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Creía que los coches chinos iban a ser el nuevo Android. En realidad son el nuevo iPhone

Creía que los coches chinos iban a ser el nuevo Android. En realidad son el nuevo iPhone
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Durante unos años, la pesadilla de los fabricantes europeos ha tenido un nombre concreto: el escenario Android. Que llegara Google, o Apple, o Amazon, a convertir el coche en hardware intercambiable. Que el valor migrara al software de terceros y ellos quedaran reducidos a fabricantes venidos arriba, como los fabricantes de PCs en los noventa. Ese miedo los ha tenido en guardia, mirando hacia Silicon Valley, invirtiendo mucho dinero en sus propios sistemas de conectividad e infoentretenimiento, intentando no quedarse fuera. Han estado vigilando la puerta equivocada. El movimiento que está ocurriendo no es el equivalente al de Android. Es exactamente lo opuesto, al menos donde más duele: BYD fabrica sus propias baterías, su propio sistema operativo, y opera su propia red de carga. Xiaomi hace prácticamente lo mismo con HyperOS. La lógica no es crear una plataforma donde otros moneticen sino controlar cada centímetro de la experiencia, sin intermediarios. Eso tiene un nombre que todos reconocemos, y no es el de Google. Es el de Apple. Lo paradójico es que el escenario Android que tanto temían los europeos sí está ocurriendo, pero no lo protagonizan las grandes tecnológicas estadounidenses, lo están construyendo ellos mismos: • Stellantis clonando plataformas. • Renault fabricando coches de Nissan y Ford. • Volkswagen haciendo lo mismo con Ford.Los generalistas europeos se han convertido en lo que más temían, sin que nadie externo haya tenido que imponérselo. En Xataka Los coches chinos son "indistinguibles en calidad" de los europeos. No lo decimos nosotros, lo dice la propia industria Lo que hace que el movimiento chino sea tan diferente es lo que se nota dentro del coche. Denza, YangWang, Luxeed, Exeed o Xpeng son marcas que hace tres años casi nadie en Europa conocía siquiera, pero que hoy están fabricando coches con unos interiores de una atención al detalle que recuerda mucho a lo que ocurrió con el iPhone en 2007. No era que el iPhone hiciera más cosas que la competencia (en ese momento, de hecho, hacía bastantes menos que un Nokia). Era que cada interacción estaba pensada, cada transición animada, cada pequeño gesto tenía coherencia. Los rivales tenían características chulas, pero Apple tenía una experiencia que nadie igualaba. Hoy, sentarse en un coche chino de gama media o alta y sentarse en un alemán del mismo precio no va tanto de comparar especificaciones como de comparar filosofías. Y los alemanes, que lo están viendo, están reaccionando: el nuevo iX3, el CLA, o el recién anunciado i3 son apuestas serias por recuperar esa coherencia de experiencia. Pero reaccionar no es lo mismo que llevar la iniciativa. El problema que arrastra la industria europea no es que no sepa hacer coches, faltaría más. Es que durante muchos años el margen lo ha estado capturando quien dominaba la ingeniería mecánica, y ellos aprendieron a optimizar exactamente eso. Lo que no aprendieron es que en el siglo XXI el margen lo captura quien controla la experiencia completa: el software, los datos, los servicios, el ecosistema. Cuando quisieron aprenderlo miraron a Silicon Valley porque ahí estaba el modelo que conocían. Hasta hace cuatro días nadie miraba hacia Shenzhen, donde alguien llevaba años construyendo algo más parecido a Apple que a Google: vertical, cerrado, cohesionado, con una velocidad de iteración que los occidentales sencillamente no tienen y ya lo admiten.  Nokia también tenía muy buenos ingenieros. En Xataka | A 110 km/h y conducir a días alternos: Europa ya tiene sus recomendaciones para la última crisis del petróleo Imagen destacada | BYD - La noticia Creía que los coches chinos iban a ser el nuevo Android. En realidad son el nuevo iPhone fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .
Creía que los coches chinos iban a ser el nuevo Android. En realidad son el nuevo iPhone

El verdadero rival no viene de Silicon Valley como temían los fabricantes occidentales, sino de Shenzhen, Wuhu o Zhengzhou. Y se ha leído el manual de Apple

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Javier Lacort

Editor Senior - Tech

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Durante unos años, la pesadilla de los fabricantes europeos ha tenido un nombre concreto: el escenario Android. Que llegara Google, o Apple, o Amazon, a convertir el coche en hardware intercambiable. Que el valor migrara al software de terceros y ellos quedaran reducidos a fabricantes venidos arriba, como los fabricantes de PCs en los noventa.

Ese miedo los ha tenido en guardia, mirando hacia Silicon Valley, invirtiendo mucho dinero en sus propios sistemas de conectividad e infoentretenimiento, intentando no quedarse fuera.

Han estado vigilando la puerta equivocada.

El movimiento que está ocurriendo no es el equivalente al de Android. Es exactamente lo opuesto, al menos donde más duele: BYD fabrica sus propias baterías, su propio sistema operativo, y opera su propia red de carga. Xiaomi hace prácticamente lo mismo con HyperOS. La lógica no es crear una plataforma donde otros moneticen sino controlar cada centímetro de la experiencia, sin intermediarios. Eso tiene un nombre que todos reconocemos, y no es el de Google. Es el de Apple.

Lo paradójico es que el escenario Android que tanto temían los europeos sí está ocurriendo, pero no lo protagonizan las grandes tecnológicas estadounidenses, lo están construyendo ellos mismos:

Los generalistas europeos se han convertido en lo que más temían, sin que nadie externo haya tenido que imponérselo.

En XatakaLos coches chinos son "indistinguibles en calidad" de los europeos. No lo decimos nosotros, lo dice la propia industria

Lo que hace que el movimiento chino sea tan diferente es lo que se nota dentro del coche. Denza, YangWang, Luxeed, Exeed o Xpeng son marcas que hace tres años casi nadie en Europa conocía siquiera, pero que hoy están fabricando coches con unos interiores de una atención al detalle que recuerda mucho a lo que ocurrió con el iPhone en 2007. No era que el iPhone hiciera más cosas que la competencia (en ese momento, de hecho, hacía bastantes menos que un Nokia). Era que cada interacción estaba pensada, cada transición animada, cada pequeño gesto tenía coherencia.

Los rivales tenían características chulas, pero Apple tenía una experiencia que nadie igualaba. Hoy, sentarse en un coche chino de gama media o alta y sentarse en un alemán del mismo precio no va tanto de comparar especificaciones como de comparar filosofías. Y los alemanes, que lo están viendo, están reaccionando: el nuevo iX3, el CLA, o el recién anunciado i3 son apuestas serias por recuperar esa coherencia de experiencia. Pero reaccionar no es lo mismo que llevar la iniciativa.

El problema que arrastra la industria europea no es que no sepa hacer coches, faltaría más. Es que durante muchos años el margen lo ha estado capturando quien dominaba la ingeniería mecánica, y ellos aprendieron a optimizar exactamente eso.

Lo que no aprendieron es que en el siglo XXI el margen lo captura quien controla la experiencia completa: el software, los datos, los servicios, el ecosistema. Cuando quisieron aprenderlo miraron a Silicon Valley porque ahí estaba el modelo que conocían.

Hasta hace cuatro días nadie miraba hacia Shenzhen, donde alguien llevaba años construyendo algo más parecido a Apple que a Google: vertical, cerrado, cohesionado, con una velocidad de iteración que los occidentales sencillamente no tienen y ya lo admiten

Nokia también tenía muy buenos ingenieros.

En Xataka | A 110 km/h y conducir a días alternos: Europa ya tiene sus recomendaciones para la última crisis del petróleo

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