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«Crear y compartir es mi bendito deber»

«Crear y compartir es mi bendito deber»
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Recién premiada con el Princesa de las Artes, repasa su vida a punto de cumplir los 80 llena de optimismo

Patti Smith | Artista

«Crear y compartir es mi bendito deber»

Recién premiada con el Princesa de las Artes, repasa su vida a punto de cumplir los 80 llena de optimismo

Regala esta noticia Añádenos en Google Patti Smith. (Dan Himbrechts / Efe)

Marifé Antuña

Gijón

21/06/2026 a las 00:02h.

Ha estado de gira, con mucho lío y con algunos problemas médicos. Una bronquitis crónica que padece desde niña la tiene de pruebas y consultas ... en Nueva York. Ella minimiza la cosa y relata que con 80 años en ciernes cualquier achaque se multiplica y que todo le afecta para provocarle una tos que le resulta muy molesta para salir al escenario. Afable al extremo, con una voz profunda y clara, atiende el mismo día que tiene cita en el Madison Square Garden para ver a Rosalía –«Me ha invitado, estoy entusiasmada», revela pocas horas antes de que la catalana le dedicara 'La rumba del perdón'– para hablar de un premio que la traerá en octubre cuatro días a España, el país en que actuó por vez primera cincuenta años atrás, un lugar cuya cultura alentó su amor al arte de la mano de Picasso o Lorca. Patti Smith (Chicago, 1946), la Princesa de las Artes que es poeta, cantante, fotógrafa y artista íntegra e integral, se cuenta en su afán de seguir luchando, alentando el disfrute y la inspiración de otros, siendo optimista en tiempos confusos. Es su obligación. Como compartir y crear. Un deber. Una misión en la vida.

–La verdad es que no puedo evaluar qué impacto tiene mi trabajo en los demás. Mi esperanza siempre ha sido que llegara al corazón de los marginados para mostrarles así que no están solos. Mi deseo es que mi obra inspire a la gente a crear por sí misma, les ayude a encontrar su propia voz y a utilizarla para realzar lo bueno de la humanidad. Siempre he estado un poco al margen de la sociedad y que se me reconozca con un premio tan prestigioso y respetado me da una sensación de validación. Sea cual sea mi contribución, seguiré aportando mi granito de arena.

–Está a punto de cumplir ochenta años. ¿Cómo lo afronta?

–He pensado en ello últimamente. He decidido que voy a delegar en otros algunas obligaciones y que voy a pasar todo el tiempo de la próxima década de mi vida haciendo lo que espero que sean mis mejores trabajos. Tengo libros por escribir y quiero implicarme en asuntos políticos, como la defensa de los niños. Todo lo que pueda hacer, lo haré. Es una nueva etapa en que tengo que aceptar que no estoy físicamente en mi mejor momento, pero he decidido que voy a conocerme a mí misma y hacer lo que me apetezca. En cuanto a imaginación y deseo de trabajar estoy más fuerte que nunca. Y no estoy pensando en lo que hice, no miro atrás, pienso en que quiero seguir trabajando, en el futuro. Estoy llena de energía y además me siento muy querida.

El origen

«Nunca fui una niña prodigio ni una estudiante brillante, pero tenía el don de una imaginación desbordante»

–Cuando llegan los ochenta, ¿se aprende a vivir con las ausencias o eso jamás ocurre? Pienso en su marido, en Robert Mapplethorpe, en su hermano.

–Es una negociación. A veces eres fuerte y otras no. Pero sí aprendes a vivir con las ausencias, e incluso aprendes a reír con ellas y a divertirte. Hace poco, el 15 de junio, fue el cumpleaños de mi hermano, que murió con 42 años, un mes después de mi marido y era uno de mis grandes soportes en la vida. A veces le echo tanto de menos que me paraliza, pero ese día reí, sentí su amor. Debemos permitirnos a nosotros mismos tener todos esos sentimientos. Mi cuerpo, mi alma sienten la pena y hay que abrazarla, pero también siento la alegría. Es muy duro con mi marido, que es el amor de mi vida... Pero los llevo conmigo siempre, son mis ángeles de la guarda.

–¿Por qué es tan importante el arte? ¿Por qué es tan relevante la cultura para usted?

–La decisión de dedicarme al arte me llegó como una vocación. Creo que crear y compartir es mi bendito deber. La obra de nuestros artistas, músicos, poetas y cineastas me inspira, me da un sentido de comunidad y personal, y es un regalo para todos los seres humanos.

–Música, poesía, fotografía, prosa. ¿Cómo se entremezclan y relacionan todas esas disciplinas en su cabeza?

–Empecé como una joven aspirante a poeta. Pero el destino me ha llevado por muchos caminos: la composición de canciones, la interpretación, las artes visuales y la prosa. Aunque me considero escritora, dedico mi energía a todos estos campos. Y sí, tiene razón, todos ellos se cruzan, se entrelazan y se influyen mutuamente.

–¿Cómo cambia su forma de trabajar a la hora de abordar un poema, una canción o un texto en prosa?

–Todo depende del tipo de inspiración y de cuál sea mi intención. Un poema es lo más difícil y requiere largos periodos de soledad. En esta etapa de mi vida escribo poemas sobre todo cuando estoy sola y nadie los ve. Por el contrario, escribo letras para que se canten e interpreten; una canción se compone directamente para la gente. A menudo se escriben en colaboración, por lo que es una experiencia más extrovertida. Cuando quiero denunciar una injusticia, suelo hacerlo a través de una canción, como 'Peaceable Kingdom', escrita para el pueblo palestino en 2003. O 'Radio Bagdad', en contra de la invasión de Irak. La prosa es mi medio favorito. Puedo escribir en cualquier sitio, pero prefiero estar de viaje, en una cafetería, junto al mar o en un tren. He escrito gran parte de una futura novela en la campiña española y un pequeño libro de poemas en prosa en una cafetería francesa. Así que, en realidad, tengo tres procesos diferentes.

La creación

«Un poema es lo más difícil y requiere largos períodos de soledad, las letras de las canciones se componen directamente para la gente»

–¿De dónde le viene la inspiración? ¿Cómo le nacen las ideas creativas para la poesía, la prosa o las canciones?

–Nunca fui una niña prodigio ni una estudiante brillante, pero tenía el don de una imaginación desbordante. Me parecía un poco a Ofelia, la joven de 'El laberinto del fauno'. La inspiración revolotea sobre nosotros y yace a nuestros pies. Hace algunos años, empecé mi novela inédita inspirada en una sencilla mariposa blanca que revoloteaba a mi alrededor mientras paseaba con una querida amiga por la hermosa campiña de Moli. Un retrato de María Magdalena de Delacroix me inspiró varios poemas en prosa. Imaginándome a Picasso pintando el Guernica, escribí un poema largo. En este momento, me inspiran las obras de otros: Rosalía, la naturaleza y la risa de los niños.

–¿Qué belleza hay en el trabajo solitario de la creación y en subirse a un escenario?

–Escribir, reescribir y editar en soledad forma parte de mi vida. No siempre es bonito; a veces resulta tedioso, frustrante o doloroso. Pero la sensación de logro es una gran recompensa que premia todos los esfuerzos. La alegría de subir al escenario es sencilla y directa: el público me espera y me acoge con tanto cariño y apoyo que me llena de felicidad y gratitud recibir esa energía. Mi tarea es transmitir todo lo que pueda para ganarme ese cariño y devolvérselo. Una de las alegrías de actuar en España es que tengo el privilegio de contar con el apoyo de miles de jóvenes, lo cual es un regalo.

–Supongo que es consciente de su gran presencia escénica. ¿Cómo se logra esa conexión con el público?

–No cuento con efectos especiales, iluminación, escenografía ni vestuario. Solo tengo nuestra música y a mí misma para ofrecerlo todo. Intento establecer un contacto inmediato y transmitir a la gente que estoy con ellos, igual que ellos están conmigo. La comunicación es la clave; no trato de ser perfecta, pero sí busco mantenerme en el presente y transmitir un sentido de comunidad, aunque haya miles de personas.

–Una fan suya amiga mía dice que sale de sus conciertos con un subidón brutal de energía. No se me ocurre mejor elogio. ¿Qué se lleva usted del público?

–España es uno de mis países top en términos de energía, que no es otra cosa que amor. Cuando yo salgo al escenario lo que tengo es amor y el deseo de gustar al público. Si derrocho tanta energía es porque soy una persona muy positiva. Toqué en Madrid hace no mucho y recuerdo que no estaba muy bien y le pedí al público que me ayudara y lo hizo. Fue real. El escenario es real. Si das, recibes. Cuando el público sale del concierto, cuando su amiga sale llena de energía, lo está de la energía de todo el público. Es el mejor cumplido que pueden hacerme, sí, ya que es exactamente lo que busco, que cuando el público salga de mis conciertos sienta que puede hacer cosas, que todo es posible, que están vivos.

Solidaridad

«Ser buena persona es la mejor forma de activismo, es tan simple como ser amable y ayudar al vecino»

–Cuando agradeció el Premio Princesa habló de su amor por la cultura española. ¿Cómo nace esa fascinación?

–Cuando tenía doce años descubrí a Picasso. Fue entonces cuando decidí ser artista. Al estudiar a Picasso, estudié España. De adolescente me encantaba Lorca, quien me inspiró a escribir poesía. Leí 'Cuentos de la Alhambra' y 'El diario de un ladrón', de Jean Genet, un viaje vagabundo por España que me impulsó a explorar el país por mí misma. De gira con mi banda he visto gran parte del país: el mar, las montañas, las maravillosas iglesias, los magníficos museos, la arquitectura, la gastronomía, el activismo... En las últimas semanas me han animado las palabras de vuestro humanista presidente del Gobierno y la visita del papa León XIV a España. Me emocionó ver terminada la Sagrada Familia, que visité por primera vez en los años setenta, con un casco de obra, examinando el avance de su construcción.

España

«El pueblo español siempre me acogió con los brazos abiertos y me valoró como artista, poeta y cantante de rock y ese aprecio no hay hecho más que crecer»

–Es curioso que muchos artistas norteamericanos se sientan tan cómodos en España. Me vienen a la mente Bruce Springsteen y Leonard Cohen. ¿A qué achaca esa conexión tan especial?

–Tengo una larga historia con España, tanto a nivel cultural como personal. Di mi primer concierto el 20 de octubre de 1976, hace casi medio siglo. El pueblo español me acogió con los brazos abiertos y me valoró como artista, poeta y cantante de rock, y ese aprecio no ha hecho más que crecer a lo largo de las décadas. Ser aceptada y apoyada como artista ha sido a la vez alentador y una lección de humildad.

–Tanto Leonard Cohen como su querido Bob Dylan han sido galardonados con el Premio Princesa de Asturias, al igual que Meryl Streep o Martin Scorsese. Menudos antecesores tiene.

–Es un honor para mí figurar entre ellos, pero el mayor honor es que me reconozca España, un país al que admiro tanto y que está a la vanguardia en la defensa de los derechos humanos.

–Usted canta: «El pueblo tiene el poder», pero el poder del pueblo a veces da lugar a presidentes como Donald Trump. ¿Cómo lidia con este momento que vive su país?

–Como estadounidense, y más aún como ser humano, me siento profundamente avergonzada y asqueada por las acciones imprudentes, codiciosas e inhumanas de la actual administración. No puedo expresar plenamente toda la gama de sentimientos que me provoca: me muevo entre la rabia y la tristeza. Pero debemos seguir trabajando, uniéndonos y buscando formas de destronarle a él y a su séquito incompetente. Estados Unidos es un país enorme, muy dividido y nos gobiernan personas que carecen de empatía humana y de cualquier comprensión de la crisis climática y del impacto que la guerra y la codicia tienen sobre el patrimonio histórico, las infraestructuras y, por encima de todo, sobre los niños inocentes.

El mundo hoy

«Vivimos en un mundo convulso y mi propio país está en el origen de todo ello. Tengo que creer que somos capaces de unirnos y lograr un cambio»

–Los músicos también tienen poder. Bruce Springsteen contra el ICE, Bad Bunny defendiendo lo latino en la Super Bowl. ¿Cuál la relación que han de tener arte y política?

–Pasé todo el fin de semana pasado con artistas como Jane Fonda, Robert de Niro, Bruce Springsteen, Bono en una serie de actos benéficos. Todos son figuras públicas muy potentes que están trabajando continuamente. Es importante para los artistas usar sus voces, sus plataformas, sus nombres, pero siempre he dicho que no somos nosotros los que tenemos que propiciar el cambio, eso está en manos de la gente. El papel de los artistas es inspirar a las personas para que usen su voz, que no tengan miedo a mostrar su coraje y luchar. Nosotros podemos ayudarles a articular pero ellos deciden, ellos propician el cambio. Me dice «la gente tiene el poder» y qué pasa cuando toman decisiones equivocadas, cómo lidias con eso, pues es una pregunta muy difícil y especialmente en un país como Estados Unidos, dividido, bipartidista, corrupto. Pero todos somos responsables. Todos deberíamos mirar en nuestro interior y tratar de decidir qué es bueno y qué no lo es. Yo adoro a su presidente porque se preocupa del lado humano. El conflicto de Palestina va de personas, de seres humanos, de tierra, de agua, del derecho a tener una vida feliz. Por eso debemos mirar en nuestro interior y plantearnos por qué creemos que una persona merece más que otra, por qué un niño merece lo que otro no. Ser una buena persona es la mejor forma de activismo, la mejor. Es simple: son actos de pura amabilidad, de ayudar al vecino, de hermandad.

–El mundo en general no es precisamente pacífico y reina la incertidumbre. ¿Hay alguna solución? ¿Es optimista respecto al futuro?

–Como artista y madre, debo ser optimista. Vivimos en un mundo convulso, y mi propio país está en el origen de todo ello. Debo creer que aún somos capaces de unirnos y de lograr un cambio sólido y significativo. Sinceramente, no aceptaría el premio si no estuviera dispuesta a ser activamente optimista, a seguir trabajando y a ganarme este reconocimiento.

–Volvamos al arte. ¿En qué líos anda metida?

–Voy a trabajar en dos grandes exposiciones multimedia con Soundwalk Collective: una en Arlés y otra, más adelante, en noviembre, para la Trienal de Milán. Ahora me siento muy orgullosa de estar escribiendo una nueva introducción a 'Las olas', de Virginia Woolf. También estoy terminando otro libro, que es de ficción, pero basado en la crisis del cambio climático. Siempre estoy trabajando. Es lo que me hace feliz.

Frutos

«Empecé como joven aspirante a poeta, pero el destino me ha llevado por muchos caminos que se entrelazan y confluyen en mi obra»

–Habla de Virginia Woolf, ha sido una mujer en un mundo de hombres. ¿Cómo ha visto evolucionar esa situación y cuáles son los retos de las mujeres hoy en su opinión?

–En mi época las mujeres se suponía que podían ser secretarias, casarse y tener una familia, no había más opciones. Ser artista no era un trabajo y te colocaba muchas etiquetas y generaba un sinfín de críticas. Había gente que se reía de mí, pero a mí me daba igual, porque sabía que estaba bendecida por un regalo divino y sentía mi propio poder. Soy afortunada, pero crecí en una época en la que las mujeres debían pelear por todo, por el derecho de tomar decisiones respecto a su propio cuerpo, por el mismo sueldo ante idéntico trabajo. Y en el negocio de la música, lo mismo, las mujeres suponíamos un porcentaje muy pequeño. Ahora la cosa ha cambiado. Pienso en Rosalía, Dua Lipa, mujeres fuertes, empoderadas, inteligentes... Es algo que yo no vi cuando era pequeña, no porque esas mujeres no existieran sino porque no tenían vías para hacerse visibles. Todas esas artistas han elevado la idea de las estrellas populares. Pero también tengo que decir que ahora mismo en EE UU bajo la administración de Trump estamos viajando atrás en el tiempo. No queda más remedio que seguir luchando.

Asturias

«Recuerdo Ribadesella y el concierto acústico en Gijón en un precioso teatro. Me encanta el mar y me hizo muy feliz pasear descalza a la orilla del Cantábrico»

–Ha estado en Asturias, en Ribadesella y en Gijón. ¿Qué recuerdos tiene de esta tierra?

–Los acantilados, el mar y la iglesia de María Magdalena en Ribadesella... Recuerdo el concierto en Gijón, un acústico único en un precioso teatro. Leí poemas de Lorca, entre ellos 'La canción del jinete'. También canté una canción que escribí para el gran escritor chileno Roberto Bolaño y el público la acogió con mucho entusiasmo. Me encanta el mar y me hizo muy feliz pasear descalza por la orilla del Cantábrico.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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