan que esta búsqueda de cobijo también se practique de forma comunitaria. Fomentar las relaciones sociales es un mejor predictor de una vida larga y feliz que cualquier manta gustosa; invitar a alguien a compartir ese espacio seguro es vital. En Xataka Hemos estado usando a nuestras mascotas para aliviar nuestra ansiedad. Y ahora el estrés se lo están quedando ellas El cozymaxxing no es solo una moda decorativa para 2026; es el síntoma inequívoco de una sociedad profundamente agotada que está construyendo fortalezas acolchadas porque el mundo exterior resulta abrumador. Sin embargo, como recuerda la experta en salud mental Amber Kinney, el verdadero autocuidado no consiste en sentir envidia o presión por comprar todo lo que vemos en internet para que nuestro rincón de lectura sea perfecto. Al final, nos topamos con la misma ironía tecnológica y de consumo de nuestro tiempo. Igual que dependemos de aplicaciones de mindfulness en el móvil para curar la ansiedad que nos genera ese mismo teléfono, ahora corremos el riesgo de comprar compulsivamente lámparas de luz tenue y velas de diseño para curar el estrés que nos produce trabajar sin descanso para poder pagar esas mismas lámparas y velas. Quizás sea el momento de entender que la verdadera paz mental no se vende en las tiendas de decoración. Imagen | Freepik Xataka | El auge de los "maximalistas del silencio": apagar las notificaciones 24/7 ya no es de maleducados, es el nuevo autocuidado tecnológico - La noticia Cozymaxxing: hay gente explotando visual y económicamente "lo cuqui" como herramienta contra el estrés fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Cozymaxxing: hay gente explotando visual y económicamente "lo cuqui" como herramienta contra el estrés
  • El hygge ha vuelto con esteroides. Lo que empezó como un mecanismo biológico para relajar el sistema nervioso frente al burnout es hoy un lucrativo escaparate de mantas caras que mercantiliza el descanso

  • a gran paradoja de 2026: necesitamos escapar desesperadamente de la rueda del consumismo, pero lo hacemos comprando decoración carísima para que nuestro agotamiento sea estético y viral

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Alba Otero

Editora - Energía

Alba Otero

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En pleno 2026, la ironía de nuestra era hiperconectada ha alcanzado su punto álgido. Estamos presenciando el auge de los "maximalistas del silencio", una tribu digital que ha decidido mantener las notificaciones de sus teléfonos apagadas las 24 horas del día. Lo que hace una década se consideraba una grave ruptura del contrato social, hoy se aplaude como el acto definitivo de autocuidado. Vivimos tan saturados que ignorar al prójimo se ha convertido en una estrategia de supervivencia.

De esta necesidad de apagar el ruido digital, hemos pasado a blindar nuestras casas físicas. Como explica la mismísima Hailey Bieber en un artículo para la revista Vogue, ante unos vecinos ruidosos o un entorno estresante, la búsqueda de silencio y paz se ha vuelto primordial. Pero el mercado, siempre atento a nuestras carencias, ha sabido leer este agotamiento colectivo. 

Buscamos tranquilidad, sí, pero nos hemos topado con una nueva tendencia viral que convierte esa búsqueda en una estética altamente consumible. Se llama cozymaxxing, y es la nueva forma de explotar visual y económicamente nuestra necesidad de abrazar "lo cuqui" para no volvernos locos.

Para entender el fenómeno, primero hay que definirlo. Según explican en diferentes portales de estilo de vida, el cozymaxxing es la creación intencional de un entorno multisensorial que cultiva la tranquilidad, la paz y el confort extremo. Se trata de llevar la comodidad al límite (de ahí el sufijo -maxxing) para calmar los sentidos. 

A nivel de diseño de interiores, esto supone un cambio de paradigma radical. Esta tendencia viene a decir un rotundo "adiós al minimalismo". Las casas de catálogo, impolutas, perfectamente ordenadas y, a menudo, frías, ya no sirven. Ahora se buscan texturas superpuestas, iluminación cálida, formas curvas y rincones de lectura. De hecho, una de las grandes normas no escritas de esta tendencia en redes sociales es la dictadura contra la luz del techo (conocida en TikTok como la odiada big light). Solo se aceptan lámparas tenues y luz ambiental.

Pero, ¿no recuerda un poco al hygge danés? No exactamente. El cozymaxxing es, básicamente, "el hygge con esteroides". Mientras que el concepto nórdico busca simplificar y compartir momentos en un ambiente despejado, esta nueva moda nacida en TikTok tiene una vertiente descaradamente maximalista: se trata de acumular, de poner capas de mantas, coleccionar cojines mullidos y encender múltiples velas aromáticas.

En XatakaLa nueva tendencia de moda entre la Gen Z viene de Corea del Sur y se llama "Acubi": un minimalismo subversivo

La biología del confort: un antídoto contra el burnout

Si el cozymaxxing está arrasando no es solo por una cuestión de cojines bonitos; es una respuesta directa a una crisis de salud mental generalizada. De acuerdo con el portal de salud Healthline, la principal razón de su éxito es el burnout (el síndrome del trabajador quemado) y el rechazo frontal a la hustle culture o cultura del esfuerzo constante. La gente está exhausta y busca desesperadamente "bolsillos de paz".

La ciencia respalda esta necesidad. Tal y como apuntan expertos en salud mental consultados por The Skimm, rodearnos de un entorno cómodo y predecible a través de los cinco sentidos activa el sistema nervioso parasimpático (el encargado de las funciones de "descanso y digestión"). Esto reduce directamente los niveles de cortisol —la hormona del estrés—, fomenta la regulación emocional y mejora drásticamente la calidad del sueño.

Además, hay un componente sociológico profundo: la ilusión de control. En un mundo marcado por la inestabilidad económica, la ansiedad climática y el ruido constante, como bien analiza la psicóloga Ritika Suk Birah en Healthline, no podemos controlar el mundo exterior, pero sí podemos controlar la luz, la temperatura y el aroma de nuestro salón. Es un mecanismo de defensa biológico y psicológico.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos si realmente estamos aprendiendo a cuidarnos o si simplemente le hemos puesto un filtro bonito a nuestro estrés. La propia Hailey Bieber reconoce en Vogue que muchas de estas palabras de moda "suelen terminar siendo una plataforma de lanzamiento para que las marcas te vendan más productos que no necesitas". 

Esta romantización del confort conecta directamente con otro fenómeno: la estetización absoluta de la vida doméstica. Igual que hemos visto cómo la Generación Z romantiza la decadencia y las humedades con la polémica tendencia trash wall porque "queda auténtico" (como ya documentamos en Xataka), el cozymaxxing estetiza la necesidad de descanso. Al analizar esas paredes desconchadas, descubríamos que hay un "lujo en fingir" una estética concreta. El problema surge cuando el autocuidado real se sustituye por comprar compulsivamente los artículos que salen en los vídeos virales para que nuestra casa se vea "perfectamente imperfecta". Tener un "rincón de lectura inmaculado" o una casa amplia y aislada del ruido es un lujo en un momento donde gran parte de una generación comparte pisos diminutos o sufre la precariedad habitacional. Hay un innegable privilegio de clase detrás de esta estética.

Al igual que los "gurús de la productividad" habían mercantilizado el silencio con el #monkmode (modo monje), ahora los influencers de lifestyle han convertido el simple acto de tumbarse en el sofá en un modelo de negocio.

Descansar ya no es un acto íntimo y pasivo, sino una actuación performativa que exige un escaparate perfecto y, sobre todo, un desembolso económico. Para que el cozymaxxing sea válido en la era de TikTok, no basta con ponerse un pijama viejo; el algoritmo exige conjuntos de loungewear de lino, difusores de aceites esenciales de diseño, tazas de cerámica artesanal y mantas que cuestan lo mismo que la factura de la luz. Hemos transformado el alivio del estrés en un bien de consumo donde, irónicamente, si tu descanso no es instagrameable, parece que no cuenta.

Más allá del consumismo, sumergirse ciegamente en esta tendencia conlleva riesgos psicológicos. Los expertos consultados por Healthline y The Skimm lanzan una advertencia crucial: si no se hace con intención, el cozymaxxing puede derivar en conductas de evitación y aislamiento. Quedarse eternamente bajo una manta pesada con ruido blanco de fondo puede dejar de ser una forma de recargar pilas para convertirse en una manera de huir de las responsabilidades o, peor aún, de enmascarar un cuadro de depresión.

Esto enlaza con el coste social del que hablábamos al principio. Aislarse en un búnker de mantas, con el móvil en modo "No Molestar" permanentemente, frustra a nuestros seres queridos y nos desconecta de la realidad. Por ello, el aislamiento extremo no es saludable y recomiendan que esta búsqueda de cobijo también se practique de forma comunitaria. Fomentar las relaciones sociales es un mejor predictor de una vida larga y feliz que cualquier manta gustosa; invitar a alguien a compartir ese espacio seguro es vital.

En XatakaHemos estado usando a nuestras mascotas para aliviar nuestra ansiedad. Y ahora el estrés se lo están quedando ellas

El cozymaxxing no es solo una moda decorativa para 2026; es el síntoma inequívoco de una sociedad profundamente agotada que está construyendo fortalezas acolchadas porque el mundo exterior resulta abrumador. Sin embargo, como recuerda la experta en salud mental Amber Kinney, el verdadero autocuidado no consiste en sentir envidia o presión por comprar todo lo que vemos en internet para que nuestro rincón de lectura sea perfecto.

Al final, nos topamos con la misma ironía tecnológica y de consumo de nuestro tiempo. Igual que dependemos de aplicaciones de mindfulness en el móvil para curar la ansiedad que nos genera ese mismo teléfono, ahora corremos el riesgo de comprar compulsivamente lámparas de luz tenue y velas de diseño para curar el estrés que nos produce trabajar sin descanso para poder pagar esas mismas lámparas y velas. Quizás sea el momento de entender que la verdadera paz mental no se vende en las tiendas de decoración.

Imagen | Freepik

Xataka | El auge de los "maximalistas del silencio": apagar las notificaciones 24/7 ya no es de maleducados, es el nuevo autocuidado tecnológico

Fuente original: Leer en Xataka
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